18 de marzo de 2009

Demagogia para cargarse el sistema público de salud de Madrid


¡Hospital ya!, originalmente cargada por Brocco Lee.

Se está hablando mucho en Madrid del plan de Esperanza Aguirre para unificar en una sola zona toda la asistencia sanitaria de la región. Según se dice mediante ese plan se pretende que los usuarios del sistema de salud, todos lo somos, podamos elegir libremente al médico de familia, a los especialistas clínicos e incluso el propio hospital en el que nos atiendan. Para ello se considera necesario unificar en una Área Única de Salud todos los actuales distritos sanitarios en los que está organizado actualmente el sistema.

Vayamos por partes con el fin de aclararnos las ideas y conocer que se esconde detrás de tan aparentemente sencillos y razonables postulados. Le he preguntado a Isabel, mi experta de referencia para estos asuntos, su impresión y esto es lo que me ha contado:

1.- La libre elección es algo deseable, pero no a costa de otras medidas muy necesarias como por ejemplo dar una "asistencia integrada" que es por lo que se lucha en estos últimos años en países que tienen una organización similar a lo que quiere ahora quitar Esperancita.

2.-Integrada quiere decir que haya continuidad entre el médico de familia y el especialista (importante el sistema de información), que los especialistas se coordinen entre ellos. El área de salud sirve para eso y para definir políticas de salud públicas especificas de cada territorio o ámbito. Que cuando no puedes ir al centro de salud venga a verte tu medico, como se hace ahora, con la medida que proponen serán dos sistemas distintos.

La libre elección de médico de familia ya existe en la zona básica desde hace muchos años. ¿sirve de mucho romper otros elementos esenciales para que se pueda elegir un medico que implica desplazamientos, que no irá a tu casa, que se situara en un sitio distinto de donde tú haces los tramites y que además, salvo contadas excepciones, no conocerás más?.

Para que haya libre elección de verdad (salvo los propios sanitarios, es raro que el resto de los ciudadanos sepan quién es mejor o peor, salvo de oídas) tiene que crearse un sistema de acreditación de centros y profesionales que informe de forma comparada sobre los resultados de calidad -y no solo de cantidad- de los mismos. Esto tiene bastantes dificultades técnicas, en algunos países se hace algo similar. En España aunque fuese fácil técnicamente su implantación requiere tiempo ya que debe demostrar independencia, dar confianza, y ser aceptado por los implicados. Esta acreditación nunca la puede hacer el servicio de salud responsable. Tiene que ser una agencia independiente.

3.- Las Áreas de Salud definidas en La Ley General de Sanidad (no derogada, y de ámbito nacional) tienen por objetivo principal la ordenación de los recursos de forma equitativa entre los diferentes territorios y a la vez teniendo en cuenta las especificidades de cada uno (no es lo mismo lo urbano que lo rural, la población dispersa que la concentrada, la que tiene mas inmigración que la que no, la diferentes tasas de natalidad etc...

Gracias a ello se ha conseguido en nuestro país tener una red amplísima de centros de salud y hospitales por todos los territorios. En estos momentos son pocos los habitantes (de sitios muy alejados y aislados por ejemplo Asturias, Pirineo...) que estén a más de una hora de un hospital. Antes de la Ley General de Sanidad prácticamente el 90% de las camas hospitalarias se situaban en las capitales de provincia.

4.- La medicina actualmente se realiza en equipo. Aunque uno tenga o deba tener un médico responsable (también en la especialidad que se necesite) van a ser varios los que actúen sobre el paciente (sea este o no consciente de ello). En algunas especialidades existen subespecialistas, y así por ejemplo puedes elegir uno de digestivo pero será otra más especialista en endoscopias el que te lo haga. De esta forma si se descuentan todos los médicos que son subespecialistas tampoco podría elegirse entre tanto, pero sobre todo rompes la labor de equipo lo que redunda en una peor calidad.

