1 de febrero de 2006

Un día en Olavide


7 de la mañana

Doña Silvia pasea a su caniche y no se atreve a soltarle por temor a los grandes perros de la plaza. Una asistenta dominicana se apresura para llegar a tiempo a casa del Señor Miguel. Diego ha abierto la panadería hace ya rato.

9 de la mañana

Arturo vuelve de desayunar del Brillante. Ha comprado El Pais en el quiosco de Mariano. En la puerta del BOE unos funcionarios, siempre son los mismos, fuman ávidamente el primer cigarrillo de la mañana. Hace frío. Se estiran las mangas compulsivamente.

12 de la mañana

Ya hay cola en el DIA de la calle Trafalgar. Los polacos empiezan a discutir sin apenas dar voces. Que distintos son los borrachos polacos de los españoles.

Los empleados de jardines recogen las bolsas verdes. Una chica con pinta de extranjera toma el sol. En su MP3 brillan muchas lucecitas.

3 de la tarde

Los oficinistas de Tabacalera trotan de vuelta al trabajo después de tomarse el menú del día en Hermandades. Ya saben que es el sitio mas barato del barrio.

5 de la tarde

El chirrido del columpio despierta a Doña Justa de su siesta. Todas las tardes lo mismo. Que ruido hacen estos chicos. No irán al colegio, claro. La madre corre tras el niño con el bocadillo en la mano. El niño está gordo y rozagante.

7 de la tarde

Ya es de noche. Prisas en las tiendas y calma en los bares. En el Maracaná Silvia y su amiga hablan del hijoputa del encargado de la tienda. Santiago las mira con discreción. En el Méntrida dos viejecitos hacen cuentas en una servilleta.

9 de la noche.

Otra vez los perros ladran. Doña Silvia sigue con su caniche bien amarradito. No sea que me lo desgracien. Lucía vuelve de la Escuela de Agrónomos. Siempre acelerada.

11 de la noche

Otra vez el Samur. Don Arturo se asoma al balcón. Nada. Parece que se han perdido.

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