20 de enero de 2008

UNA VEZ MAS HABLAMOS DE LA PLAZA DE OLAVIDE


“Ese corazón secreto con el que late Chamberí”. Así retrata Rafael Reig a la plaza de Olavide. En otros tiempos fue la tripa, el hígado y los riñones. Hasta que en 1974 un malhadado regidor de la villa y corte decidió dinamitar el mercado municipal que construyó el arquitecto Ferrero en 1931 y que a su vez era continuación de una vieja estructura, procedente por cierto de unos restos del Mercado de la Cebada, que cubría desde 1875 una serie de puestos callejeros. Esa historia de derribos la ha contado extraordinariamente bien mi amigo Enrique en su blog.
Ya he contado algo de Olavide al hablar de Chamberí. También he traído a estas páginas escenas diarias de la vida de la plaza y del barrio. Digamos para ofrecer un pequeño apunte histórico que Olavide surge de una fuente entre calles y que se mantiene como una casbah indestructible en la cuadrícula que el plan de ensanche de Castro prevé para el barrio desde mediados del XIX.
Hasta entonces todo el perímetro que hoy se contiene entre Santa Engracia por el este, Luchana por el sur, Fuencarral y Bravo Murillo por el oeste y José Abascal por el norte no era mas que un descampado extramuros de la ciudad floreado de algún viejo convento y alguna mansión de placer. Si acaso campamento gitano al que llegó la gitana Preciosa de Cervantes.
Cuando las costuras de la vieja y endeble muralla entre las puertas de Santa Bárbara y la de Fuencarral se desbordan ya estamos en 1820-1830. Las 200.000 almas que habitan Madrid buscan nuevos espacios y estos andurriales se convierten en una especie de pequeña medina sin orden ni concierto. Casas de lenocinio, talleres de carpintería, granjas de porcino, tejares- con esa denominación de Tejares se conocía al barrio en aquellos años- mas un universo tabernario que daba miedo a los coetáneos. En 1837 el ayuntamiento empieza a preocuparse. El alcalde Lino Campos escribe “este municipio no debe mirar con indiferencia la construcción de unas miserables barracas, asilo de ladrones…”. Parece que cuesta arrancar en tales propósitos fiscalizadores pero el caso es que 20 años después Mesonero Romanos habla de “muchas calles rotuladas y alumbradas de noche, quince o veinte fábricas, baño hidroterápico, fondas y casas de recreo, escuelas, boticas, tiendas, almacenes, jardines y paseos…”. Este Mesonero debía de ser algo pelota pero no cabe duda que algo había cambiado. Por ejemplo en 1856 se construye el primer depósito del Canal de Isabel II, precisamente en lo que es hoy la glorieta de San Bernardo.
El plan Castro arranca, aunque en esta parcela del barrio centrada en lo que es hoy la plaza de Olavide tiene que transigir con la vieja estructura anárquica. De aquella época anterior a 1850 yo creo que no queda nada en el barrio. Casas de una altura que yo conozca solo queda una en la calle de Sagunto a la izquierda según comienza la calle. Pero a partir de 1860 la locura: casas de dos, tres y cuatro alturas. Se puede decir que para 1890 prácticamente todo el barrio que hoy disfrutamos ya tenía la configuración actual. De las construcciones mas antiguas de esa época algunas de la calle de Olid, especialmente la del número 7, una propiedad del Metro de Madrid. Alguna corrala en Trafalgar, numero 33, y las casas 8, 10 y 12 de Trafalgar. Sin embargo muchas de los 80 y 90 quedan en pie. Se sabe que en este barrio se empezaron a construir casas con estructura de hierro. Si visitáis por ejemplo el restaurante italiano Il Casone, en el lado norte de la plaza, podréis ver unas estupendas columnas a lo Eiffel que dan cuerpo a todo el edificio.
De barrio de chisperos y bailongos Olavide y Trafalgar pasan a ser barrio de clases medias. De industrias medievales a industrias modernas: fábricas de gaseosa, carpinterías modernas como la de Dato- milagrosamente conservada gracias al restaurador- en el sentido gastronómico- Paulino de la calle Jordán. De casas pobretonas a magníficas residencias burguesas que van incluso mejorando a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, llegando a cimas de la arquitectura civil tan maravillosas como muchas casas de la calle Viriato entre Trafalgar y Santísima Trinidad u otras de Juan de Austria o Luchana. Casas neomudejares como la de Álvarez de Castro esquina Viriato o calle Castillo esquina Santa Feliciana. Edificios modernistas como uno de Luchana esquina Eguilaz y hasta edificios de carácter étnico, en este caso sevillano- andaluz como el que sirve de sede al restaurante La Giralda de la calle Hartzenbush. Por no olvidar el edificio del hospital Homeopático del 1874, del que ya he hablado en este blog.
