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29 de diciembre de 2023

NAVIDAD AÑOS 50. CALLE FRANCISCO SILVELA. MADRID

 


Cuanto más viejo mejor recuerdo o reinvento los tiempos de mi infancia. Me pasa mucho en estas fiestas navideñas. Parece qué fue ayer cuando me viene a la memoria el recuerdo de las cenas de Nochebuena en casa de mis padres en Francisco Silvela. 


Parece que estoy viendo a los vecinos. La señora Saturnina y sus hijos. Viuda de un comunista represaliado después de la guerra. Eran de la Villa de Don Fadrique, legendaria localidad toledana famosa por su roja población. Luisito, Enrique, sus hijos. 


El señor Segundo, taxista y su mujer cuyo nombre no recuerdo, puede que fuese Consuelo, que era muy cariñosa. No tenían hijos. Procedentes de Sanabria. Creo que en aquel momento y hasta muchos años después un porcentaje de los taxistas de Madrid eran naturales de aquella comarca que se hizo famosa también por una de las grandes tragedias naturales y ecológicas de aquellos tiempos. Ribadelago. Una presa mal construida reventó y la riada cayó sobre el pueblo sin apenas aviso. Más de cien muertos. Año 59.


De aquella comarca eran también los siguientes vecinos. El señor Ángel. En este caso me acuerdo incluso de su apellido, Crespo, como el alcalde de Zalamea. Era empleado del Metro de Madrid. Creo que vigilante nocturno. Su mujer era la señora Pilar. Una mujer grande famosa por sus quejas y lamentos. Parecía que todas las enfermedades del mundo la acosaban. Dos hijos, Ángel y Santitos. Buenos mozos. El señor Ángel era, al contrario de su señora, el alma de las fiestas. Sabía todas las coplas y villancicos. Con su pandereta visitaba las casas de sus vecinos para animar la noche. Entonces la nochebuena era una celebración colectiva. Los pasillos de aquella gran casa eran un constante ir y venir de tráficos humanos arriba y abajo.


Enfrente de casa vivía el farolero. Qué oficios tenía entonces el personal. No recuerdo su nombre. Debía dormir de día y por ello sus pasos eran poco notorios para el resto de la vecindad. Salía a trabajar de noche. Con su larga pértiga encendía los faroles y los apagaba de madrugada. De aquella familia me llega solo el recuerdo de uno de sus hijos y de su nombre. José Luis. Guitarrista clásico. Tengo la idea de que era un concertista de fama internacional. Vaya usted a saber. La memoria tiende a magnificar los recuerdos. Y el caso es que no me acuerdo de los otros miembros de la familia del farolero.


Del piso de arriba recuerdo a la señora Rita y su hija la Laly. Y el hijo de Laly, Joaquín. La señora Rita tenía una imagen imponente. Como de matriarca del sur. Creo que era de Linares. Siempre de negro con su toquilla. Creo que había sido muy amiga de mi abuela Manuela, a quien yo no conocí. Se contaban de ella muchas aventuras de supervivencia durante las guerras. 


Los Pastrana, del tercero. El padre era policía armada como se los reconocía entonces. Rafael, uno de los dos hijos era de mi edad y compañero de colegio. Muy estudioso.


Los Serna del quinto. Josemari, el hijo pequeño, todavía sigue viviendo en el edificio. Es el último de Filipinas. El padre era un señor muy serio. Sus hijos mayores, Carlos y Manuel, eran de su primera mujer. Josemari ya era hijo de otra pareja. Una mujer de bandera. Guapísima. No recuerdo su nombre. Josemari hizo la mili en el Sáhara y fue muy amigo mío. Era un año mayor que yo. Un personaje. 


Les contaba que aquella noche todas las casas estaban abiertas para la circulación vecinal. Todo era de todos. El coñac y el anís circulaban como si el mundo fuese a acabar aquella noche. La nochevieja era parecida solo que con sidra añadida como telón de fondo alcohólico. Algunas familias iban a la misa del gallo. No sé si ahora sigue siendo igual. La cena era lamisma de año en año. Lombarda. Besugo. Y cordero para los muy tragones.

 Y las familias. Los hermanos, los tíos, los primos. En aquellas casas tan pequeñas se concentraban verdaderas multitudes.


Reinaba un espíritu colectivo. Eso es lo que echo de menos. 