5.- Ya actualmente existe una "especie" de libre elección llamada "segunda opinión" por la que todo paciente puede optar. Lo primero que habrá que solucionar sería la gestión de esta opción que es farragosa.

6.- La idea de que el dinero sigue al paciente es peligrosísima porque ¿que parte del dinero le sigue? La financiación de un centro abarca muchas tareas a parte de las asistenciales a cada individuo. Se podría llegar a lo que explica que ha pasado en Inglaterra.

7.- POR ULTIMO, detrás de esta medida de libre elección hay una clara idea de privatización. Porque tal como se propone el paso siguiente nada difícil será que puedas ir a un medico a su consulta privada y que el sistema público se lo pague.

8.- Hay que tener en cuenta que la libre elección que plantea Aguirre va unida al área única por tomar como ejemplo cómo funciona la asistencia privada. Una de las mayores críticas que hacemos muchos a la medicina privada es precisamente el desorden asistencial sobre el enfermo. Para caso el de una amiga mía: le vio un cirujano que la opero en una clínica (sin previa consulta al oncólogo), luego la mando a un oncólogo de radioterapia (no a un oncólogo medico) que a su vez la vio en otra clínica diferente y a su vez le remitió al oncólogo medico que la trato con quimio en otra clínica: 3 centros, 3 historias... cuando tuvo que ingresar no sabia muy bien en donde.Un desastre.

EN RESUMEN. La libre elección debe de ser un derecho de los pacientes a implantar pero sin demagogias y sin romper características fundamentales del sistema. Se puede plantear de otras formas, en los diferentes niveles asistenciales, pero sobre todo antes de nada hay que acometer algo tan importante como buenos sistemas de información e historia clínica electrónica.

Yo diría por la HISTORIA CLÍNICA ÚNICA, en vez del área de salud única. Y por un sistema de gestión de segunda opinión ágil y conocido por todos los usuarios del sistema.

Y mientras eso se arregla plantearse seriamente las diferentes formulas para alcanzar la libre elección y sobre todo hacerlo con consenso de todos los partidos políticos y oídos los diferentes colectivos e instituciones implicados.

Hasta aquí la opinión de la experiencia. Ahora ya tengo las cosas más claras y empiezo a temerme lo peor…Les pido a ustedes, sobre todo a los vecinos de Madrid que estén atentos.


Quintín Cabrera. Se nos ha muerto el cantor



40 años llevaba residiendo en España el cantante y poeta Quintín Cabrera. Inconfundible su imagen de barbudo trovador de América. Hijo del Uruguay tenía a gala considerarse español y republicano al mismo tiempo.

Murió recientemente. Fernando Iñiguez le ha dedicado un sentido homenaje escrito.

Le conocí personalmente a finales de los 70 cuando me tocó organizar algún que otro festival. Siempre me pareció un tipo íntegro. No puedo decir lo mismo de otros artistas que pasando por progres y revolucionarios tenían como mayor interés pasar por caja antes de hablar. Él sabía que su sitio primero era el combate. El dinero, como a los pájaros la comida en los árboles, le llegaría por añadidura. Cuando en aquellos conciertos solidarios los organizadores perdíamos hasta la camisa algunos de los intérpretes te daban un abrazo y dedicaban su tiempo. Otros se negaban a salir al escenario. No hablo de finales de los 80 o de los 90, cuando ese comportamiento hubiera tenido su lógica. Me refiero a festivales multitudinarios de los años 77 al 79. Otros tiempos.
Un abrazo Quintín, estés donde estés.

15 de marzo de 2009

Comida basura y arte callejero



Un verdadero artista aprovecha los materiales de la vida real para crear obras de arte. En este caso efímeras. Pero con una carga militante asombrosa.
Para reflexionar.

Tomada en Palma de Mallorca ayer sábado 14 de marzo. En la Plaza de la Reina.

¿junk food art?

