10 de mayo de 2011

En la muerte de Ramón Fernández Durán


Puede que a muchos de los lectores del blog el nombre de Ramón Fernández Durán no les diga nada. Acaba de fallecer cuando su trabajo, sus ideas y sus reflexiones eran mas necesarias que nunca para las gentes de izquierda de Madrid. Su forma de enfrentar la muerte ha sido por otra parte un ejemplo y una lección de dignidad y humanismo. Pero su vida y su trabajo ya han sido tan fecundos como para quedar incluido en nuestra pequeña nómina de nuestros mejores heroes civiles.

La fertilidad de su pensamiento como hombre de ciencia le llevó a elegir el combate ecológista como la mejor opción de servicio a la comunidad. Sus libros, sus centenares de artículos, quedan para nosotros como la mejor herencia.

Si fuese poco todo lo anterior ha tenido el gesto de firmar el último de sus escritos cívicos, Con una carta de despedida tan directa y potente como sensible, que es dificil leer sin que la mirada se te nuble, nos ofrece un testimonio de esperanza y de amor  a pesar de las terribles y severas condiciones de vida que cualquiera de nosotros podamos enfrentar. La historia de nuestro país, la muerte digna, la salud y la sanidad pública, la naturaleza, la crónica de una vida rica en acontecimientos, la ciencia y la universidad, la función pública, etc todo ello se amalgama en un escrito que nos hace volver los ojos a la mejor tradición clásica y pagana.

Como él ha querido ofrecer ese testimonio con plena transparencia ante sus amigos y ante la sociedad me parece que estoy en la obligación de reproducirlo copiado de las páginas de Rebelión en las que tanto trabajo dejó depositado. Es largo, pero creerme si os digo que cada palabra tiene sentido, cada frase es un regalo para el lector y en su conjunto es una de las lecciones mas imborrables que una persona pueda recibir en esta peripecia que llamamos vida.

“Morir no es sólo un instante, el cese de las funciones vitales sobre el que no podemos actuar, sino un proceso de afrontamiento de la finitud y de la fragilidad de la vida, de adaptación a la vulnerabilidad, de desapego de este mundo, al fin y al cabo el único que conocemos. Para morir en paz es necesario transitar este duro camino con tranquilidad. Es difícil, pero es posible. No se trata de pelearse contra el destino, ni de resignarse sin más a “lo que tenga que ser”, sino de trascender, vivir conscientes el tiempo de vida que queda”

Querid@s tod@s: os había prometido una carta de despedida, sobre todo después de la gran cantidad de correos tan bonitos y cariñosos que he recibido de vuestra parte, que no os he podido responder individualmente, y aquí me pongo a ello sin saber muy bien cómo saldrá. He estado pensando mucho estos días en qué es lo que quería decir. Me venía a la mente (y al corazón) un montón de cosas, y bueno, no sé, espero poder ordenarlas mínimamente y que cobren sentido al contarlas.

El por qué y el cómo decidí abandonar el tratamiento de “quimio”
Os conté en mi anterior escrito colectivo que habían decidido darme dos tandas de sesiones de quimio, en total 18 sesiones semanales, con un descanso a la mitad para ver cómo progresaba. Había puesto una esperanza razonable en ese tratamiento, pensando también que podía contribuir personalmente en el proceso de sanación a través de técnicas de control mental e inteligencia emocional, como hice la otra vez, hace ahora más de siete años. Y, además, pensaba acompañar el tratamiento oncológico de la medicina oficial con un tratamiento homeopático, apoyado por mi buena amiga Gloria, para intentar paliar los efectos colaterales más negativos de la “quimio”. Como hice igualmente la otra vez, y que me dio tan buen resultado. De todas maneras, yo percibía que esta vez iba a ser distinto, pues soy bastante más mayor que entonces, y estaba bastante más débil que en aquella época, debido a mis crecientes dificultades para ingerir alimentos. Cuando iba a empezar la “quimio” llevaba varias semanas que tenía que comer todo triturado, y aún así me costaba mucho tragar. Lo cual hacía que hubiera perdido bastante peso. 

Tras la primera sesión de “quimio” (¡de doce horas!), la más dura (una de cada tres serían así), salí bastante contento, pues llegué con mucho ánimo a casa y poco afectado, al principio. Los tres o cuatro días siguientes trascurrieron relativamente bien, aunque veía que los efectos de la “quimio” iban in crescendo. Pero cuando quedaba un día para la segunda sesión, de repente me dio un bajón brutal, y pensé que en esas condiciones no iba a poder soportar una nueva sesión. Fui al hospital (ya en silla de ruedas) para ver a la oncóloga, por cierto muy maja, y ella misma me dijo que íbamos a aplazar unos días la administración de la nueva sesión, pues me veía muy débil, y que prefería ingresarme en el hospital, enviándome directamente a urgencias. Ese día ya empecé a pensar si no era mejor tirar la toalla, y abandonar la “quimio”. Me veía incapaz de soportar 18 sesiones de “quimio”. Si en el primer asalto había quedado hecho unos verdaderos zorros, cómo iba a estar tras 18 asaltos. Pues knock out, y sin poder llegar seguramente al final. Y total para qué, para ganar un poco más de tiempo en el reloj de arena de la vida, si es que el tratamiento era efectivo, pero a costa de tener que atravesar un suplicio, que para nada me compensaba. 