12 de julio de 2016

EL DEBATE SOBRE LA FIESTA DE LOS TOROS

Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Imagen pública cedida por www.goodfreephotos.com



Me pregunto sobre si es viable una discusión, ya que no fácil, exenta de irracionalidad, sobre la fiesta, la ceremonia o la práctica del toreo. Aparentemente parece que no. Las pasiones, la sacralidad, los principios invocados por los diferentes discutidores indican que no. Y no es nuevo. Llevamos siglos discutiendo con pasión del tema. Muchos creen que el debate es fruto de las ideologías animalistas de los últimos tiempos. Y no es así. El toreo ha sido combatido y defendido con la misma energía por diferentes protagonistas de nuestra vida civil, política, artística e intelectual a lo largo de siglos.

Muchos invocan los ritos mediterráneos antiguos como es sustrato antropológico del toreo. Pero otros muchos tienden a desmitificar ese origen y lo sitúan en el siglo XIX. Unos ven en la fiesta el alma mejor de los pueblos hispanos, de su amor por el arte y el valor de sus gentes y otros la herencia de la brutalidad y el machismo de la sociedad patriarcal.

El caso es que parece que la fiesta tal como la conocemos hoy-y no solo me refiero al espectáculo codificado de las corridas, también a los encierros, capeas y otras prácticas populares-ha sufrido un enorme deterioro en las últimas décadas. Fruto seguramente de los cambios educativos, del cambio demográfico rural y urbano y del surgimiento de una cultura que otorga más valor a elementos como la defensa de los derechos de los animales, etc.

Es como si hubiera dos Españas ante el fenómeno de los toros. Los que tenemos más edad procedemos de la España torera y llevamos en nuestra memoria el mito de la torería. En las calles de Madrid durante los años cincuenta los niños seguíamos jugando al toro y era habitual que desde muy jóvenes nuestros padres o tíos nos llevasen a las plazas o que con ellos acudiésemos a los encierros en sus pueblos de procedencia. Toda la familia de mi padre eran grandes simpatizantes de la fiesta de los toros. Recuerdo como en mi casa entraban algunas revistas especializadas y como era habitual seguir por la radio la información taurina. Hoy los niños de las grandes ciudades no juegan al toro ni por internet. No saben lo que es eso. El fenómeno de los maletillas ha quedado en la historia. De alguna manera la España taurista o taurófila o torera está de capa y capote caídos. Y la España, especialmente la urbana, mayoritariamente aborrece o ignora de una forma u otra unos festejos que han quedado como congelados en la memoria de nuestros mayores.

Pienso, y desde hace ya mucho tiempo, que la llamada fiesta de los toros quedará extinguida o reducida a expresiones minoritarias. Y que las formas de tauromaquia más agresivas como el famoso toro de la Vega serán prohibidas en un tiempo histórico razonablemente corto. El mismo pronóstico defiendo sobre la desaparición de cualquier forma de apoyo público y oficial a las fiestas taurinas. Dicho esto, me parece que los movimientos contra la fiesta de los toros pueden acelerar algunos procesos y, paradójicamente, retrasar otros. Sirvan de ejemplo las expresiones odiosas que algunos han lanzado burlándose de la muerte del torero de Teruel de estos días. Esas expresiones generan un victimismo en los defensores de la fiesta que, sintiéndose agredidos, pueden generar simpatías entre una población menos comprometida.

Dejemos que sea el tiempo quien encuentre una solución a estos malestares y procuremos debatir con normalidad y racionalidad siempre que sea posible.

10 de mayo de 2014

Dietas, manías y modas alimentarias

Gazpacho
El gazpacho, genial creación gastronómica. Foto de Roger Ferrer con licencia CC


Cada día veo mas propagandas en facebook a favor de dietas milagro o de supuestas prácticas alimenticias que salvan la salud y te dan longevidad y calidad de vida. Tengo que decir que la gran mayoría de estas ideas son puro fraude.

Respeto todo tipo de formas de vida. A mi que una persona sea vegetariana o vegana o amigo de las proteínas me parece muy bien siempre que no pretendan aleccionar al resto de los mortales con propagandas. Yo no voy por la vida propagando la fe curativa de las croquetas de bacalao ni la animadversión al chorizo de Pamplona por su odioso aderezo pimentonero.