9 de marzo de 2009

DENTROFUERA

La galeria de arte mas original de Madrid sigue con su trabajo. El jueves 12 de marzo presenta los resultados del taller de los meses de Enero y Febrero.

En la calle Chindasvinto 78 a las 19,30.

8 de marzo de 2009

Que nada te quite el sueño



Un trabajo "alimenticio" de Nacho Vigalondo para los colchones Pikolin.

Tiene su gracia. Mas para los que sufrimos el constante acoso de los botellones nocturnos de la Plaza de Olavide. Y de los vecinos de arriba empeñados en arrastrar muebles a todas horas y practicar deportes de riesgo sobre la tarima.

Me he enterado de la campaña a través del estimable blog de Carlos Osorio- Caminando por Madrid

5 de marzo de 2009

Ética, capitalismo y crisis. El fracaso de la Responsabilidad Social Corporativa.

Capitalismo


UNA VIEJA HISTORIA. ÉTICA LUTERANA. DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA Y OBRERISMO FALANGISTA.


Desde que tengo memoria profesional recuerdo haber oído hablar de una cosa llamada “ética de los negocios”. Oxímoron creo que se llama la figura retórica basada en mezclar dos conceptos irreconciliables, tales como música militar o pensamiento navarro- esto último no es un chiste mío sino de don Pio Baroja-. Recuerdo que bajo el viejo régimen franquista era usual utilizar un concepto llamado “balance social” de las empresas. Consistía el invento en reportar sobre los puestos de trabajo creados, los beneficios sociales concedidos a los trabajadores, los impuestos pagados, las políticas de acercamiento a las comunidades locales, etc., etc.

Creo que todas las empresas públicas, del INI por ejemplo, estaban obligadas a confeccionar tales documentos justificativos. Por supuesto que nadie de dentro creía que aquello fuese algo más que una operación de cosmética. Pero la vieja tradición de catolicismo social a lo Marqués de Comillas que confluyó en los 60 en algo llamado doctrina social de la iglesia mas la influencia ideológica del primer falangismo con acento obrerista se habían fusionado, bajo el paraguas intelectual de los tecnócratas del Opus Dei, para dar como resultado un producto retórico capaz de arrancar alguna sonrisa crédula en la legión de alumnos de economía o de política de los institutos y de las universidades de aquellos años.

Tuve un profesor llamado Gil de Biedma- puede que me equivoque en la trascripción fonética, a lo mejor era Gil de Viezma- que era un abanderado de esa cultura y que había sido uno de los creadores de las “relaciones públicas” como disciplina académica en España. Rememoraba con pasión, no exenta de orgullo profesional pues decía ser su inventor, iniciativas como la Operación Plus Ultra y otros formidables artefactos comunicacionales de la época. Se notaba que detrás del concepto “balance social” latía fundamentalmente una necesidad de legitimar a la empresa, de darle un brillo ético. Sonaba todo a construcción algo precaria y pienso que las empresas de aquel momento apenas concedían a estos principios más que una atención menor.


¿TIENEN ÉTICA LOS NEGOCIOS? ¿Y LAS SOCIEDADES?


Estoy hablando de los años 70. Con la democracia ya instalada en España se fueron configurando otras retóricas mas orientadas a situar a las empresas en escenarios menos “sociales”. España fue el campo de cultivo de unas nuevas formas de liberalismo expansivo que fueron capaces de crear personajes como Mario Conde- por cierto que ahora se dedica a las reflexiones humanistas y al pensamiento trascendente- para los que la palabra “social” sonaba a comunismo. La ética de los negocios no era otra que la de ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible. Incluso se instaló en España una cultura del fraude fiscal como herramienta normalizada. De aquellos tiempos es la famosa frase adjudicada a Carlos Solchaga de “España es el país del mundo donde más dinero y más rápido ganan las empresas”