Esa misma noche, bueno ya de madrugada, cuando me llevaban a la planta en la que iba a estar hospitalizado para recuperarme, iba pensando en todo eso, después de haber estado varias horas en Urgencias. Y en ese momento lo vi claro, y pensé que no valía la pena. Yo no quería algo así. Quiero vivir el tiempo que me quede, mejor dicho el que yo decida, con la mayor calidad de vida posible, dentro de un orden, para poder hacer las cosas que quiero. Entre ellas terminar algunos temas pendientes, pero también poder disfrutar de la vida, sobre todo con Ana, hacer quizás alguna escapada al cine con los amigos, darme paseos diarios, y algún extra más que luego os cuento, pero sobre todo tener tiempo para preparar la salida de este mundo en las mejores condiciones posibles, para mi y para la gente más cercana, dedicando también tiempo a despedirme de los amigos más próximos. Pensaba que no le tenía miedo a la muerte, pues es un tema que llevo pensando sobre él muchos años. Siempre había deseado poder decidir cuándo era el momento oportuno para dar ese paso, y pensaba que era el último acto de libertad y dignidad que debe tener una persona. Nunca había pensado alargar inútilmente la vida, y sobre todo en condiciones de cada vez mayor dependencia y precariedad de calidad de vida. ¡Para qué vivir así! La verdad es que no me compensaba en absoluto. 

Comunicando la decisión a mis seres más queridos 
 
Una vez tomada la decisión por mi parte el asunto era comunicarla de la mejor manera posible a aquellos que más quiero. A la primera a la que se lo comenté, por supuesto, al día siguiente (pues todos estos pensamientos los tuve de madrugada) fue a Ana. Ya le había adelantado el día anterior a ella y a una hermana muy cercana, que estaba pensando en tirar la toalla, pero había sido de pasada. De todas formas, cuando se lo comenté no le cayó de sorpresa total, pues habíamos hablado en las últimas semanas sobre estos temas. Pero en cualquier caso, fue un palo para ella, aunque me dijo que lo entendía perfectamente y que me iba a apoyar en todo lo que decidiera. Fueron momentos muy emotivos, como os podréis imaginar, pero también muy bonitos, que nunca olvidaré. Luego, se lo fui comunicando a mis hermanos, que como creo que os dije somos siete, bastante distintos, pero con una estupenda relación de respeto y cariño entre todos. Lo fui haciendo paulatinamente. Primero a mi hermana, Tito, la más cercana (aunque todos somos una piña), a la que ya le había adelantado algo el día anterior. Le afectó mucho también, pero me dijo que me apoyaba, aunque me expresaba también que necesitaba algo de tiempo para asimilarlo. Se ofrecía también a avanzar algo sobre mi decisión al resto de los hermanos, para que cuando vinieran a verme para comentárselo yo personalmente ya estuvieran mínimamente informados. Lo cual creo que fue muy importante, pues ella tiene una habilidad especial para contar las cosas, sobre todo de este tipo. Los siguientes a los que se lo manifesté fue a mi hermana Reyes y a José Mari, mi cuñado, en cuya casa estamos viviendo Ana y yo desde poco antes de empezar la “quimio”. Me parecía de rigor, pues, además, una de las decisiones que había tomado era que quería morir en casa, no en un hospital, y más en concreto en su casa, si lo veían bien; pues es donde estamos viviendo ahora y además me parecía el mejor lugar en estos momentos para dar ese paso. Lo entendieron perfectamente (algo ya les había adelantado Tito) y es más, ellos se ofrecieron para que pudiera hacerlo en su casa sin ningún problema. Son sumamente acogedores, y para mi fue estupendo que ellos lo vieran con esa naturalidad, siendo un tema que les va a implicar mucho emocionalmente. Luego lo fui hablando con el resto de hermanos (Chiruca, Lolita, Chita y José Andrés), que aunque algo noqueados al principio, lo entendieron también y me trasmitieron que me apoyarían. Ellos mismos se lo trasladarían igualmente a mis 21 sobrinos, ya todos mayores y padres y madres muchos de ellos (¡tengo 27 sobrinos nietos!), para decirles lo que había decidido el tío Ramón. Yo les quiero mucho a todos ellos, pero prefería que se lo comentaran sus padres. 

Perfilando como quería dar el paso de dejar de estar aquí 
 
Como os podréis imaginar fueron unos días superintensos y emotivos. Además, sobre la marcha iba decidiendo la forma de cómo me apetecía hacerlo, lo que también fui comunicando a mis seres más queridos. 

Primero, quería ponerme en manos de la Asociación por el Derecho a una Muerte Digna (DMD), que preside el doctor Luis Montes1, de la que me había hecho miembro hace algunas semanas, y con los que ya había hablado de este tema en general. Ellos me proporcionarían la forma de tener una muerte indolora para mi y lo más discreta posible para la gente más querida y cercana que quiero que me acompañe en esos momentos.

Asimismo, no quería que me llevaran a un tanatorio, una vez fallecido. No me gustan nada los tanatorios, me parecen algo de lo más frío e impersonal. Pensaba que a donde me gustaría ir sería a un sitio cálido para mí, como la sede de Ecologistas en Acción. La organización de la que soy miembro desde hace muchos años (antes de que se conformara su existencia, en 1998, pues procede de la confluencia de distintos grupos ecologistas, entre ellos Aedenat, en donde participé también desde el principio). Pero, bueno, eso era lo que yo quería, pero indudablemente tenía que proponérselo a mis compañeros y compañeras, por si lo veían conveniente y querían acoger el féretro. De allí, me imaginaba, saldría también la comitiva, al día siguiente para proceder a la incineración. La opción preferida por mi en estos momentos, pues además mi cuerpo está muy deteriorado, lo estará más en unas semanas, cuando dé ese paso, y prefería no donarlo con fines médicos. Además, como ya os había avanzado en la nota que distribuyeron hace unos días Josi y Luis (los dos amigos que están coordinando las redes de información sobre mi estado de salud, y con los que hablé también después de hacerlo con mis hermanos), lo que quiero que se haga con mis cenizas es echarlas al viento desde la Peña Sancho, en Pelegrina, y que ese acto sea una ocasión para el encuentro colectivo y la fiesta, pues la vida sigue, y es muy bella. Desde aquí, un montón de gracias a Josi y Luis por el trabajo que hacen.