Pero el trazado de calles como Cardenal Cisneros, Olid, Palafóx, Justiniano, Murillo y otras pocas conservan el viejo carácter de aquellos viejos años. Y por supuesto la octogonal Olavide. La plaza no parece deber su nombre al ilustrado Pablo de Olavide como es pública creencia. De hecho, y no por influencias de la carcundia, el ayuntamiento quiso cambiarle el nombre en alguna ocasión por plaza de la Industria o de la Princesa.
Monumentos pocos pero muy significativos. El de los Chisperos en el cruce de Luchana con Trafalgar, de Coullaut Valera que representa a las figuras señeras de nuestro teatro musical: de la Vega, Ramón de la Cruz, Barbieri y Chueca. Y por supuesto nuestro jefe: el gran Quevedo que señala con su mirada hacia el viejo Madrid, invitándonos a marchar cual ejército popular a ocupar los espacios centrales de la ciudad. Por cierto que Quevedo, obra de Querol, vino a sustituir a la de Lope de Vega de su actual emplazamiento. El baile de las estatuas en Madrid ha sido siempre una de las grandes especialidades coreográficas de nuestra ciudad.
Estoy contando todas estas historias de Maricastaña por culpa de un comunicante que preguntó recientemente si Fernán Gómez, por cierto que nacido en Lima como nuestro llustrado Olavide- esto se llama un bucle de la historia- y Haro Tecglen fueron vecinos del barrio. Fernán Gómez, en su autobiografía titulada Tiempo Amarillo, recuerda su niñez en Álvarez de Castro 4, 9 y 11. No mudaba muy lejos su corta familia compuesta por su madre y su abuela. Cosas de los alquileres de la época. Haro, el niño republicano y primer bloguero literario de Madrid, vivía por Valle Suchill pero visitaba Olavide, sus terrazas, con frecuencia acompañado de sus perros y sus hijos pequeños. Irene Falcón, colaboradora de Pasionaria y esposa de Arconada y que en realidad se llamaba Irene Carlota Berta Lewy , también nació y vivió en el barrio, en la calle Trafalgar y así lo atestigua en sus memorias. Por aquí se pasaba a la hora del vermú Angel González a tomarse una margarita y Kiko Veneno a tomarse sus cervecitas con su amigo Fernando- por cierto Fernando que alegría verte por la calle el primer día después de tu operación-.Gentes del cine como Cesar Fernández Ardavín y toda su original y creativa familia. Parece que este barrio es propicio para el gremio de los peliculeros. Por aquí vivieron Carmen Maura y Verónica Forqué. Y en la actualidad la habitan cómicos muy conocidos de la TV, guionistas y gentes de la radio. Por supuesto que es un barrio muy atractivo para los juntaletras y es fácil ver por sus calles a gentes como Reig, uno de los mejores propagandistas de Olavide, Luis Landero y tantos otros. Periodistas como Umbral, que decía de Olavide aquello de “serpiente enroscada, maligna, decorada de ultramarinos y miradores”. Por Eguilaz, al otro lado de Luchana, se pasaba de noche Ramón Gómez de la Serna para visitar a su amante Colombine, la almeriense Carmen de Burgos, primera de nuestras feministas y periodistas militantes. Baroja fue un buen retratista de las gentes del bronce de estos distritos. En La Aurora Roja hace unos extraordinarios retratos de ese Madrid popular y barriobajero de la época de la restauración. Aquí estuvo la barraca cómico-lírica llamada El Molino Rojo si es que nos interesa hablar de teatro.
Que decir del hoy de la plaza de Olavide. Es una plaza alquilada por horas. Hay horas para los católicos borrachuzos polacos. Para los jóvenes latinos de Guayaquil y Santo Domingo. Para los jubilados adoradores del sol. Para los paseantes de perros de todas las razas. Hora para los evangélicos del templo de Trafalgar. Para los judios del sábado de la calle Balmes. Para los parroquianos de Santa Feliciana y su simpático curilla. Para las familias de derechas o las de izquierdas. Alquilada por horas por los jóvenes gafapastas y los músicos de jazz venidos de Buenos Aires. Olavide es una propiedad compartida, un part time avant la lettre, un pandemonium de gentes que se buscan la vida y que la disfrutan. De jugadores de ajedrez, de comedores de tortilla con pimientos, de maestros en las artes de ver pasar el tiempo, gloriosa especialidad de la vida.
Que tontas son estas tardes de domingo….
Por favor cualquier información que tengáis sobre Olavide. Gentes que la habitaron. Curiosidades urbanas. Todo lo que contribuya a hacer el wiki de la plaza estáis invitados a pasar por comentarios. Se aceptan cotilleos. Hay mucha tela que cortar en este barrio….
Publicar un comentario
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...