De aquellos polvos tenemos los lodos en nuestro país llamados fraude del IVA, el famoso con factura o sin factura, la ocultación a la hacienda de las transacciones con dinero negro, etc. Toda esa cultura favorable a contemplar a la empresa como una máquina de ganar a cuenta de la sociedad, de los clientes y de sus propios empleados impregnaba el conjunto de sus acciones. Casos como los de las empresas filatélicas o las múltiples estafas inmobiliarias o la propia caída de Banesto no fueron sino la punta del iceberg de un inmenso clima de fraude comercial, fiscal y económico generalizado que afectaba a las empresas, a las familias y a sacrosantas instituciones como las eclesiales que no despreciaban tantas posibilidades de medrar financieramente en los mercados financieros, en la especulación inmobiliaria y en el fraude a la hacienda. Ello por no hablar de otro tipo de corruptelas consentidas por los propios ciudadanos como las de los políticos de todas las familias y el mismo sistema de financiación de los partidos.

Puede que el momento cumbre de ese estado de cosas fuese el aprovechamiento que las empresas, grandes, medianas y pequeñas, hicieron de la aparición del euro y la sustitución de las pesetas. Las subidas de precios fueron obscenas cuando no directamente criminales y contaron con la pasiva complacencia de las autoridades económicas de nuestro país.


EL INVENTO DE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA (RSC)


En los años 90 surge una corriente internacional favorable a corregir la deriva del mundo corporativo hacia prácticas delictivas como las que evidenciaron a posteriori los casos de Arthur Andersen o Enron. En vez de cerrar los agujeros del sistema los proyectistas e ideólogos del mundo capitalista inventaron el concepto de la “responsabilidad social”-RSC- empresarial o corporativa asociado al principio del autocontrol. Recuperaban, o por lo menos así quedaba enunciado en sus propósitos, algo que estuvo en las señas de identidad del capitalismo primitivo de raíces religiosas luteranas tal como explicaba Max Weber.

Tuvieron éxito, por lo menos aparente, en la recuperación del viejo concepto del balance social. De pronto todas las empresas de cierto porte competían entre sí sobre su comportamiento social. Sobre si Citi o Barclays eran más o menos “sociales” que sus competidores. Sobre el ahorro de energía en sus instalaciones. Sobre el estricto cumplimiento de códigos de contratación laboral en el Tercer Mundo, etc.

Lujosas publicaciones, firmas de auditoría y congresos y foros daban cuerpo a esa explosión de firmeza ética de las grandes empresas. Llegaron a tanto que las mismas Naciones Unidas apadrinaron la aplicación de los principios de esa nueva cultura de autocontrol corporativo mediante el invento de una institución informal llamada Pacto Global. El Pacto Global, con sus mecanismos de control, no es otra cosa que una especie de certificación autoconcedida por las propias empresas en materia de comportamiento medioambiental o de respeto a los derechos humanos.

Tanto o más que la aplicación de los difusos principios del autocontrol o de la RSC fueron algunos movimientos civiles los que provocaron la respuesta ética de las empresas. Las campañas de boicot sobre Nike, Nestle o tantas otras provocadas por sus prácticas laborales o medioambientales pusieron a las grandes corporaciones a la defensiva y produjeron el incremento en esas respuestas “éticas”. En los primeros años de este siglo XXI las compañías multinacionales invirtieron en justificar sus prácticas o pagar por los daños producidos más dinero que en todos los siglos anteriores. De repente fueron posibles las declaraciones y las sentencias judiciales contra las compañías tabaqueras por ejemplo. Fueron los años de oro de los conceptos como RSC o Reputación Corporativa.

