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15 de junio de 2013

La Feria del Libro, la Fiesta y los Mercados

Feria del Libro en El Retiro. 2013



Antiguamente, pongamos veinte, puede que quince años, ir a la Feria del Libro era una actividad cargada de sentido cultural. Tenías acceso al catálogo de las editoriales y te ponías al día sobre las novedades en distintos campos editoriales. Por supuesto que ese factor iba unido al puro hecho de la fiesta. La fiesta de celebrar el culto a la letra impresa. La presencia emocionada de las familias, de los niños. De los provincianos que aprovechaban su visita a Madrid para alucinar con la visión de miles de personas compartiendo el emblemático y maravilloso espacio del Retiro en comunión gloriosa con el libro, con las librerías, las editoriales, los novelistas y escritores de culto, etc.

Hoy subsiste el elemento festivo. Es indudable que la tradición de tantos años tiene la misma fuerza que antaño. Pero el factor cultural que comentaba al principio prácticamente ha desaparecido suplantado por las nuevas tecnologías y facilidades de acceso a la información. Hoy, el amante de los libros tiene la capacidad de conocer casi inmediatamente la oferta editorial a través de un número casi infinito de nuevos medios de información nacidos en el ámbito de las redes digitales. Blogs, diarios y revistas digitales han venido a sustituir con ventaja la escasa oferta informativa editorial que antes llegaba exclusivamente por la prensa de papel y por los escasos medios informativos especializados. Incluso más allá: las redes sociales han permitido emerger un potente movimiento de clubs de lectura que antes apenas existían. El fenómeno de los ebooks no ha hecho otra cosa que crear nuevos espacios de difusión del libro lo que ha alterado el sistema de la distribución del libro y no para peor como muchos nostálgicos creen.
Iniciativa del Mercado de Chamberí ceando un espacio de intercambio de libros en coincidencia con la celebración de la Feria del Libro de Madrid



Puestas así las cosas si toda la fuerza de la Feria del Libro se reduce al aspecto festivo, que no es poca cosa hay que reconocer, creo que el futuro de esta institución no va a ser muy halagüeño. En cualquier momento la Feria palidecerá, que no competirá, con otras muchas iniciativas que tengan como objetivo celebrar el rito del amor al libro. Por ejemplo: competirá con proyectos como los que el mercado de Chamberí ha decidido celebrar estos días de Feria, creando un espacio de difusión del libro basado en el intercambio. Así de simple. Esas iniciativas locales permitirán desplazar la fiesta del libro multiplicándola por mil, desestacionalizándola y universalizándose. No se si me explico. Hoy creo que me ha dado mucho el sol en la Feria y he creído ver como las colas enormes de gentes que antes acudían a la firma de los escritores de éxito hay se dirigían a contemplar a un tal Frank de la Jungla….Mañana, el año que viene las colas pueden ser las de Bob Esponja o las de Cristiano Ronaldo. Cuando llegue ese día los verdaderos amantes del libro podrán celebrar su fiesta en los mercados de abastos. Total, mercado por mercado….

12 de diciembre de 2007

No al canon por prestamo de libros de las bibliotecas




Copio desde el blog Ribadeando un texto de José Luis Sampedro a propósito de la imposición de un canon de 20 centimos de euro por cada préstamo de libro que las bibliotecas efectuen.

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus ‘clientes’ éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas.Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?. Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura?, ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos?. No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña. ¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS! José Luis Sampedro, escritor y filósofo.

Si estas de acuerdo, pásalo. Mejor todavía publícalo en tu blog, manda copia a tus amigos, firma en la web de la campaña contra el canon.

13 de noviembre de 2007

El hombre fino o manual de urbanidad, cortesía y buen tono



¿Necesitan los políticos manuales de autoayuda que les permitan resolver sus puntos negros y mejorar sus actitudes?

O ¿acaso la bronca, el insulto y los trazos gruesos son consustanciales a la actividad política?

Manuales de buena educación política son los de Maquiavelo y los de Gracián. Ambos, trabajando para príncipes inteligentes recomendaban las formas del combate político mas suaves y corteses. No pretendían con ello restar eficacia a su actividad. Antes al contrario, enseñaban cortesía para el mejor engaño de los adversarios. “Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres”, decía el genio florentino. Gracian incluso llegó a decir aquello de que "la cortesía es la principal muestra de cultura".

Que decir de los brillantes políticos del siglo de los congresos divertidos. Llenaríamos páginas enteras sobre las distintas formas de amargar la vida al enemigo político sin faltarle al respeto, cortésmente, con un par.

Debe ser que en la actualidad la vida política está falta de guías de comportamiento y de estrategas bien dotados en el arte de la diplomacia.