Quiero invitaros a una bonita y entrañable fiesta en Pelegrina
Por eso os decía en la nota que distribuyeron Josi y Luis que la fiesta que ya había anunciado en mi anterior escrito colectivo para celebrar mi posible recuperación se mantenía (ver al final de la carta, para quien no la tenga), y es más os prometo que será un gran sarao. Será una invitación personal mia, utilizando un dinero sin utilizar que tenía de la familia, para que podáis ir a Pelegrina toda la gente que lo desee, que será bienvenida. En principio, parece que será el 17 de julio. En esas fechas, Pelegrina, la hoz del Río Dulce y todo el entorno del Parque Natural están preciosos, y podréis disfrutar de una comida campestre y de una fiesta “por todo lo alto” (Pelegrina está a 1000 metros). Indudablemente esa fiesta la garantizarán muchos amiguetes de Pelegrina, Ecologistas en Acción, La Maloca, etc. Y estará dirigida también a la gente del pueblo, pues la pequeña comunidad de amigos que hemos creado allí desde hace más de treinta años (unos diez amigos), mantenemos una relación muy fluida con los pocos habitantes de ese lugar, aunque en esas fechas veraniegas pueden ser unos 60-80 los vecinos que estén en el pueblo. Todos ellos acudirán también, pues serán expresamente invitados a la fiesta. Claro, como os podéis imaginar todo esto lo he hablado con Josi y Luis, pues toda la logística recaerá sobre algunas gentes del lugar (y en concreto algunos de los miembros de nuestra comunidad de amigos de Pelegrina), pero también, y principalmente, sobre Ecologistas en Acción, que tienen sobrada experiencia en organizar grandes saraos. Además, los del Bar de Pelegrina (el único que existe), colegas también, contribuirán encargando las viandas y bebidas necesarias. Y los del pueblo, y la Asociación de Amigos de Pelegrina, pero también su Alcalde pedáneo, participarán asimismo seguramente aportando la infraestructura que sea necesaria: barbacoas, peroles de distinto tipo, equipo de música, etc. Me gustaría mucho estar con vosotros ese día, pero mucho me temo que no podrá ser. Pero, en fin, me lo puedo imaginar perfectamente y con ello disfruto ya un montón.

Otras consideraciones que también os quiero trasmitir

En mi decisión también han pesado otra serie de factores. Yo todavía soy autónomo, puedo sanearme diariamente, y hasta ducharme (en el hospital no podía, por el cableado que tenía), caminar sin problemas (aunque muchas veces me canse), pero también soy dependiente de muchos cuidados. Sin ellos me costaría mucho sobrevivir (consecución de alimentos por sonda, gestiones con el centro de salud, administración de la alimentación y medicinas, etc.). Algunos los podría hacer yo, aunque a duras penas, pero tengo la gran suerte de disponer de gente cercana muy pendiente de mí. La primera, Ana, que se ha pedido un permiso sin sueldo en su curro, y que está pendiente de mí 24 horas al día. Lo hace porque me ama, y me dice que es lo que más quiere hacer en estos momentos, y yo se lo agradezco horrores y disfruto con ello, pero también me gustaría corresponderla más tarde, cuando ella necesite de cuidados, y sé que no lo podré hacer y me da pena. Segundo, mi hermana Reyes y mi cuñado José Mari, que están para lo que haga falta. Asimismo, Marleni, una mujer colombiana estupenda y divertida, que viene a echar una mano indispensable en la casa de mi hermana. Y todos mis hermanos que están también pendientes de mi, para que me sienta lo más acompañado y querido posible. Pero sé que conforme pase el tiempo ese grado de autonomía que todavía tengo se deteriorará, y no quiero acrecentar el grado de cuidados que ya al día de hoy recibo en una enorme cuantía.
En el hospital, cuando le trasmití a mi oncóloga la decisión que quería dejar el tratamiento de “quimio”, me miró algo sorprendida, al principio, pero luego me dijo que lo entendía. Me ofreció un tratamiento intermedio, con menos sesiones, más “suaves”, pero igualmente químico y con su toxicidad respectiva, y además con la dependencia de tener que ir semanalmente al hospital, uno o dos días, y someterme a análisis y pruebas adicionales. Lo decliné igualmente, y le comenté que si lo dejaba, lo dejaba de verdad, y que no quería en principio volver por el hospital. Le conté mis planes, y tuvimos una conversión extensa y rica. Le pregunté cuáles eran los riesgos principales que enfrentaba, y los plazos en los que probablemente se manifestarían, pues quería acotar el tiempo en que los podía controlar, para tener la mayor calidad de vida posible, dentro de un orden. Me dijo que los riesgos principales de mi tumor (que sigue su marcha inexorable) son tres. Uno es que puedo tener episodios de ahogo (al estar el tumor en la garganta), que pueden ir acentuándose, lo que puede dar lugar si el episodio es grave y no controlable a tener que ingresarme en urgencias, donde me practicarían seguramente una traqueotomía (cosa que no deseo). Otro, es que puedo tener hemorragias internas de menor a mayor intensidad, pero que pueden alcanzar llegado el caso una dimensión mortal, al afectar a la Aorta. La tercera, es que puedo ir perdiendo progresivamente la voz, hasta quedarme sin capacidad oral de comunicación. De hecho, algunos días ya me cuesta hablar, o me agoto mucho si hablo más de lo debido. Bueno, y además de todo esto, debía garantizar una alimentación adecuada, para que pudiera tener las calorías necesarias para vivir. Cosa que no estaba sucediendo entonces, pues me costaba cada vez más comer, ya que tragar era un verdadero suplicio para mí. Y que ella me recomendaba que me pusiera una sonda naso-gástrica, para que los alimentos (preparados y elaborados para ser ingeridos por sonda) pudieran llegarme directamente al estomago, y así estar bien nutrido. 