Los dirigentes empresariales pugnaban por que la sociedad les percibiese como seres entregados a todo tipo de causas filantrópicas. Se puso de moda crear fundaciones de todo tipo. Y ver a los grandes patronos de empresa abrazando causas ecologistas, médicas y artísticas era percibido como de muy buen tono. Tanto fue el baile que se produjo una reacción doble de rechazo en la misma comunidad empresarial algo empalagada de las consecuencias del invento. Una corriente del pensamiento corporativo reivindicó para la empresa su pertenencia única al ámbito económico dejando su papel social reducido al contexto de los clientes, proveedores y empleados y al pago de sus impuestos. Otra corriente señalaba que las prácticas de la RSC constituían una competencia desleal de las grandes empresas hacia las medianas y pequeñas, incapaces de asumir en sus balances las exigencias formales del autocontrol. De hecho a algunos teóricos de la RSC les causaba repugnancia la coexistencia en el mismo capacho ideológico de conceptos tan diferentes en origen como la RSC y la llamada Acción Social. Los puristas de la RSC querrían reducir el concepto a las relaciones de las empresas con los llamados skateholders.


LA CRISIS SE CARGA TODA LA PALABRERÍA


El caso es que al final todo eso de la RSC se ha quedado en nada. La crisis está convirtiendo todas esas teorías en pura palabrería. Algunos gobiernos pretenden convertir en obligatorias las prácticas del autocontrol, entre otros el español, pero la ola de la gran crisis está generando el respaldo hacia políticas de control de distinto porte, naturaleza y justificación teórica. Todos los discursos de las empresas a favor de la RSC han quedado arrumbados por la certera constatación social de que no eran más que palabrería. La crisis ninja o como la queramos llamar ha puesto de manifiesto las prácticas de todo un sector financiero volcado durante dos décadas en la creación de productos directamente fraudulentos. Y como en ese viaje han estado acompañados por toda una industria del camuflaje formada por consultoras, agencias de rating, medios de comunicación, etc.

Estamos viendo también como múltiples sectores económicos han aprovechado el efecto riqueza para inflar artificialmente mercados de consumo masivos para productos ineficientes, de alto consumo energético. Ahora esas empresas, como las del sector del automóvil, están atrapadas en inviables procesos de reestructuración globales sin la posibilidad de obtener financiación privada para los mismos.

No se nos ha negado nada. Al socaire de la especulación en materias primas las industrias de la energía han provocado crisis hasta en sectores tan alejados de su razón de ser como la agroalimentación- los biocombustibles- y los relacionados con las obras públicas y las infraestructuras- los grandes negocios de los pipelines, etc.-.

Y sin embargo eran los banqueros, las industrias industriales finales, las de la energía y las infraestructuras los campeones en responsabilidad social. Los maestros en la innovación. Los que se permitían el lujo de crear fundaciones e instituciones defensoras de conceptos tales como sostenibilidad, equilibrio ecológico y defensa de los derechos humanos.

Todo ese mercado de la apariencia, esa economía de los gestos ha quedado en evidencia. La crisis obligará, adicionalmente, a reducir los presupuestos dedicados a esas labores de cobertura y de búsqueda de la legitimidad. En la misma medida que se recortan los presupuestos de comunicación y publicidad, por cierto que produciendo un enorme destrozo en los grandes medios de comunicación, se recortarán las actividades de mecenazgo, de patrocinio y de relaciones institucionales. Ya estamos viendo algunos efectos de esos recortes publicitario empiezan a afectar al sector de las consultoras especializadas y a los presupuestos dedicados a la acción social. Se pregunta uno que impacto va a tener la crisis en la financiación de las fundaciones y las obras sociales de los bancos y cajas. Cuando las propias instituciones tienen que dedicar sus mejores recursos a la simple supervivencia preguntarse por estas cosas hasta resulta ingenuo.