Claro que viene esto a cuento de las escenas de Santiago de Chile. Solo Zapatero parece que cumple a carta cabal con el mandato de la cortesía diplomática. El rey, con su castizo y borbónico gesto, no recordó seguramente los sabios consejos de los tratadistas españoles sobre diplomacia y derecho de gentes. Y de Chavez, que vamos a decir de este caballero. Golpista en el 92 y genio de la lámpara en el 2007 y según Castro, en uno de sus mas descacharrantes e histriónicos artículos, la gran esperanza blanca de la revolución pendiente. Lo suyo es la gracia, la chulería y la facundia cuartelera. Poco se puede esperar de él en materia de cortesía y formas diplomáticas.

A falta de otras referencias, acudo a mis libros y me encuentro con una pequeña joya de 1837. “El hombre fino al gusto del día o manual completo de Urbanidad, Cortesía y Buen Tono”. Es un pequeño libro en octavo. El autor es Mariano de Rementería, el traductor mejor dicho, ya que se trata de una especie de selección de textos de distintos libros franceses. En ningún momento se nombra a los autores originales aunque se dice de uno de ellos que fue el creador del Manual del Gastrónomo y de la Guía del Casado y a otro como autor del Código de los Golosos. Existe un estupendo y divertido comentario de Russell P. Sebold sobre la influencia de este librito en Larra que recomiendo leer a mis esforzados lectores, si es que acaso han llegado hasta aquí.

Dice Rementería “no seáis jamás acres ni cáusticos; y si por desgracia habéis incurrido en ese defecto, soportad animosamente una respuesta por viva que sea. Pensad que el que os contesta ejerce un derecho cruel del que vosotros le habéis dado ejemplo”. Hablando de las personas ofensivas dice de ellos “abandonadles: pues como solo el disputar es su felicidad, ellos mismos pondrán fin a una conversación que no les ofrece permuta alguna de este gusto”.

Otras joyas de Rementería encontradas aquí y allá en el librito: “mal empleo es el de un hombre que se hace temible: se le mira al principio con desconfianza y se acaba regularmente por huir de él”. “el hombre amable…jamás se vale sino de armas legales, nuca hiere, solamente sabe rechazar los tiros que se le dirigen, teniendo la suerte de hacerlo con tanta prudencia e ingenio, que consigue que los mismos que le asaltan se avergüencen”.

Y por último, no sin amenazar con volver a traer citas de este divertido libro, cuya primera edición es del 1829, la mía es la tercera, reproduzco una cita particularmente venida a cuento “no se pretende aquí enseñar a tener talento: eso jamás se aprende: un don de naturaleza ni se compra ni se vende”. Que personaje este Rementería…

24 de abril de 2007

Antonio Gamoneda recibe el Premio Cervantes

Discurso de Antonio Gamoneda, poeta, al recibir el premio Cervantes. Lo reproduzco por considerarlo una pequeña gran obra maestra.


Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, señoras, señores, amigas, amigos: Quiero, antes de entrar en mi exposición, dirigirme al Jurado que pensó en mí para conceder este reconocimiento. Por respeto a su autoridad crítica, no diré que el galardón me sobrepase. Únicamente, con emoción, muchas gracias.


Señor:

Recibir de manos del Rey de España el Premio Cervantes, ciento cuarenta y cuatro días después de que Su Majestad La Reina me conmoviese en una circunstancia que ha resultado premonitoria, es un hecho cierto que, habiendo ocurrido ya en mi vida, permanece, sin embargo, en el espacio de lo increíble.

Increíble y cierto. Han venido a mí estas dos palabras y, de inmediato, me he dado cuenta de que, sin saberlo ni dejar de saberlo, ya estaba hablando de mis causas y convicciones. Increíble y cierta es también, en su esencialidad, la poesía.

Este hecho pone en mí una seria extrañeza que podría nacer de lo inesperado y elevado de la circunstancia, pero creo que no es sólo por esto; hay algo que hace más grave mi perplejidad, es decir, mi necesidad de interrogación. Tengo que preguntarme y contestarme por las causas, sabiendo que éstas estarán en mi vida y en su calidad existencial, mucho menos desgraciada que la de millones de seres humanos, aunque pueda ser justo contemplarla hermanada con la de éstos y no con la de los vivientes socialmente afortunados. Tengo que preguntarme también por el acontecer de mi escritura.

Pronto se me depara la evidencia de algo que, más que cualquiera otra circunstancia o razón, ha condicionado a una y a otra, a mi vida y a mi escritura. Hablo de la pobreza.