Dicho esto recordaré, sin embargo, algunas cosas. La primera, nuestra estirpe, la del homo sapiens, es la que es gracias a hechos como haber practicado durante millones de años una dieta omnívora. La segunda que como consecuencia de haber inventado el fuego hemos recibido alimentación cocinada y calentada, ganando con ello acceso a muchos nutrientes imposibles de obtener de otra forma, especialmente proteínas de origen animal. Y la tercera: la revolución neolítica y el gran invento de la ganadería nos permitió acceder, no sin la ayuda de un enorme cambio genético de adaptación a la lactosa que no era propio de la estirpe, al consumo de la leche animal y también a la ingesta de semillas y plantas modificadas por los procesos agrícolas . Esas tres cosas han hecho de nosotros lo que somos. No es obligatorio que rindamos culto a las tres cosas evidentemente pero si es bueno que sepamos de donde venimos.

Ahora vemos como por ejemplo se ponen de moda dietas crudívoras o el consumo de productos sin lactosa, incluso el consumo voluntario de productos sin gluten. Si no estas afectado de problemas de intolerancia a la lactosa o si no eres celiaco eso no deja de ser una excentricidad o la búsqueda de un nuevo modelo de humanidad basado en dietas sin conocer el resultado de las mismas. A ver quien es el guapo que nos dice que la humanidad del futuro será mejor gracias a esas dietas revolucionarias. ¿Mejores en que?

Los medios nos dicen un día que lo mejor son las sardinas y lo peor la leche, Otro día que lo bueno es la carne de pollo. Aquel científico de allá nos hablará de la quinoa o de una hierba africana. Otro echará pestes, hoy de la mantequilla y mañana del aceite de oliva según que laboratorio pague. Aquellos otros nos dirán que el café combate no se que enfermedad y los de enfrente que el café es la causa de esa misma enfermedad. Es posible que en el futuro existan herramientas que nos ayuden a hacer dietas y a recomedar o desaconsejar productos para consumir. Falta tiempo para ello pero lo que si sabemos es que cada persona necesitará un consejo adaptado a sus propias circunstancias. Por ejemplo se cuenta por ahí la historia de que con un análisis de sangre se puede saber que cosas te sientan bien y cuales mal. Eso es una auténtica patraña. Hasta que no tengamos herramientas de análisis molecular eso no existe.

Ahora bien ¿Es que no podemos hacer nada para mejorar nuestra dieta?
Pues claro que podemos hacer muchas cosas. Incluso cada uno de nosotros sabemos que cosas no sientan peor o mejor. Otra cosa es que tengamos la voluntad de dejar aquello que nos da placer. Sabemos que siendo el azúcar necesario la civilización actual es consumidora de azúcares en una abundancia enfermiza. Y el azúcar no es solamente los terrores, casi todo lleva azúcar en nuestra dieta. Sabemos que tendríamos que comer menos de todo. Sabemos que fumar es malísimo y que el alcohol solo es bueno o aceptable en la debida proporción. Sabemos que con la mejor dieta del mundo no mejorará nuestra salud si no lo acompañamos de ejercicio y actividad.

"Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago." decía el insigne. Grande Covián, un gran médico español, decía que la mejor receta es comer un poco de todo. Con eso arriesgamos lo justo. Orientar nuestra dieta al consumo maniático o monotemático de tal o cual alimento es como mínimo una aventura.

Perdón por el rollo. Y a disfrutar de todo.

4 de marzo de 2013

Las fiestas de los Quintos

Quintos y quintas en el pueblo riojano de Pradejón. Foto tomada de la estupenda web del Ayuntamiento de esa localidad.

 Esta entrada en el blog está dedicada a mis amigos de la mili en el Sáhara Occidental Español.

El servicio militar obligatorio estuvo en vigor en España desde 1912 hasta el 2001. Anteriormente, a lo largo de todo el siglo XIX, si bien existía la obligación de incorporarse a filas las posibilidades de “escaquearse” eran muy amplias. Se podía redimir la obligación pagando una cuota, los famosos “soldados de cuota”, o consiguiendo alguna prebenda oficial para conseguir ser sustituido en el servicio por otra persona. Aquello permitía que los hijos de las familias pudientes se librasen de la “mili”.

De esa época vienen refranes y coplas populares como la que se cantaba en Extremadura:
"Si te toca te jodes
que te tienes que ir
que tu madre no tiene
dos mil reales pá ti,
a la guerra del moro
a que luches por mí".
Aquello era de una injusticia tan manifiesta que ir a la mili era considerado como algo propio de las clases más humildes o bien de aquellos que hacían del ejército su forma de vida, que no eran pocos. Decía que en 1912, y a consecuencia de las grandes movilizaciones populares como la famosa Semana Trágica de Barcelona de 1909 que protestaban por la muerte de cientos de chavales en la guerra de África, aquel régimen semifeudal desapareció pero eso no es estrictamente verdad. Siguió existiendo, incluso en la misma II República, el concepto de “soldado de cuota” que si bien no te libraba del servicio, lo hacía más breve o evitando la presencia en las unidades militares más lejanas o más peligrosas, lo que no era moco de pavo en aquellos tiempos de las guerras africanas.