Así que nada, le dije que me pusiera la sonda, y desde pocos días antes de salir del hospital estoy con alimentación naso-gástrica. El día que me la iban a poner me tomé mi último desayuno, café con galletas en remojo, que lo tragaba bastante bien, disfrutando como no os podéis imaginar de ser lo último que comía sólido en mi vida. Aunque luego no fue exactamente así, pues se me salió la sonda, que estaba mal sujeta, y me la tuvieron que reinstalar dos días después, pues me coincidió con un fin de semana en el hospital, y no podían hacérmelo con rayos X. Con lo cual volví a comer algo durante esos dos días: natillas y flanes que eran lo que mejor me entraba, disfrutando otra vez de estas pequeñas cosas. Finalmente, me pusieron la sonda “definitiva”, y desde entonces forma ya parte de mí. La verdad es que es muy cómodo, me enchufo la alimentación y va directamente al estomago, pero claro no disfruto del hecho de comer. Pero intento hacerlo viendo cómo lo hacen los demás. A la hora de la comida en casa de mi hermana, me encanta sentarme con ellos y ver cómo ingieren los alimentos cocinados. Comer es de los placeres más importantes de esta vida, y especialmente todo lo que se relaciona con la comida. Desde el posible aperitivo, pasando por la charla en común durante la comida, a la sobremesa tranquila junto a un buen café después. Bueno, pues yo les acompaño con mi bolsa colgada de una percha metálica (aparato pensado al respecto), disfrutando en paralelo con ellos (Ana, mi hermana y mi cuñado, si es que no ha venido nadie más a comer, cosa que ocurre con una cierta asiduidad), como un verdadero voyeur de la comida.

Igualmente la oncóloga me ofreció un tratamiento domiciliario del servicio de cuidados paliativos, para que éste pudiera hacer un seguimiento de la evolución de la enfermedad y atenderme en la medida de sus posibilidades, sobre todo en el tratamiento del dolor, que previsiblemente se iba a ir intensificando conforme progresara el tumor. La verdad es que la atención hospitalaria en el Gregorio Marañón fue magnífica, y la post-hospitalaria también, pues el equipo de cuidados paliativos viene semanalmente a atenderme a casa de mi hermana. Además, en el hospital tuve la gran suerte de poder disponer de una habitación en solitario para mí. Una habitación amplia y tranquila, que me fue clave para poder ir manteniendo las charlas ya mencionadas con la gente más próxima (Ana y hermanos, pero también Josi y Luis). En la misma planta (de cuidados paliativos) había otras habitaciones también individuales, pero eso no deja de ser un verdadero lujo en la sanidad pública. Y para mi fue una ayuda tremenda en esos días de emociones tan intensas. Además, disfrutaba de la tranquilidad cuando me quedaba solo, especialmente por la noche. Sin ruidos, pues la televisión afortunadamente era de pago, no estaba por tanto en activo, y a mi no me gusta verla. Es más, no tengo televisión en casa. Pero si hubiera estado en una habitación compartida, esa no hubiera sido seguramente la situación, y el nivel de ruido ambiental hubiera sido muy otro. Lo cual aproveché también los últimos días, pues estuve allí confinado 12 días, una vez pasados esos primeros días tan intensos, para terminar de rematar el libro de “La Quiebra del Capitalismo Global: 2000-2030. Preparándonos para el comienzo del colapso de la Civilización Industrial”. Este libro es como mi testamento político-ideológico, que ha salido ya publicado en tiempo record por Ecologistas en Acción (y coeditado por Virus y Baladre) y del que se realizarán diversas presentaciones en las próximas semanas. La primera en Madrid será en el Círculo de Bellas Artes el 5 de abril a las 7.30 pm, convocada por el Club de Debates Urbanos. Pero habrá otras también en Madrid en Traficantes de Sueños, organizada por la revista Viento Sur, en el centro social Tabacalera, otra más impulsada por Ecologistas, y una última en librería La Marabunta, aparte de muchas otras por la geografía estatal, pues los de Ecologistas en Acción se están volcando conmigo (el texto en formato electrónico –una nueva versión ampliada y actualizada de otro que salió en noviembre- está colgado en: http://www.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/el_inicio_del_fin_de_la_energia_fosil.pdf, y desde aquí animamos también a su difusión; os adjunto también la portada del libro).

Empezando a concretar y cerrar temas pendientes al abandonar el Gregorio Marañón

A la vuelta a casa de mi hermana, tras dejar el hospital, tenía todavía muchos temas pendientes por rematar. Uno de ellos, muy importante, era el hablar con el médico de la Asociación por el Derecho a una Muerte Digna, que será el que me trate en mis momentos finales, administrándome la sedación necesaria. Le había conocido un día de pasada al visitar la asociación, pero no había charlado tranquilamente con él. Vino a vernos, pues Ana me acompañó en su visita, y estuvimos conversando sobre cómo había concebido yo el cómo podía ser ese día, y cómo lo veía él, para repensar en su caso esos momentos finales. Yo había pensado que quería que me acompañaran en ese día la gente más cercana y querida (Ana, hermanos y amigos muy íntimos), pues quería y me parecía muy importante estar acompañado en esas circunstancias. Y hasta le hablé de fechas concretas, y le conté también cuáles eran en principio mis planes en relación con los pasos posteriores. Me dijo que le parecía muy bien, que creía que lo tenía muy meditado, pero que a lo mejor tenía que ser más flexible en relación con lo de la fecha, no fijarla quizás tan claramente e ir viendo cómo evoluciona la situación. Aunque entendía perfectamente que no quisiera jugar a la ruleta rusa de estirar innecesariamente una situación que se puede llegar a degradar rápidamente, llegado el caso. Yo le decía que a mi fijar mínimamente la fecha me parecía importante para situarme el coco en este tema, teniendo en cuenta también las cuestiones ya mencionadas de lo que quiero hacer hasta entonces. Pero tomé nota de lo que me decía y eso también me ayudó a establecer un lapso de tiempo en el que pueda tener lugar lo que estaba pensando, y que ya iría precisando más conforme pasara el tiempo y viera cómo evoluciona la enfermedad. 

Siendo probablemente en la primera quincena de mayo cuando tenga lugar la materialización de mi decisión, en algún fin de semana, pues me parece lo más adecuado.