¿Deberé entender que existe y se valora una cultura que se genera precisamente en el interior de la necesidad y del cansancio y que conlleva rasgos de tipicidad, a la vez que existe y predomina una cultura que se desprende en modo natural de células familiares o sociales afortunadas, una cultura, esta segunda, que lleva consigo bibliotecas selectas, estudios avanzados y conocimiento numeroso de idiomas, pongo por ejemplo? Porque yo vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción. Tengo que pensar que sí, que existe un estado pasional del pensamiento nacido en la pobreza y servido por el infortunio; un algo que, de aquí en adelante, nombraré diciendo simplemente cultura de la pobreza, y que esta cultura es, de algún modo, diferenciable de la que prospera a partir de una situación privilegiada.

Dentro de esa cultura de la pobreza yo no soy más que un caso mínimo y ocasional. Mínimo, dentro del inmenso dolor planetario; ocasional, porque mi vida se ha hecho, finalmente, llevadera.

Es verdad que, en 1936, en mi casa había un solo libro en el que aprendí a leer. Quizá aquel libro no fuese una señal completa de infortunio: al tiempo que me recordaba mi orfandad, tenía la intensidad y la atracción de ser un libro de poesía escrito por mi padre. Es verdad así mismo que mi primera información sobre la vida civil consistió en advertir la horrible represión en el barrio más tristemente obrero de León, y es verdad también que, al día siguiente de cumplir catorce años, a las cinco de la mañana, yo estaba cargando carbón en la caldera del extinguido Banco Mercantil y que, a esa misma hora, mi madre, desde otra hora lejana del día anterior, inclinaba más de la cuenta su cabeza sobre una máquina Singer. Pero, dentro de la cultura de la pobreza, ¿quién soy yo al lado de un François Villon, de un César Vallejo o de un Miguel de Cervantes?

Miguel de Cervantes, para permanecer en la vida, tenía que ofrecerse a la muerte, vender su sangre en el mercado de las grandes empresas negociadas a la contra entre los poderosos y extender su mano ante estos mismos mendigando auxilios; no pudo hacer lo que antes llamé "estudios avanzados", no sabía latín ni cursó en la universidad; y quizá hubo de mirarse a sí mismo con dolor o con desprecio en razón de alguna negra personería y del escondido comercio que de su cuerpo habían de hacer sus hermanas.

Yo quiero decir algo sobre la obra creativa de Cervantes considerando que fue hecha, precisamente, desde la pobreza. En modo general, se ha considerado la presencia de esta pobreza en su vida, pero quizá no se ha estimado como causa de peculiaridad en su obra.

Cervantes, pensando en su escritura estrófica, sabiendo o no sabiendo lo que decía, hablaba con pesadumbre de "la gracia que no quiso darme el cielo". Sin embargo, fue él quien encendió la poesía -digo la poesía- en el interior del discurso narrativo y dio cuerpo a las revelaciones quizá más bellas, más increíbles y ciertas, surgidas de la lengua española.

Cervantes, en el capítulo XLVII de la primera parte del Quijote -cito abreviada y fielmente- dice que " .... la escritura (...) de estos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las ciencias de la poesía...". ¿Manifestó aquí una lucidez transitoria? Porque también es cierto que, en algún otro momento, llegó a decir (cito según Vicente Gaos) "que su único propósito era el de combatir los libros de caballerías". Es este un tópico razonable pero irrelevante. Bien pudo Cervantes concebir su obra como un irónico y melancólico artefacto, beligerante frente al palabrerío y la imaginería vacua de aquellos ya periclitantes libros, pero esto no pudo y no puede ser todo.

El conocimiento vacilante que tiene Cervantes de la que es, en mi convicción, radical esencialidad poética de su obra prosística mayor, se corresponde, poco menos que punto por punto, con el "no saber sabiendo" de San Juan de la Cruz, que estaba poseído por una inocencia análoga: creía que estaba hablando únicamente de la experiencia mística, pero también estaba definiendo, con una precisión hasta ahora insuperada, la experiencia poética. He dado en San Juan de la Cruz; no puedo pasar por él de cualquier manera. Haré un inciso que no será una desviación: también él pertenece a la cultura de la pobreza.

Juan de Yepes era hijo de unos muy humildes tejedores y, socialmente, un villano. Torpe en los oficios, parece que fue hábil -le adiestraría la caridad- en el cuidado de los sifilíticos. Sufrió hambre, cárcel y torturas, y padeció el temor a la Inquisición. Sí estudió, brevemente, latín y filosofía, pero su saber más real surge de la lectura alucinada del Antiguo Testamento, en particular del Libro de Job y del Cantar de los cantares, así como del conocimiento, incompleto e igualmente alucinado, de la mística sufí.