Tuvo que ser Franco, en 1940, quien definitivamente acabase con ese sistema, aunque de todos es bien conocido que de alguna forma las clases más ricas del país conseguían mejores destinos para sus hijos. O que existían formas más leves de prestar el servicio obligatorio como las Milicias Universitarias. Ser hijo de viuda o trabajar en algún sector estratégico de la economía también podían ser clases de exclusión del cumplimiento de la mili.

Pero ¿de dónde viene esa expresión de los quintos? Pues eso viene de los tiempos de Carolo III- el de la Puerta de Alcalá- que le dio por  dictar una Ordenanza en la que uno de cada cinco jóvenes en edad militar (las famosas Quintas), entre los 18 y los 40 años y mediante sorteo, tendrían que incorporarse cada año al Ejército. Sus nombres se extraían del padrón de mozos que formaban el censo militar. Ir a la mili era "servir al Rey". En algunas épocas posteriores ese régimen fue cambiando y así por ejemplo en algunas regiones- y no por casualidad- como Cataluña, Navarra o el País Vasco, el sistema de reclutamiento era voluntario. Incluso durante la I República Española el ejército estaba formado exclusivamente de tropas voluntarias y remuneradas, como ahora mismo.

Antiguamente los soldados se reclutaban a la fuerza si la situación militar así lo requería o bien entre gentes de mal vivir que encontraban con esa forma de incorporarse a los ejércitos una manera de sobrevivir gracias a los pequeños sueldos- las soldadas- que recibían en campaña.

El nombre de quintos pasó a formar parte del vocabulario popular y con ese nombre se ha conocido hasta casi nuestros días a los jóvenes que sorteaban en las respectivas cajas de reclutamiento existentes en todas las capitales de provincia. El sorteo, el saber a qué cuerpo o a qué localidad te mandaban era todo un acontecimiento que determinaba el futuro de muchos jóvenes y de sus familias. Cada año, reemplazo, el sorteo se convertía en un espectáculo de gran seguimiento y era tradición celebrar fiestas en los pueblos y en los barrios. 

Tenía su importancia aquello del sorteo. La suerte se inclinaba de un lado o de otro. Si te resultaba favorable te tocaba servir en un regimiento de tu provincia y seguir estando en contacto con tu familia. Si te era muy desfavorable podías acabar en algún destacamento perdido en las arenas del desierto del Sáhara. Te podía tocas Ceuta o Melilla. O aviación. O la Armada. Por supuesto que luego en cada unidad de destino las cosas podían también mejorar o empeorar. De nada bueno te servía prestar el servicio al lado de casa si te tocaba luego hacer más guardias o servicios que Cascorro. Al revés podías ir destinado al Sáhara y chuparte una mili de puta madre, relevado de servicios de guardias y cocinas. Metidito en una oficinita por la que no pasaba un oficial ni en días de luto.

Gracias a respuestas de amigos de la mili he conseguido tener una pequeña descripción sobre las distintas formas de celebrar aquel acontecimiento del sorteo. Esto es lo que me cuentan:

Andrés Salanueva. Yo soy de un pueblico pequeñico de Navarra, concretamente de Arróniz y sí que celebramos los quintos. A mí me tocó en enero de 1969, y recuerdo que lo celebramos en navidades. Quintos y quintas (entiendo que eran las novias o las amigas de los quintos) apañábamos un gorro de soldado y salíamos a pedir por las casas y los bares. Alquilábamos tres o cuatro músicos y nos pasábamos toda la mañana pidiendo por las casas. Buena comida, buen baile y luego buena cena. Se me olvidaba lo primero: la misa y una visitica a las monjicas.

Francisco De Miguel. Yo si recuerdo que en Madrid el día del sorteo vendía unos cartelitos con la bandera española que ponía África o España y se los ponían en la solapa. Y un gorro de soldado de cartón. Iban por las tascas celebrándolo. A los de África les solían invitar.