La verdad es que el encuentro con el médico de DMD fue muy intenso también y esclarecedor, y a los dos (a Ana y a mí) nos pareció una persona estupenda de mucha sensibilidad para tratar de estos temas. Nos comentaba además que por mi carácter de enfermo terminal no habrá ningún problema legal, pues la sedación que él me va administrar la hacen en muchas ocasiones la gente de cuidados paliativos, aunque en una situación más desarrollada de la enfermedad. De hecho el equipo de paliativos cuando hablé con ellas la primera vez, y les conté mis planes, se ofrecieron a realizarla. Pero yo prefiero que sea él el que lo haga, pues además este servicio ofrecido por la asociación a sus miembros no está sometido a ningún horario, como es el caso en los equipos de cuidados paliativos que trabajan solo de lunes a viernes en horario laboral. Además, me apetece ayudar a promocionar su labor de concienciación y debate en torno a estos temas “delicados”, que se hurtan al debate político y ciudadano, aunque la muerte en una sociedad como la nuestra está ahí, aunque se intenta ocultar su existencia. Me comentó también si quería dejar algún tipo de testimonio de mis decisiones y actos, pues eso siempre puede ayudar a impulsar un debate político-social que ayude a ir cambiando el marco legal e ideológico que condiciona y envuelve este tema. Hablamos de los avances al respecto que ha habido los últimos años, tanto a escala europea como aquí en el España, donde Andalucía es la comunidad que tiene una legislación más progresista. El gobierno se ha comprometido ahora a impulsar un nuevo marco legal, pero todavía está pendiente de concretarse. Y en ese sentido, el que haya testimonios como el que pudiera dejar yo, en concreto en mi caso nos decía, podía ser una ayuda para impulsar un debate político-social e ideológico muy necesario. 

Él comentó que nos podría poner en contacto con una periodista de EL PAÍS que ya había trabajado estos temas con ellos, muy sensible en el tratamiento de los mismos. Y quedamos en que lo hablaríamos con los hermanos, a ver qué les parecía, pero que en principio lo veíamos bien, aunque siempre definiendo nosotros cómo queremos que se cubra. Sobre todo para dar una visión positiva y hasta vital de una decisión así, y de los pasos necesarios para realizarla, pero quitando toda posible idea de morbo y garantizando la necesaria intimidad de los momentos finales. Después hablé con los hermanos que en principio lo vieron también como algo positivo. Y ya hemos tenido un primer encuentro con esta mujer, y esperamos ir perfilando más lo que nos gustaría que fuera el testimonio a dejar en las próximas semanas. Le comentábamos que lo que más nos apetecía es que se trasmitiera en el testimonio la importancia del apoyo humano y colectivo en momentos así (es decir, no morir solo y sentirse arropado por todo tu entorno afectivo), la trascendencia de considerar la muerte también como parte de la propia vida, y sobre todo el hecho de que la muerte pueda ser también, y a pesar de todo, festejada. Por eso le señalaba la importancia que para mi tendría cubrir como parte del reportaje la fiesta que tendrá lugar en Pelegrina.

La importancia para mí de un duelo que no pase por un funeral

Otra cuestión a abordar con los hermanos fue el que no me gustaría que hubiera ningún funeral ni nada parecido, pues yo no soy creyente, aunque respeto las creencias que pueda tener cada quien. Tengo buenos amigos de la iglesia de base, aunque también un serio rechazo a la jerarquía eclesiástica. Es más, yo mismo empecé mis primeros pasos en el compromiso social en el seno de grupos cristianos, aunque pronto rompí con la Iglesia Católica. Pero sé que para mis hermanos también es importante realizar su propio duelo, con sus seres cercanos y queridos, y normalmente el funeral suele ser el acto tradicional en que se da ese proceso. Cuando convocas a la gente cercana para evocar al difunto, y te reencuentras con las personas que te consuelan y con las que te fundes en un abrazo en esos momentos. Cumple pues una función, aunque a muchos no nos guste, y pensemos que la cumple mal. Además, tal y como había pensado e imaginado yo todo el proceso, digamos que se relaciona más con cómo funcionan “mis mundos”, pero no con cómo operan los “suyos”. Y es por eso por lo que les animé a que hicieran algo, algún acto, pero que les pedía que no fuera un funeral. Lo entendieron bien, respetando mi parecer, y se pusieron a pensar en un encuentro con sus familiares y conocidos, días después de mi partida. Creo que están preparando algo en la Residencia de Estudiantes, pues lo consideraban un sitio adecuado para organizar algo así. Y a mi lo que decidan me parece perfecto.

Una emotiva acción sorpresa de los amigos

El pasado fin de semana Luis, Tom, Josi y mucha otra gente, a través de las redes establecidas, montaron un buen sarao con la colaboración de Ana y mis hermanas, que me llevaron engañado a Rosales, la casa de mi madre. Bueno, me decían que tenían una sorpresa para mí. !Y vaya sorpresa! Me quedé anonado y superemocionado. Cuando me asomé a la terraza y vi esa riada humana de casi 200 personas que bajaba por la calle Rey Francisco. Al principio no daba crédito. Luego iba mirando las diferentes caras. Había gentes de múltiples mundos, todos mis mundos del pasado y del presente allí, todos juntos, como si nada. Hasta algunas novias que he tenido y que ocupan un lugar importante en mi corazón. De dónde habían salido, cómo se habían congregado, quién los había convocado. Todas esas preguntas me las hacía al mismo tiempo, mientras observaba la escena alucinado, viendo hasta alguna pancarta y muchas flores. Se me saltaron las lágrimas. Luego bajé a la calle y no sabía qué hacer, más que dar besos a todo el mundo. Estaba como perdido ante tantas muestras de cariño. Y todo ello mientras que un coro de espontáneos cantaba: L´Estaca; Grandola Vila Morena; Bella Ciao y Soy Minero. Cuatro temazos, sobre todo el último por mi querencia por Antonio Molina, de mucha gente conocida. 