Vuelvo a Cervantes. Matizando el que he llamado "conocimiento vacilante" de la naturaleza de su propia obra, doy en otra hipótesis de Gaos, quien dice de Cervantes y del Quijote que "cuando empezó a escribirlo, no tenía idea cabal de lo que se proponía". Esta noción de la obra "inconsciente" es bienvenida por numerosos eruditos. Yo la comparto con serias reservas; no comparto las razones profundas de la motivación: yo entiendo que no es exactamente inconsciencia, sino que se trata de la inocencia presente en grandes poetas, y en otros no tan grandes, que es asimilable, insisto en ello, al "no saber" postulado por Juan de la Cruz.

Hay un juicio de Ortega y Gasset que mucho me importa, aunque sea por motivos que Ortega no vio o no quiso ver. Cito abreviadamente: "No existe libro alguno cuyo poder de alusiones simbólicas al sentido universal de la vida sea tan grande, y, sin embargo, no existe libro alguno en el que hallemos menos (...) indicios (...) para su interpretación". Habla de un texto hermético. Preferiría que pensase en un texto inmensamente abierto. En cualquier caso, sabiéndolo o sin saber que lo sabe, Ortega alude al pensamiento poético ya en su modernidad.

La aseveración de Ortega me hace pensar en los inicios de tal pensamiento; en Garcilaso, de quien un coetáneo -creo que Castillejo- decía que sus versos eran "tan oscuros que había que entrar por ellos con antorchas"; en Góngora; en los vanguardismos inscritos en la Generación del 27; en las tendencias iberoamericanas predominantes en el siglo XX y en el ahora mismo. Sin embargo, no me hace pensar en el realismo convencional, ornamentado o no, que aún circula y hasta predomina en el castellano, asistido por parte de mis coetáneos y por abundantes epígonos, aunque algunas opiniones críticas y, sobre todo, la decreciente adscripción de poetas jóvenes, empiezan a indicar una cierta "cotización a la baja". Este realismo se da también en Alemania, se manifiesta con mayor precaución en Francia y apenas tiene presencia en los restantes países y lenguas de Europa. Yo respeto y disiento, a la vez, de esta extendida opción estilística, de este realismo vertido en un lenguaje meramente informativo al que dicen "claro" o "normalizado".

No seré yo quien olvide que se hizo moralmente presente en la España de la Dictadura, y sé que puede transportar buena voluntad en su tematismo social, aunque se dan casos en que se propone como simple divertimento. En mi opinión, aun cuando sean ciertas y progresistas sus causas morales, se atiene, sorprendentemente, a una especie de pensamiento y de lenguaje poéticamente reaccionarios. Cervantes -hay que decirlo aquí precisamente- "con su poder simbólico y sus escasos indicios para ser interpretado", está en el pensamiento poético y en sus equivalencias lingüísticas progresivos y progresistas, y está también en la tradición, porque la tradición es, a su vez, progresiva y progresista.

Quiero traer aquí una afirmación de un contemporáneo pleno, de José Manuel Caballero Bonald. Dice así: "... la poesía en prosa del Quijote tuvo un poder anticipatorio...". Sí; lo tuvo. Es relacionable, por ejemplo, con creaciones del propio Caballero Bonald, como Ágata ojo de gata, y, claro está, con la obra de Claudio Rodríguez, en su totalidad, o con la de Valente desde su juvenil madurez.

No proseguiré -por sabida, no parece necesaria- en la referencia nominal a mis coetáneos españoles a propósito de actitudes creativas que considero consecuentes o divergentes puestas en relación con las que Cervantes anticipa. Tampoco entraré en la escritura de creadores más jóvenes por considerar que su obra está aún abierta a una imprevisible evolución.

Cervantes es el origen de la novela moderna, y lo es porque instaló bien instalada la poesía moderna en el seno de la narratividad. Del don que él decía que le negó el cielo sólo cabe aceptar que se sintiese inseguro en relación con aspectos formales, evidentemente secundarios aunque fueran decisorios en el entendimiento que de la poesía se tenía en la época. Ciertamente, Cervantes no alcanzaba más que a componer, con una corrección que hoy llamaríamos "plana", dentro de los módulos versales. Hoy contamos ya con un nivel de información y de sensibilidad suficiente para saber que es insegura y precaria la identificación absoluta de la poesía con los procedimientos versales, y que la distinción entre verso y prosa es, a los efectos poéticos, poco menos que trivial. Los grandes creadores lo sospecharon pronto. Dice Fray Luis de León en De los nombres de Cristo, refiriéndose a la prosa: "Yo confieso que es nuevo y camino no usado por los que escriben en esta lengua poner en ella número, levantándola del decaimiento ordinario. El cual camino quise yo de abrir". De Fernando de Rojas a Valle Inclán, en el intermedio y en el después, bien clara tenemos la virtud prosística del número, virtud que avanza orientándose de las pautas métricas a las causas rítmicas.