Antonio Peña. En el pueblo de mis padres y mis abuelos en la comarca de los Monegros los quintos ese día pagaban una orquesta y se celebraba un baile. Se comía y se bebía. Sobre todo bebía. Se pedía permiso a la guardia civil y te dejaban hacer bromas, yo diría más bien que putadas. Por ejemplo marchaban de noche al pueblecito de al lado que tenía las calles de tierra y se las labraron todas. Al otro día la guardia civil les hizo que fueran dejar las calles como estaban antes.

Joan Roger. En mi quinta, organizamos un "guateque" en una discoteca de Blanes y con las ganancias obtenidas celebramos una cena con votación de madrinas incluido. Creo recordar que éramos unos 30 poco más o menos. La discoteca era la San Antonio (hoy ya desaparecida) y el grupo musical creo recordar eran Los Diablos. Hasta la desaparición de la mili obligatoria esta era una tradición habitual en Blanes.

Si quieren ustedes una información más amplia sobre las fiestas de Quintos un alma caritativa le dio por realizar una muy buena investigación sobre la materia y la colgó en la Wikipedia. Como decía el Guerra: hay gente “pa tó”. Incluso algún antropólogo de guardia ha tratado de analizar las fiestas de los quintos en la mejor tradición del análisis social de los ritos de paso de la masculinidad.

En este caso la foto corresponde al pueblo de Guadarrama en la sierra de Madrid. El original está en la web Los Quintos.
Por supuesto que sobre la mili se pueden escribir libros enteros. De hecho suele ser propio de los abuelos contar batallitas y enseñar a sus nietos las fotos de la mili en Ceuta. Incluso algunos llevan su pasión narradora a extremos como reunirse entre ellos para contarse esas batallitas de juventud. Por cierto que este fin de semana me toca asistir a una de esas tenidas. Esto de la mili imprime carácter. Pero en esta ocasión solo se trataba de escribir sobre las fiestas de los quintos.

4 de diciembre de 2012

Decrecimiento. A la fuerza ahorcan

Entrevista con Garret Hardin, uno de los grandes "profetas" de las teorías favorables al cambio de sistema económico mundial por razones ecológicas y civilizatorias.



La idea de que este mundo tal como está planteado no es viable es tan vieja como la misma civilización. De siempre han existido apóstoles y profetas a favor del cambio radical de las pautas de comportamiento social. Los primeros cristianos. Los cátaros en la edad medieval europea. Los utopistas en las edades modernas. Los comunistas utópicos creadores de falansterios en la era del primer capitalismo. Los hippies de nuestra juventud. Hay una línea del tiempo a lo largo de la historia y de las civilizaciones partidaria de la vida sencilla y virtuosa y es muy posible que esa corriente filosófica eterna alcance sorprendentes cotas de popularidad en nuestro tiempo. A veces puede que venga cargada de espíritu milenarista y a veces adoptará una simple formulación práctica y alejada de cualquier perfil combativo.

Hoy si algo podemos tener claro es que el decrecimiento vendrá pero forzado por los acontecimientos y las circunstancias. Y que afectará a una parte de la sociedad, la mas vulnerable: las clases pobres y medias de las sociedades occidentales. Esas poblaciones, junto con aquellas marginadas por la globalización en inmensas áreas del mundo- África, América Latina y regiones asiáticas- tendrán que buscarse la vida en territorios fuera de los mercados oficiales a través de movimientos solidarios-la vieja solidaridad-,cooperativos, informalidad fiscal, autoconsumo, etc.

Los afortunados detentadores de renta seguirán observando pautas de consumo cercanas a las actuales sin detrimento que en su seno se vayan instalando corrientes filosóficas partidarias de una vida más sencilla, de unos modos de consumo más sostenibles, etc. Los nuevos ricos, fracción creciente del poder financiero, se comportarán como eso, como nuevos ricos, y harán del consumo suntuario una de sus señas de identidad. Nada nuevo, por cierto. Recuperen ustedes el gusto por los escritos de Thorstein Veblen y verán.

La idea de las tres revoluciones industriales, motivo de reflexión que nos invitó a escribir estas líneas, no deja de ser una construcción ideológica para facilitarnos la comprensión y la simplificación de fenómenos muy complejos. Por ejemplo, sería oportuno destacar como la segunda y la tercera revolución se imbrican entre ellas a través de las tecnologías robóticas. O como las tecnologías de la información han permitido desarrollar programas de formación y de capacitación para técnicos y trabajadores de las industrias típicas del segundo ciclo desarrollista en países como china o India. De alguna manera la tercera revolución ha permitido que la segunda alcance su máxima expresión.