Me subí a casa otra vez como en una nube, con mis hermanas y Ana encantadas de haber contribuido a darme el sorpresón. Salí otra vez a la terraza, y allí seguían todos. Volví a bajar, y continué saludando a gente que no había tenido tiempo de saludar. Al final me cogió Reyes, y me llevó a su coche, no sin antes haber saludado también a un antiguo vecino de mi madre, que fue ministro de agricultura con el gobierno Aznar, que pasaba por allí y estaba también atónito con lo que pasaba. No me extraña. Era todo un verdadero despiporre. Y hasta apareció la policía municipal, que fue calmada sin problemas por uno de mis cuñados. En definitiva, un momento inolvidable, que ha contribuido a que pudiera ver, abrazar y besar a mucha gente de la que no me voy a poder despedir con calma.

Iniciando las despedidas

Y el último fin de semana, he tenido la oportunidad de reunirme con todos mis sobrinos que viven en Madrid (son 21 en total, en Madrid viven 16, y han podido estar 17; el resto están en Nueva York, en México DF, en Asturias, o en Mallorca), gracias a un encuentro que ha organizado mi hermana Chiruca en su casa, siempre dispuesta a ayudar. Ha sido un encuentro precioso y muy emotivo. La verdad es que como os decía tenemos una relación muy estrecha entre toda la familia, y eso es debido a cómo cuidaron los encuentros colectivos mis padres, en especial mi madre, que le gustaba reunirnos a todos al menos cuatro veces al año (entre cuarenta y cincuenta personas, teniendo en cuenta a las parejas, y sin contar biznietos). Mi madre murió con 100 años va a hacer dos años, así que ya os podéis imaginar el número y la densidad de encuentros que la buena mujer ayudó a impulsar entre todos nosotros. Y eso se nota en la gran relación que mantienen todos los sobrinos entre sí. Son también como otra gran piña. Yo había manifestado mi interés por verles a todos juntos, pues me parecía más adecuado que irme encontrando y despidiendo personalmente de cada quien. Además, quería que fuera un momento alegre, y vaya que lo ha sido, aunque al final alguno ha soltado alguna lágrima. Una hermana ha hecho posible la cita, convocándoles en su casa, y durante dos semanas han estado preparando todos juntos el encuentro con el tío Ramón, y su compañera Ana. Me han hecho un regalo precioso, un álbum con fotos de todos desde que eran pequeños, a lo largo de las navidades y encuentros desde hace 50 años (el mayor tiene 48 años), en que se ve su progresión en paralelo a la mía. Algunas las conocía, pero muchas otras no. Y han conseguido también fotos mías personales y en actividades socio-políticas, que les ha pasado Tom, mi querido compañero de piso. Pero, además, el álbum iba acompañado de una poesía sobre el tío Ramón preciosa. Ana y yo salimos de casa de mi hermana pletóricos y con las pilas puestas, y ellos se fueron a comer todos juntos encantados, después de haber compartido el aperitivo con nosotros.

Mi idea en cuanto a ulteriores despedidas es convocar a los amigos y amigas más cercanos por grupos de afinidad para poder despedirme de ellos con tranquilidad en algún lugar agradable. Había pensado que podía ser en alguna terraza de la Casa de Campo, al atardecer, ahora que llega la primavera y el buen tiempo. Será un buen momento para disfrutar de la compañía y la charla con los más próximos, y hasta de hacernos unas risas. Pero bueno habrá que ver cómo evoluciona mi situación y si tengo fuerzas para ello. Espero que sí. Estos encuentros no creo que los inicie antes de mediados de abril, pues antes quiero terminar distintos temas pendientes, para mí importantes, y como tengo poca capacidad de sacar tiempo de trabajo neto, con tanto tiempo dedicado a cuestiones de salud, pues no me quiero dispersarme ya más de lo que hago normalmente. Y, como os decía, a estas despedidas grupales convocaré sólo a la gente más cercana, aunque me gustaría ver a más gente, pero sé que no puedo hacerlo. Por eso el poder veros, abrazaros y besaros a mucha gente el otro día, aunque fuera muy fugazmente, para mi ha sido muy importante, pues a mucha gente que estabais allí me iba a ser difícil encontraros. Así que fue un verdadero placer poder hacerlo.

Proyectos inacabados que otros seguramente continuarán

Como muchos de vosotros sabréis, desde hace unos cuatro años estoy embarcado en la gestación de un, para mi, ambicioso proyecto de libro, que constaría grosso modo de dos grandes volúmenes. Va sobre la crisis del Capitalismo Global y el colapso de la Civilización Industrial, pero contemplándola desde una muy amplia perspectiva histórica, necesaria a mi entender para comprender los nuevos escenarios y mundos hacia los que nos encaminamos. Y empezando nada más y nada menos que en el paleolítico y neolítico, haciendo un recorrido por las civilizaciones agrarias, para ver cómo se gesta posteriormente la expansión mundial del capitalismo en torno al siglo XV, hasta acabar en la Sociedad Industrial de los siglos XIX y XX. El eje conductor principal sería quizás la energía, pero también la evolución del Estado y el patriarcado, la relación de las distintas sociedades humanas con su entorno ambiental y territorial, el despliegue de las formas de producción y tecnología, así como de los diferentes tipos de dinero, de los dioses y los valores dominantes y de las distintas resistencias a los proyectos de dominación y expansión. El objetivo sería aprender del pasado (el primer volumen) para atreverse a pensar y a poder transformar el futuro que se avecina (el segundo volumen cuyo avance es el texto que os he adjuntado). Un proyecto ambicioso que todavía me requeriría seguir trabajando a buen ritmo al menos dos años más. Pero como eso ya no va a poder ser posible, y quería que el trabajo realizado hasta ahora no se perdiera, y que pudiera ser retomado por alguien que lo ultimara. Y así, le pregunté a Luis González, de Ecologistas, gran amigo y compañero, con el que tengo una importante sintonía, aparte de una gran confianza y admiración, si estaría interesado en continuarlo. Él me mostró en principio su interés por seguir con el proyecto, una vez que acabe su actual turno en la coordinación de Ecologistas. Sé de antemano que si finalmente lo aborda, lo que muy seguramente será así, se lo tomará con toda la pasión que le sabe poner a las cosas en las que se embarca, y también le dará su personal y muy valioso sello propio. Lo cual me ha alegrado enormemente pues significa que un trabajo iniciado, que necesitaba todavía bastante elaboración en muchos de sus tramos, no se perderá, y que habrá alguien en el que confío plenamente, que se lo tome con el interés que creo que merece. Es el trabajo como ya digo con el que he estado liado estos últimos años, algunos de cuyos productos parciales han ido viendo la luz como pequeños libros. En concreto algunas de las piezas del análisis del siglo XX. Así que es una gran alegría para mí saber que alguien de la valía y el compromiso de Luis se va a animar a hacerlo suyo, dándole los giros que estime necesario y contando con los apoyos que vea oportunos.