En la creación de un universo en el que la poesía, disfrazada de "locura", atiende a lo Desconocido; en la transgresión, "no sabida" o sabida inconscientemente, de las pautas convenidas en sus días para la narratividad; en la figuración increíble y cierta, Cervantes impulsa la tradición en un sentido determinante de modernidad. Su poder anticipatorio consiste en la creación de claves liberadoras que, siglos después, serán activas en la obra poética (sigo insistiendo: poética) de un Kafka, de un Joyce, de un Faulkner y de otros muchos creadores importantes dentro y fuera de nuestra lengua.

Me interesa precisar aquí que el pensamiento específicamente poético se distingue del pensamiento discursivo, reflexivo o de cualquiera otra especie, en que procede de lo Desconocido -de lo desconocido incluso por el propio poeta- y en que lo revela; en que realiza lo irreal; en que puede crear lo que no existía; y en que se hace presente precisamente en un instante en que se produce la disolución de la normativa común del pensar. Una vez más, aquí, el "no saber sabiendo" de Juan de Yepes. Yo, en mi pequeñez, he argumentado en alguna ocasión "que no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias y ya escritas palabras". A Cervantes, en su grandeza, creo que le ocurría algo parecido.

Serían una conclusión y una simplificación poco meditadas decidir que en Don Quijote y Alonso Quijano, en la locura y en la cordura del uno y del mismo, no hay un trasunto, una creación autorreferente del propio Don Miguel; está ahí aun en el caso de ser un discurso inconscientemente activado, una emanación impensada de su vida.

Voy a ayudarme, en este punto, de alguien, lejano, al que también entiendo surgido de la cultura de la pobreza. Su vida se descifra en salarios escasos, en "una vieja casa de madera en Estambul" y en largos años de cárcel, exilio y enfermedad. Hablo del poeta turco Nazim Hikmet y de la primera mitad de su poema titulado "Don Quijote", que dice así:

"El caballero de la Eterna Juventud / obedeció, hacia la cincuentena, / a la verdad que latía en su corazón. / Partió una bella mañana de julio/ para conquistar lo bello, lo verdadero y lo justo. // Delante de él estaba el mundo / con sus gigantes abyectos, / y bajo él estaba Rocinante, / triste y heroico. // Yo sé / que una vez que se cae en esta pasión / y que se tiene un corazón de un peso respetable, / no hay nada que hacer, Don Quijote, / nada que hacer: / hay que embestir a los molinos de viento."

Se habla aquí de la apariencia de una sinrazón: "embestir a los molinos de viento"; se habla de una locura que cabría entender reducida a peripecia grotesca. Pero en la apariencia de la sinrazón palpita gravemente una verdad: "la verdad que latía en su corazón". Estamos ante un hecho poético.

Este hecho se da en el lenguaje de la falsa "locura" cervantina, en el lenguaje que sólo es ficcional en superficie, ficcional únicamente en relación con realidades objetivas que no han sido interiorizadas por el poeta, con significaciones meramente coloquiales o con las que, ahora mismo, están convenidas para la información mediática. Pues no; en el lenguaje poético, no: los molinos son gigantes, los gigantes son poderosos, su ejercicio es la maldad, y el Caballero de la Eterna Juventud, el abatido, nos revela que su infortunada verdad consiste en la causa necesaria de luchar contra esa maldad.

El lenguaje representativo de este ser y de este acontecer en poesía, yo lo advierto ligado a la cultura de la pobreza. La relación dialéctica entre el poder injusto y el sufrimiento está prácticamente en todas las "locas aventuras" que configuran el curso poético del Quijote. Es hondamente significativo que Cervantes, al cerrar este curso, nos ofrezca la pérdida de la locura como preámbulo de la muerte.

Si en aquellos días hubieran circulado criterios que lo hacen en la actualidad, Cervantes hubiera sido quizá motejado de manipulador de un lenguaje impropio, deducido, incluso, del irracionalismo, o de una escritura palabrera, gratuita e increíble. La autoridad del Quijote ha permanecido, pero yo creo que el libro aún ha de ser mejor comprendido. La locura de Don Alonso es más que un recurso literario; es creación de la función lingüística que integra lo cierto en lo inverosímil, que hace suya y revela la verdad increíble, la verdad nueva y desconocida, propia e interna de una tradición decidida por la invención progresiva del pensamiento poético moderno.

Este pensamiento está habitado casi siempre por una extrañeza que no por "extraña" deja de ser una realidad intelectual plena, ni de estar presente también en el ánimo y en la sensibilidad, ni de ser abarcadora del nivel cognitivo que llamamos conciencia y de su contenido moral. El Quijote es un libro ligado al pensamiento y al lenguaje comunes tan sólo en zonas de superficie, en añadiduras "razonables" con las que, por boca propia, por la de Sancho o por la de algún personaje secundario, Cervantes (en el que aún habrían de pesar juicios y prejuicios) moteja de locura la verdad poética trasunto de si mismo y emanación de su propia vida.