Son muchos los científicos que mantienen que el ciclo de explotación de la tierra no ha tocado techo y resuelven la teoría de los “recursos limitados” de forma radical. Apuestan porque nuestro planeta está por descubrir en una gran parte como objeto de explotación. De forma literaria algunos hablan de que nuestro planeta debería llamarse Mar y no Tierra. En el mar, según los portavoces de estas teorías neodesarrollistas, tendremos la respuesta a la precariedad energética mediante el descubrimiento de nuevos yacimientos submarinos de petróleo y otras fuentes de energía. Que en el mar está la respuesta a muchas preguntas nacidas de las industrias biotecnológicas, etc. Si añadimos a esto el dogma de la teoría de la sustitución- ese fenómeno por el cual a partir de un coste determinado existirían incentivos para el cambio de materias primas o de tecnologías de producción y consumo- no deberíamos tener dudas sobre lo lejano, para esas mentes, de un mundo obsesionado por el decrecimiento. Con esa fe tecnológica resuelven de una tacada los problemas medioambientales y las crisis sociales derivadas del mal gobierno. Felices ellos.

Algunos, más románticos o alucinados, entre los partidarios del crecimiento eterno, llegan a contarnos historias de ciencia ficción sobre nuevas fronteras planetarias y aventuras en los cielos que nos permitirán seguir manteniendo el modelo depredador de la naturaleza a escala estelar. Deben haber visto muchas películas de guerras de las galaxias pero ¿y si tuvieran razón? Puede que nuestra generación de abueletes no lo veamos. ¿Pero podemos afirmar lo mismo para las generaciones del próximo futuro?

El capitalismo ha avanzado siempre a costa de procesos de innovación tales como
-innovación expansiva. Por ejemplo el Ford T o, ahora, la economía en la nube. Se transforma todo un tejido económico gracias a la emergencia de un nuevo sector productivo que crea empleo y nuevos negocios. A veces estas innovaciones pueden ser disruptivas, pueden alterar el equilibrio de sectores enteros. Por ejemplo el diseño gráfico por ordenador supuso la desaparición de sectores enteros de la economía.
-innovación de mantenimiento. Se trata de hacer lo de siempre pero con procesos mejorados. Por ejemplo, el Toyota Prius. Se defienden empleos, no se crean empleos nuevos pero suponen una forma de mantener estructuras.
-innovaciones de eficiencia. El caso de las miniacerías. Reducen el coste de fabricación y su distribución. Reducen los empleos pues los racionalizan pero evitan destrucción de sectores enteros al tiempo que liberan capitales que ahora se pueden dedicar a otros procesos innovadores.

Del equilibrio entre estos formatos de innovación surgen procesos virtuosos o enfermizos en materia de empleo y de paz social. Y hoy los técnicos, los economistas y los sociólogos, no se ponen de acuerdo en cómo incentivar un proceso de innovación sobre otro. Hay seguridad, sin embargo, en que el orden fiscal y económico actual no favorece la puesta en marcha de innovaciones expansivas.

El capital abunda y es barato pero ya no podemos medir su eficiencia en términos particulares. Hay que buscar objetivos de cambio social positivo y ello es incompatible con el capitalismo que conocemos orientado en exclusiva al beneficio particular. Hasta ahora hemos hecho frente a esta situación mediante el control por el Estado  de eso llamado el “bien común” y por la práctica “humanística y responsable” de algunos sectores del capitalismo comprometidos con la sociedad. Eso se ha acabado pues el Estado ha dimitido de su vocación y las empresas se han desvinculado, debido a la crisis, del gobierno de la política. Incluso sectores enteros del pensamiento liberal se han adelantado a las circunstancias y han construido toda una ideología ácrata capitalista partidaria de la destrucción del Estado o cuanto menos de su reducción a su mínima esencia.

Todo ello nos lleva a pensar en cuales sean las estrategias de fortalecimiento del Estado si es que acaso existen fuerzas políticas y movimientos sociales que apuesten por esa conducta, por el control de la globalización y por nuevas políticas fiscales que obliguen al empresariado y a los poseedores del gran capital a plantearse una nueva ética a cambio que se le facilitan recursos para invertir en innovaciones socialmente útiles. Este será el terreno posible de emergencia de un nuevo pacto social. Y a escala global, pues al final tendrá razón don Carlos Marx en aquello de que la única revolución será mundial o no será.