Pero también sé que mucha otra gente de Ecologistas (Yayo, Tom, Fernando, Marta, María, Erika, Paco, Santi, Berta y Toño), aparte de desarrollar una labor propia de elaboración de pensamiento crítico, concienciación y movilización muy loable, se está volcando también como decía en impulsar debates en torno a mis últimos textos. Desde aquí quiero agradecer a Ecologistas en Acción el interés que ha mostrado por la publicación del libro ya mencionado, que va como enlace en esta carta, y cómo se está involucrando el conjunto de la organización en las presentaciones del mismo en los distintos territorios del Estado. Es una enorme alegría para mí contemplar esta explosión de cariño y consideración de l@s compañer@s de una organización de la que me siento muy orgulloso de ser miembro. Además, la entrada ya desde hace años de mucha gente joven muy valiosa y activa, está sirviendo no solo para promover un necesario relevo generacional, sino para insuflar nueva fuerza a una organización que se está convirtiendo en un muy importante referente de transformación político-social a escala estatal, así como en una importante impulsora de dinámicas de confluencia y transversalidad que rompe con los hábitos muchas veces sectarios de la Vieja Izquierda.

Eso sí, me da algo de pena desaparecer en estos momentos en que la Historia parece que se acelera, pues se ha puesto otra vez en marcha irresistible después de que nos alertaran en los noventa sobre el Fin de la Historia en el marco de la “globalización feliz”. Y esta nueva activación de la Historia viene también determinada cada vez más por la Crisis Energética, Ecológica y Climática que amenaza al Planeta y a las sociedades humanas. Sobre todo la primera, a corto plazo, pues el principio del fin de los combustibles fósiles, a punto de empezar, va a suponer una ruptura histórica total, como comento en el libro recién publicado. Pero sé también que he vivido un periodo histórico excepcional, las décadas apoteósicas de la Era del Petróleo, y además en las mejores condiciones posibles. Es más, en los últimos 60-70 años (los de mi generación), el sistema urbano-agro-industrial mundial ha consumido grosso modo la mitad de los combustibles fósiles que disponía el Planeta. Y eso ya no puede continuar más tiempo, pues estamos a punto de iniciar el declive energético fósil. Y por tanto los escenarios que se aventuran para las próximas décadas, como comento en el texto, van a ser a buen seguro muy duros, al menos en el futuro más cercano.

Una vida privilegiada e intensa que va tocando a su fin

La verdad es que me siento un ser privilegiado. Primero, por haber nacido y vivido en una familia acomodada, en un país del Norte, aunque ello me creara muchas contradicciones al llegar a la edad adulta. Segundo, por ser un hijo del 68, ese momento de quiebra histórica sin precedentes que se dio en casi todo el mundo, y que nos cambió las vidas a muchos y muchas de los que lo vivimos. Y tercero, porque a partir de entonces me enzarcé en muy distintos procesos de transformación político-social e ideológica, en donde fui aprendiendo conjuntamente con sus actores nuevas formas de vida y de estar en el mundo, al tiempo que intentábamos ir transformando las estructuras de poder existentes. Fueron años excepcionales: la paulatina concienciación en la universidad tardo-franquista (1968-70); el poder vivir en directo los movimientos contra la guerra de Vietnam en EEUU (1970-71), en donde me encontraba en esos años con una beca para estudiar planeamiento urbano; el iniciar proyectos colectivos de vida a mi vuelta de mi estancia en el gigante estadounidense; el comenzar también mi experiencia profesional como urbanista en un sitio tan apasionante como la COPLACO de aquel entonces, que hizo posible que un “nido de rojos” maravilloso nos aglutináramos allí; el participar entonces de la lucha antifranquista desde lo que luego sería el ámbito de la autonomía obrera, en concreto en el barrio de Vallecas, y después en el barrio de San Blas; el barrio donde estuve seis años de convivencia colectiva, tras dos años casado y dos años viviendo solo; el formar parte de los inicios del movimiento ecologista en España, y más tarde en el impulso del movimiento Anti-OTAN, en el que participé activamente hasta su final, tras perder el referéndum; el reincorporarme de lleno otra vez, entonces, al movimiento ecologista, para abordar nuevas temáticas: la crisis de la ciudad al convertirse esta en metrópoli; el transitar luego, más tarde, conjuntamente con una diversidad de nuevas luchas sociales (okupación e insumisión, principalmente) en nuevas dinámicas de movilización político-social (¡Desenmascaremos el 92!, apoyado también desde la okupa Minuesa); y posteriormente con un abanico mucho más amplio de colectivos y organizaciones en las actividades contra el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en el Foro Alternativo “Las Otras Voces del Planeta” (Madrid, 1994), que se prolongó al año siguiente en una dinámica similar contra la presidencia española de la UE (“Contra la Europa del Capital”, y Foro “La Otra Cara del Proyecto Europeo”); hasta desembocar finalmente en el Movimiento contra la Europa de Maastricht y la Globalización Económica, que sería uno de los gérmenes principales en España del movimiento antiglobalización junto con la RCADE; movimiento que irrumpe con fuerza a en torno al año 2000 con las movilizaciones de Barcelona contra el BM, y posteriormente contra la presidencia española de la UE del gobierno Aznar, con actos y movilizaciones en muchas ciudades del Estado. Son los años también de las múltiples okupaciones de El Laboratorio, en Lavapiés, con los que se mantienen relaciones muy fluidas.