No obstante, el libro lleva consigo la voluntad de crear placer, es decir, lleva consigo efectos en los que algo hay que se asemeja a una salvación, a una interrupción del dolor. Toda poesía, incluida la que se deriva del sufrimiento, de la crueldad o de la injusticia, está orientada a la creación de una forma de placer. Dice Aristóteles (al que cito por la edición trilingüe de Valentín García Yebra): "... no hay que pretender de la tragedia cualquier placer, sino el que le es propio...". La afirmación aristotélica del placer en la representación de lo terrible es una apreciación vigente en el ahora mismo.

Hasta aquí, he intentado demostrar que, desde la pobreza y a través de la prosa, Cervantes es uno de los creadores, el más importante en la lengua española, del pensamiento poético moderno y de su realización en el lenguaje. Nótese que no he entrado en el dislate de atribuir en exclusiva a la cultura de la pobreza la creación de tal pensamiento.

He acudido también al "no saber" de San Juan de la Cruz, interpretándolo como clave poética y como señal de pobreza (pobreza en el subsistir y en la sabiduría), y he traído una cita de Ortega, referida al Quijote, en la que me permito insistir aún más abreviada: " No existe libro alguno cuyo poder de alusiones simbólicas (...) sea tan grande, y, sin embargo, no existe libro alguno en el que hallemos menos indicios para su interpretación".

Quiere decir la reunión de las referencias a Juan de la Cruz y a Ortega, que la tradición poética, en su modernidad, depara textos difíciles; textos que conllevan verdades ocultas, que se revelan, sí, pero por medio de una semántica poética, ajena a la semántica informativa, privada la primera, según el quizá excesivo criterio de Ortega, de "indicios para su interpretación". Conviene recordar aquí el aviso de Eliot relativo a que "la poesía es la aprehensión sensible y directa del conocimiento", o, como yo me atrevo a decir, que la poesía es antes sensible que inteligible, o que es inteligible bajo condiciones de sensibilidad. En todo caso, Ortega no dice que el Quijote sea un libro fácil y realista, sino un libro difícil fundamentado en el poder de las alusiones simbólicas.

La poesía "cuyo género carece de nombre" (vuelvo aquí a citar a Aristóteles) puede implicarse en módulos poemáticos, pero también, con igual entereza y legitimidad, en cualquiera otro de los géneros literarios o en la trama de varios o de todos ellos, trama a la que alude Lázaro Carreter como peculiar de la escritura contemporánea. Por no tener género, por no ser, en rigor, literatura, la poesía puede estar en todas las formas que la literatura adopte. Su esencialidad y su sentido han de buscarse en la sensibilidad y en la existencia antes que en el lenguaje convenido.

El "no saber" es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, "los de la pobreza", no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo "irremediablemente subjetiva" (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza. Ellos, los solidarios, pueden, por las causas ideológicas que digo, encontrar necesario manifestarse realistas y críticos, pero lo hacen -no sé si se dan cuenta- con el mismo lenguaje "normalizado" que adoptan los poderes injustos. Insensiblemente, se asimilan a tales poderes.

Es frecuente también la aparición de la ironía en aquellos cuya cultura no ha sido configurada por la pobreza. En nosotros ("los de la pobreza", los que nos hemos acercado al conocimiento de forma intuitiva y solitaria y los que, advertida o inadvertidamente, se han identificado con nosotros) la subjetivación radical y el patetismo resultarán naturales, y nuestro lenguaje no estará "normalizado" porque, aun amando la paz, el nuestro será un lenguaje poética y semánticamente subversivo. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento, y penetra, en modo imprevisible, nuestra conciencia lingüística.

Quiero dejar dicho que si Don Miguel de Cervantes resucitase o aún permaneciese físicamente vivo (¡qué disparate, por mi parte, cerrar este parlamento con tales fantasías!), estaría, pensativamente, cerca de nosotros.

He terminado con mis reiteraciones. He puesto cierta intención en acumularlas. Perdónenme.

Muchas gracias.

25 de enero de 2007

Los mejores autores de todos los tiempos en español


Excomunión, originally uploaded by mirando.

Me pide Cristian desde Chile y en uno de los post sobre libros que escribí hace unos meses y que recibe muchas visitas que le recomiende una base de libros y de autores españoles e hispanoamericanos. Entiendo que de literatura fundamentalmente. Para construir su propia biblioteca. Como no me deja su dirección de email me parece que lo oportuno será hacerlo en forma de post independiente. Los que me siguen ya saben que, por los lectores, este bloguero está dispuesto a hacer cualquier cosa.