Pero todo seguirá pendiente durante un largo trecho de factores políticos de muy difícil manejo para conseguir renovar ese viejo pacto social construido a lo largo del siglo xx y especialmente a partir de los años 30 y 40 entre el liberalismo y el socialismo. El pacto por el cual los socialistas aceptaron el mercado y los liberales el estado del bienestar. Gracias a ese pacto pudo construirse la democracia moderna de masas. Vivimos todavía, formalmente, en ese pacto pero desgraciadamente hay fuerzas empeñadas en anularlo e imponer por la fuerza un retorno a viejas fórmulas capitalistas lo que tendrá como consecuencia también el retorno de viejas retóricas anticapitalistas. Pero ya no serán las cosas igual. El capitalismo difícilmente tendrá una salida dickensiana y el comunismo y el fascismo no serán aceptables para la gran mayoría como respuesta. No digo yo que las respuestas sean mejores, probablemente sean peores, por lo que puede que el miedo al vacío genere esos movimientos alternativos y la búsqueda de un nuevo consenso social.

¿Saben que les digo? Que de esto del nuevo pacto social tendremos que seguir hablando. Lo que tiene uno que inventarse para mantener el blog….
 

21 de noviembre de 2012

Cervecerías de ayer y de hoy. La de Santa Bárbara por ejemplo



Isabel Gea, la mas formidable cronista de Madrid, nos sirve desde hace unos meses en su nuevo blog flashes informativos- esto de flash no suena muy madrileño ¿que tal píldoras- extraidos de sus múltiples libros sobre nuestra ciudad o de su constante ingenio en encontrar noticias ciudadanas. Hoy mismo nos proporciona una lista de las fábricas de cerveza instaladas en Madrid en las primeras décadas del siglo XIX, que es cuando el rubio líquido adquiere carta de identidad en las hábitos de los madrileños.

Eran los nombres de estas fábricas, tal como se relata en el libro de la autora titulado “Curiosidades y anécdotas de Madrid”, Isabel Gea. Ediciones La Librería. 10ª edición. 6,50€. Ediciones La Librería: "Libertad, Santa Bárbara, Bastero, Leganitos, Universidad y la Real Fábrica de Lavapiés, siendo la más antigua esta última".

La foto de arriba, tomada esta misma semana, corresponde a la Cervecería Santa Bárbara, sucesora de la histórica fábrica de Santa Bárbara, instalada originalmente y desde 1815 en la calle Hortaleza 2. Como hasta 1835, creo recordar, los números de las casas y de las calles no se regían por el principio de órden actual señalado por su cercanía a la Puerta del Sol que introdujo uno de los mejores alcaldes de Madrid, el Marqués Viudo de Pontejos, y a instancias del mismo Mesonero Romanos, según cuenta este último en sus memorias, no sé donde se localizaría el número 2. La web de la cerveceria no nos lo aclara, posiblemente para crear esa atmósfera de continuidad histórica con el local de la Plaza de Santa Bárbara.

Sea como sea, la decoración de la actual cervecería está muy lograda y el otro día me preguntaba que diferencias encontraría Pérez Galdós si por esas casualidades de la vida resucitase y diera con sus pasos en la misma. Seguro que le llamaría la atención la iluminación comparándola con las luces de aquellos años. La vestimenta del personal y del público seguro que también. Las viandas y las bebidas puede que menos. Este era un menú tradicional de la época según el mismo Galdós- texto recogido en la web de la cervecería y procedente de los Episodios Nacionales-:
"... su almuerzo, el cual, según después observé, era el mismo todos los días. En la propia mesa de su despacho le sirvieron una chuleta con patatas, una ración de queso Gruyère y un vaso de cerveza de Santa Bárbara. Cuando vino el mozo del café a recoger el servicio, don Francisco le pagó de su bolsillo, y seguimos trabajando."
Pero, sin duda, el elemento que le chocaría profundamente a nuestro literato se lo pueden imaginar ustedes: la presencia, abundante presencia, de mujeres entre el público de la cervecería...

Por cierto, estoy terminando de leer y de apuntar el libro de memorias de Mesonero Romanos. Prometo volver al blog con noticias del mismo. Es muy interesante.

Mas cosas. Si quieren ustedes leer una resumida crónica histórica sobre las cervezas en Madrid no duden en visitar un post del periódico digital Somos Malasaña escrito por Luis de la Cruz, magnífico nombre para un cronista de nuestra ciudad.



28 de octubre de 2012

Los viejos cobradores

Ibañez- sobre todo gracias a su creación 13, rue del Percebe- ha sido uno de los mejores "historiadores"- no por nada su oficio recibía también el nombre de historietista-, que mejor supo contar la vida cotidiana de la España de los 60.