CRISIS DEL MOVIMIENTO NEOCON Y DE LAS IDEOLOGÍAS ULTRALIBERALES


Por mucho que los neocons se defiendan panza arriba diciendo que lo que ha fallado han sido los mecanismos de control y no la dinámica puramente corporativa, todo ese discurso suena ridículo y hasta patético. Se parece mucho al discurso de los adolescentes que echan la culpa de sus desórdenes a la falta de control por parte de sus padres. Algo así “como me lo consentías todo…”. Siendo verdad ese análisis se queda en la epidermis de las cosas y no explica la coalición, el pacto de sangre, entre reguladores y regulados, entre administraciones públicas y corporaciones. Ahora no vale echar la culpa en exclusiva a aquellos que en la división de tareas a la que se entregaron ejercían el papel de controladores. Eran los mismos perros con distintos collares. Personal intercambiable controlado con el mando a distancia de todo tipo de think tanks.

Controladores y controlados formaban, forman parte, de la misma estructura de toma de decisiones. Los que otorgan las certificaciones, los que señalan los ratings, las auditoras, los poderes reguladores estaban todos inspirados en los mismos principios: la capacidad autocorrectora del capitalismo, los equilibrios competitivos, etc. Participan de la misma escala de valores basada en los incentivos al talento depredador. Mantienen la misma filosofía, se educaron en los mismos centros educativos y las mismas escuelas de negocios.

Y hoy por mucho que hipócritamente señalen al cielo pugnando por unos nuevos principios inspiradores saben que la ideología de la RSC ha sido un fracaso y que toca inventarse un nuevo mundo. Aunque para ello tengan que pedir “la suspensión temporal” del sistema capitalista.



LAS IDEOLOGÍAS QUE VIENEN


¿Cuál será el nuevo invento ideológico que sirva de manto legitimador al mundo de las grandes corporaciones? Hagan apuestas a que ya se está trabajando sobre el asunto. Tienen prioridad de paso aquellos especialistas en conceptos tales como reputación corporativa, gestión de intangibles, etc. Están llamados a ser los regeneradores del sistema al contar con supuestos instrumentos de análisis más sofisticados. No es lo mismo la panoplia teórica de los viejos defensores de conceptos tan precarios como el marketing con causa que los modernos analistas de riesgos reputacionales. Los primeros serán rechazados por los públicos. Los segundos se pueden permitir el lujo de decirles a sus clientes: están ustedes desnudos como el rey del cuento. E instrumentar nuevas técnicas de legitimación que pasarán en primer lugar por entonar un mea culpa convincente.

RIP a la RSC.




4 de marzo de 2009

Bienvenido a Madrid, presidente Medvédev


Si supiera que el presidente de Rusia duerme en su cama del palacio de El Pardo, una tumba en El Escorial vibraría con fuerza. 

Para morirse de nuevo.

1 de marzo de 2009

SPOTIFY


Con Spotify llega una nueva forma de escuchar música a través del ordenador. Con muy buena calidad, sin cortes, salvo algunas cuñas publicitarias nada intrusivas, y sin interrupciones del famoso búfer. Casi toda la música que se te pueda ocurrir, en dos meses que lo vengo usando apenas he tenido dificultades para encontrar lo que iba buscando. Y totalmente gratis. Y sin la sensación de tener por detrás controlándote a las compañías telefónicas o a los famosos inspectores de la sociedad de autores, esos que van por los pueblos cazando orquestas y charangas copionas o locales con la música puesta sin pagar derechos.

Mientras trabajo y con mis cascos, para no molestar a nadie o para aislarme del mundo y no dar cuentas como me dice Isabel, elijo las canciones que mejor acompañen mi deambular en el mundo de las teclas y el ratón. A veces música de ambiente, mi imprescindible Brian Eno, en ocasiones como ahora a mi mejor amiga la Hardy, otras veces a John Scofield y su guitarra sureña o a, en la mayoría de los casos, cualquier filarmónica o grupo de cámara interpretando a Mozart (por ejemplo del genio de Salzburgo tiene registradas casi 15 mil piezas), Purcell o Vivaldi o las voces eternas de mis amigos los tenores o las sopranos. El buscador que te facilita los hallazgos es de una prontitud y calidad magníficas y puedes, además, guardar las búsquedas y organizar tus programaciones. Incluso tiene el programa un sistema para, tal como las listas de reproducción del ipod, recibir las sugerencias de tus amigos o para montar tus propias recomendaciones.