Es una lista estrictamente privada y lo más corta que he podido. Se decía en el siglo pasado que era muy fácil para los hombres, y mujeres, de anteriores siglos construir la biblioteca ideal. Cualquier bibliotecario o librero de libros antiguos calibra el nivel cultural y científico de los ilustrados de cada época por los ejemplares de su biblioteca. Hoy yo tengo dudas de que tal identificación sea posible. Vivimos en el mundo de la superabundancia y al tiempo de la especialización de tal manera que se dan cientos de modelos distintos de “hombre ilustrado”.

También es evidente que las listas de clásicos van evolucionando y que la gran mayoría de los considerados así desde siempre están siendo arrinconados en el ámbito de los especialistas en humanidades y tienen escaso predicamento en el mundo de las “personas normales”- que no sirva esto para que alguno tache a los humanistas de anormales. Así pues ni Homero, ni los griegos ni los romanos tienen espacio en esa lista, al margen de que la lista es de autores en lengua española o castellana. Ya me gustaría a mí quedar bien y contar delicias y picardías de Apuleyo, de Cicerón y de Sófocles. Ni siquiera la Biblia la considero como un libro a figurar en una lista de literatura de siempre. Para mí que la Biblia, con todos los respetos, es otra cosa.

Hablemos de autores españoles en prosa

-El Quijote sin ninguna duda. Poco leído a pesar de los centenarios y es una pena.

-La Celestina

-Quevedo, por ejemplo Los Sueños

-La picaresca, pongamos El Lazarillo de Tormes

-Algo de teatro del Siglo de Oro, no mucho, mejor Lope de Vega que Tirso o Calderón.

Corramos un tupido velo sobre el siglo XVIII, salvando quizás a Blanco White--Cartas de España- pero esto, ya digo es manía mía.

-Pérez Galdós, puede que Fortunata y Jacinta

-Leopoldo Alas. La Regenta. Aquí he hablado de estos dos últimos.

-Baroja. Por ejemplo La Busca o Zalacaín

-Ramón del Valle Inclan. Divinas palabras y Luces de Bohemia

-Ramón Gómez de la Serna. Cualquier libro de él, menos las greguerías que me parece que han envejecido mal. Recomiendo encarecidamente Moribundia, sus memorias, dificilísimo de encontrar.

-Max Aub. Nadie ha escrito sobre la Guerra Civil Española como él. Toda la serie de Los Campos

-Cela. Viaje a la Alcarria, un gran libro.

Seguro que algunos me dirán que pasa con Vicent, con Mendoza, con Millás, con Muñoz Molina o con Javier Marías. Pues pasa que son jóvenes y seguro que alguno de ellos termina por escribir una obra maestra, pero de momento hay que esperar, sobre todo pensando en mi lector de Chile que es a quien va dirigido este “asesoramiento”. Faltan autores fantásticos muy queridos por mí, pero esto son lentejas. Otro día hablamos de Torrente, de Umbral, de Marsé, etc.

Latinoamericanos

Digo latinos, no hispanos, aunque solo sea por que en la lista va Jorge Amado, genio de las letras brasileñas.

-Cortazar. Rayuela y todos sus cuentos

-Juan Rulfo. Y su Pedro Páramo

-Borges. Cualquier cosa

-Alejo Carpentier. Recurso del método

-Onetti. Todo. Que triste, pero que grande escribiendo.

-Jorge Amado. Hasta las dedicatorias.

-García Márquez. Le considero mejor periodista que novelista. Por ejemplo Noticias de un secuestro, es una crónica periodística extraordinaria.

-Vargas Llosa. Como político e ideólogo un desastre, como narrador extraordinario. Por ejemplo La guerra del fin del mundo es un relato estremecedor de una revolución

Poetas en español

-Manrique

-Sor Juana Inés de la Cruz

-Quevedo. También en esta lista. Es el único repe.

-San Juan de la Cruz

-Antonio Machado

-Juan Ramón Jiménez

-Luis Cernuda

-Lorca

-Neruda

-Octavio Paz

-Cesar Vallejo

-En el último momento he decido incluir a Miguel Hernández. Está por ser lo gran persona que fue.

-Nicanor Parra. Ya que hablamos de Chile.

Y hasta aquí hemos llegado. No son más de 40 autores pero el conjunto de su obra es inmenso y puede dar para unos cuantos años.

Otro día hablaremos de libros de literatura en otros idiomas. O de libros de ciencia. A petición de los lectores. Como en la vieja radio: dedicado a la familia de fulanito que tanto le quieren.

Esto de hacer blogs está fácil siempre que tengas ideas. Si te las facilitan los demás mejor todavía.