Recordaba el otro día a Artis Mutis, una vieja institución que durante muchos años distribuía, y sigue distribuyendo, la obra de artistas que pintaban con el pie o con la boca por mutilación de la extremedidad natural para el arte que no es otra que la mano.

Pasaban los agentes de Artis Mutis por las casas con un pequeño paquete lleno de postales dos o tres meses antes de navidad. Aquellas postales servían como felicitaciones de navidad o “crismas” en lenguaje de la época. En enero volvían por las casas para cobrar o para recuperar el paquete.

El cobrador de Artis Mutis era uno de los muchos practicantes de ese viejo oficio del cobro de los viejos tiempos. Eran multitud. Por las casas pasaban al cobro el agua, la luz y otros muchos servicios como los seguros, sobre todo el de entierro. Y en los tranvías y los autobuses los cobradores y sus carteras en bandolera formaban parte del paisaje habitual de las ciudades.

También eran frecuentes las visitas del casero para cobrar la renta a los inquilinos. Muchísimos oficiantes de tantas profesiones desaparecidas pasaban por las casas a realizar sus trabajos y a practicar el cobro correspondiente por los mismos. El sillero, el paragüero, el colchonero-al que ya tuve ocasión de evocar en el blog-, el barnizador de muebles. A las casas devotas iban y venían con frecuencia los santeros, que eran unos señores y señoras que te traían a casa a una virgen o a un santo en una caja hornacina. Y el párroco a traer la comunión o dar la extremaunción a los abuelos que entonces se morían mas veces, ahora no se mueren nunca.

Tiempo después se fue haciendo común la presencia de profesionales, a medias vendedores, a medias cobradores, como los de los de los clubes de lectura. Te entregaban el libro del mes y te cobraban la cuota correspondiente. Los de la iguala del médico. Los practicantes a ponerte la inyección.

El caso es que las casas estaban animadísimas siempre, ya te digo un constante entrar y salir, un desfile. El timbre de la puerta sonaba con mayor frecuencia. Ahora ya no lo toca ni el cartero. Hablando de carteros, en aquellas épocas las casas no estaban dotadas de buzones particulares con lo que era el portero o portera, que no faltaba en ninguna casa por humilde que fuera, quienes se hacían cargo del cometido de la distribución de la correspondencia menos en el caso de los telegramas o los giros postales. Dudo que nuestros jóvenes sepan de que va eso de un telegrama o un giro postal.

Había otro elemento de aquella fauna visitadora con un arraigo social impresionante. Todavía sigue exisitiendo en algunos lugares. En Andalucía le llamaban “el ditero”. En Madrid era el placista, el prestamista y en según que casos el telero. Les contaré de que iba el negocio de tan extravagantes personajes. Una familia necesitaba una manta o unas sábanas o un mueble, cualquier cosa en realidad. El ditero te mandaba con una tarjeta o te traía a casa el objeto y a partir de ese momento pasaba todas las semanas o todos los meses a cobrar un plazo. Ganaba por dos partes pues se quedaba el descuento de los comernciantes y el interés que cobraban a las familias. Es fama que algunos hicieron fortunas con este sencillo esquema financiero. El que fue presidente del Betís si uno se cree lo que dicen las malas lenguas era uno de ellos. Decía que en según que casos este oficio lo desempeñaba en Madrid un personaje llamado telero. Eran estos unas personas que se acercaban por los barrios con el género en mano y te lo vendían al contado o a plazos. A veces lo cambiaban por cosas que tu pudieses tener como muebles antiguos por ejemplo.

El caso es que el mundo ha cambiado mucho. A aquellos prestamistas no había FMI ni autoridad bancaria europea que les controlase. Y por supuesto de rescate nada. Si alguna vez las familias dejaban de pagar pues mala suerte. Ellos ya sabían a quien prestar y a quien no. Además existía una especie de código de honor. Hay que tener en cuenta que casi todo el mundo acudía al crédito del tendero, del panadero o del lechero. No era cosa buena dejar a deber pues enseguida todo el mundo lo sabía. Lo mejor en esos casos era abandonar el barrio. Hoy las gentes estamos entrampados hasta las orejas pero los bancos no nos mandan a los cobradores. Nos mandan a los jueces. Menos mal que parece que los jueces de hoy se están cansando de ser los malos de la película y están tratando de conseguir que las leyes de deshaucio se cambien. 


¿Y del aguinaldo, saben ustedes que era aquello del aguinaldo?


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