Tengo mis dudas sobre las descargas de música a través de los programas tipo emule o, la mejor opción, los rapidshare. No tanto por el debate sobre los derechos de autor en el que me pronuncio a favor de que la industria encuentre un sistema mejor que el actual tan poco adecuado al ritmo del cambio tecnológico sino por la necesidad de encontrar la música en unas condiciones de calidad y de naturalidad que ahora no se dan. A través de los buscadores musicales o de las suscripciones a los feeds de agrupadores de enlaces, que los hay y muy buenos, puedes encontrar prácticamente lo que quieras y con el coste de acceso a los servidores tipo megaupload o rapidshare por debajo de los cinco euros al mes se puede decir que la última frontera legal del negocio ha caído. Siendo así las cosas no veo nada satisfactorio para nadie la situación. Los creadores perdidos y teniendo que renunciar a la vía del ingreso por descargas. Una industria de distribución en el caos y dedicando lo mejor de sus recursos a guardar el agua de mar con las manos y con la compañía nada agradable de abogados, detectives y delatadores. Unas compañías, las nuevas industrias opacas a la ley, viviendo de cobrar por unos servicios, la banda ancha, que los usuarios pagamos dos veces. Etc.

Hace tiempo que convertí todos mis fondos musicales a formato digital y regalé cientos de cds y de LP a los amigos de las arqueologías sonoras que son legión. Durante unos meses organicé en el salón de casa una artística instalación de cajas y bolsas sobre las cuales los visitantes se arrogaban el derecho de llevarse lo que pillasen. Ahora con mi IPOD a cuestas tengo mi sonoteca, ¿se dice así?, allá donde vaya. Mis oídos no hacen grandes distingos entre la calidad de unos soportes u otros. La diferencia la vivo más en cuestión de reproductores. Esto encantado con mis Bose y con las entradas aux de mi viejo reproductor con amplificador Pioner y tengo almacenadas más horas de música de las que el tiempo me permitirá disfrutar. De vez en cuando compro en itunes cosas que echo en falta.

Creo que Spotify es una buena alternativa y me imagino que en su momento sacarán al mercado una versión móvil. Si ello ocurre en coincidencia con la eclosión de tarifas verdaderamente planas de la telefonía móvil puede incluso que el mercado de la música se incline por un tipo de distribución en línea más que al engorro de almacenar archivos musicales a través de los ordenadores personales o las terminales tipo ipod.

Parece que Spotify no opera en todos los mercados. Lo hace en España. Mientras dure será fantástico. Supongo que no todo el mundo pensará lo mismo. Algunos dirán que donde está el truco. Otros no aceptarán fácilmente el principio de renunciar al propio almacenamiento a lo Robinsón Crusoe. Puede que se pregunte por la dificultad de entrar en las listas de Spotify a los nuevos creadores. No sé realmente en que acabará todo esto pero estoy seguro que Spotify es un paso en la dirección correcta.

A lo mejor no lo he dicho, pero Spotify es un programa que hay que descargar e instalar. No tiene traducción al castellano pero es de muy sencillo manejo. La navegación por las búsquedas impecable y muy gráfica. Y parece que solo lo puedes conseguir por invitación al igual que pasaba antes con el correo gmail.

Yo que he aprendido música escuchando coplas por los patios de vecindad y por las radios Telefunken y Philips de diez kilos de peso. Que he comprado discos, casettes, cds, dvd y todo tipo de formatos digitales. Que he descargado compulsivamente al modo de cualquier adolescente coleccionista puedo decir que Spotify tiene sentido y anuncia un tiempo mejor. Felicidades.



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