28 de junio de 2006

Como vender o liquidar una biblioteca particular recibida en herencia


Books, originally uploaded by Wysz.

Si se encuentra usted en la desagradable situación de tener que decidir que hacer con una biblioteca recién heredada me permitiría darle algunos pocos consejos.

VALORAR LOS LIBROS

El primer consejo sería el de evitarse tener que hacer una valoración o tasación. En la mayoría de los casos por ser totalmente innecesario. Son muy pocas las bibliotecas particulares que reúnan muchos ejemplares de valor. Solo si ese fuese el caso y la herencia muy repartida puede ser indicado consultar con un profesional a efectos de organizar lotes a repartir u obtener los mejores precios posibles en el mercado. Eso si, sabiendo que la mayoría de los tasadores, hablo de España, suelen ser comerciantes al mismo tiempo y eso distorsiona algo su visión. Un código de buenas prácticas es el de los tasadores que renuncian por adelantado a presentar ofertas por los libros en estudio. Eso tiene la contrapartida de pagar honorarios altos a tales profesionales. Si lo que se pretende es solo obtener unos valores de referencia para repartir los libros entre los distintos herederos haga usted una selección previa de aquellos ejemplares aparentemente valiosos. Seleccione por ejemplo todos los ejemplares anteriores a 1900 y aquellas primeras ediciones de autores apreciados, por ejemplo de la generación del 27. Entre en la página iberlibros.com y explore usted mediante su buscador el valor de venta de los libros seleccionados (entre paréntesis, iberlibro es un enorme banco de datos donde se agrupa la oferta de la gran mayoría de los profesionales del sector, es una herramienta que ha venido a revolucionar este mercado). Se llevará dos sorpresas: la primera darse cuenta que la mayoría de los libros apenas valen lo que un libro nuevo en la actualidad.

VENDER LOS LIBROS

La segunda sorpresa y en el caso de encontrar que alguno de los libros se venden en iberlibro, pongamos por caso, a precios superiores a 100 euros será que usted nunca encontrará compradores entre los libreros anticuarios profesionales por un valor superior a la mitad de ese precio de referencia. Las razones son varias: cada libro tiene un valor según estado y circunstancias. No necesariamente una bonita encuadernación en piel es mejor que un ejemplar original intonso- dijese del libro sin guillotinar. El estado del libro, si tiene óxidos, parásitos, etc. tiene una importancia decisiva. Y por supuesto están los márgenes del librero, necesariamente muy altos por razón del largo ciclo de rotación del negocio. Es posible que un solo libro o unos pocos de la colección valgan mucho más que el resto. Una joya bibliográfica puede muy bien tener un valor en iberlibro cercano a los quinientos o mil euros, en este caso estamos hablando de un buen hallazgo. Aquí mi recomendación es que usted dedique una mañana o varias a visitar librerías de prestigio y preguntar por las posibles ofertas que le hagan. Como ya tiene su composición de lugar ya puede decidir que hacer: si repartir o vender. Siempre cabe la posibilidad de hacer alguna donación a alguna institución. Es normal que en una biblioteca abunden los libros especializados en alguna disciplina académica o profesional. Posiblemente el valor de esos libros sea escaso pero puede que en alguna biblioteca pública esos libros completen una colección. Ya le anticipo que donar en España es bastante difícil. Al no existir la cultura de la donación no existen los mecanismos administrativos que faciliten el encuentro entre donadores y las instituciones. Ármese de paciencia y sea usted un buen ciudadano.
Después de tales selecciones y repartos le quedará la tarea de sacar los libros de la casa. Serán muchos los libros a liquidar y poco lo que se obtenga de ellos. Una de las cosas mas desquiciantes es darse cuenta del poco valor que tienen los libros usados, a veces valen más al peso como papel. Entre los libreros de viejo hay distintas categorías y sería bueno que usted pudiese conocer a alguno. Aparte de profesionales, que la mayoría lo son, son gentes con sus manías y sus delicadezas. No hay uno que sea igual que otro. Los hay que son verdaderos enamorados del libro, casi enfermos y que entregan su vida a la causa. Pueden pagarle más que aquellos otros que están en la fase de liquidar el negocio por jubilación y que están hartos del mundo librero. Pero cualquiera de ellos sabe de libros infinitamente más que usted y que yo. Solo por eso merecen un respeto. No discuta con ellos, acepte su oferta o no la acepte pero no regatee y sobre todo no utilice usted el truco de decir que el librero de al lado les paga mas pues entonces ya puede usted llevar una primera edición de La Celestina que le señalaran la puerta.
Y si todo esto le aburre entonces me puede llamar. Por un 10 por ciento de comisión por las ventas me puedo hacer cargo del asunto. Y hasta puedo cobrar en género si la cosa lo exige.

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