Todos esos años fueron enormemente vitales, he disfrutado ahora al ponerlos por escrito y recordarlos. Pero también tuvieron mucha importancia para mí los cambios que acontecieron en mi vida personal y comunitaria. En 1982 decidí abandonar el barrio de San Blas, donde había vivido en una especie de comuna durante seis años, y participado en proyectos colectivos como el Centro Cultural Autogestionado Migrans, porque el barrio estaba siendo destrozado por la entrada de la heroína, entrando en un proceso de deterioro social muy importante. Me vine al centro de Madrid, a la calle Barquillo, donde iniciamos una convivencia en común cuatro amigos, que estuvimos juntos diez años. Desde entonces por esa casa estupenda han ido pasando más de treinta personas, a lo largo de casi 30 años, creándose relaciones muy intensas que han perdurado en el tiempo entre todos los que hemos ido viviendo allí. Sobre todo con Víctor, compañero del alma, con el que compartí piso durante más de 20 años, pero también con toda la otra gente que allí vivió. Barquillo 33, 3º, ha sido un hogar alternativo no sólo para la gente que lo disfrutábamos en directo, sino para todos y todas los que han ido pasando por allí a comer, a cenar, a tomar café, a reuniones diversas o a disfrutar de sus fiestas mogollónicas. 

Se ha llegado a crear una especie de familia alternativa extensa entre todos los “Barquilleros”, y de tanto en tanto nos reunimos a comer algunos para celebrar nuestra amistad. Yo he tenido la gran suerte de vivir todo este proceso, pues el piso era de alquiler y estaba a mi nombre. Pero Barquillo ha tenido también una importante proyección exterior, no sólo de mucha gente del resto del Estado que ha pernoctado allí en alguna ocasión, sino que ha servido de lugar de encuentro con muchos amig@s de otros países. Amig@s de Dinamarca, Alemania, Italia, Holanda, Grecia, Gran Bretaña, EEUU, Brasil, Argentina, México… y últimamente también del Este: Macedonia, Bulgaria y Hungría, desde que se incorporaron a Barquillo Danche (la macedonia) y Tom (de la antigua RDA y padre húngaro). Amig@s que encontré en mis visitas a dichos países (algunas extensas, entre ellas a Dinamarca en 1980, y a Berlín en 1984 y 1989, cuando cayó el Muro), o en visitas de ellos a Madrid, o por otras razones más rocambolescas (caso de Sandro Stella), y que se han ido manteniendo y reforzando a lo largo del tiempo.

Y a partir de 1989 decido dar un giro muy importante en mi vida, después de una importante crisis amorosa, y cuando ya el aliento vital de trabajar en la Consejería de Ordenación del Territorio (que sustituyó a primeros de los 80 a la COPLACO) se agotaba. Decidí dejar la administración, mi puesto de funcionario, e iniciar una nueva vida, al tiempo que nos embarcábamos también Goyo, Josi, Paco y yo en la rehabilitación del “casute” de Pelegrina, junto con mucha gente amiga que pasó a echar una mano. Fue entonces cuando redacté el libro de La Explosión del Desorden. La Metrópoli como Espacio de la Crisis Global”, y cuando reorienté mi actividad profesional, para ganarme la vida, hacia la enseñanza no formal. Es decir, hacia la posible participación en cursos y actividades universitarias, y extrauniversitarias, pero sin tener un ningún vínculo fijo institucional. 

Colaboraciones puntuales, en muchos casos precarias, pero que me daban una enorme libertad para hacer lo que quería, aunque a veces eso hiciera que la reproducción de mi fuerza de trabajo se pudiera resentir. Pero fue una apuesta muy importante para mi, que me abrió nuevos horizontes, y posibilidades de compatibilizar (y reforzar) este trabajo informal con mi militancia ecologista, así como con la elaboración de nuevos textos, al tiempo que me permitió conocer y ahondar en nuevas relaciones personales y colectivas. Entre ellas, aunque más recientemente, las colaboraciones con el Transnational Institue de Amsterdam, y la Fundación Deep Ecology de San Francisco, que han apoyado mis proyectos de investigación. En definitiva, un gran soplo de aire fresco que necesitaba al atravesar la frontera de los cuarenta, y en los que me he centrado más después de 2003, cuando el cáncer apareció por primera vez en mi vida.
Desde entonces mi actividad militante ha sido mínima, aunque mis vínculos con Ecologistas son estrechos. Tan solo me he implicado en la Red por las Libertades y el Diálogo, para apoyar el proceso de paz en Euskadi, denunciar el juicio del 18/98, apoyando especialmente a los compañeros de la Fundación Josemi Zumalabe. Pero todo esto saltó por los aires el día que ETA voló el aparcamiento de la T4 de Barajas, y con ello el llamado proceso de paz en gestación. Un inmenso error que arrastró tras de sí a una Izquierda Abertzale incapaz distanciarse mínimamente de la organización armada, y que acabó reforzando aún más al Estado, que se vio legitimado además para incrementar su deriva represiva, no sólo por supuesto hacia el mundo Abertzale, sino en relación con las múltiples disidencias y resistencias a escala estatal. Denuncié eso en su día en un escrito: “Entre la Espada del Estado y la Pared de ETA”. Sin embargo, hoy en día esas dinámicas parecen que están cambiando, pues es la propia Izquierda Abertzale la que, por fin, ha iniciado un distanciamiento claro de la última actividad armada autóctona que queda en Europa, eso sí, junto con la de la Yihad que periódicamente sacude el continente y el mundo. 

Pero ETA parece que se muestra reticente a desaparecer, y el Estado a reconocer a la nueva Izquierda Abertzale. Es más, es posible que ETA llegue a ser desmantelada policialmente por el Estado después de casi cincuenta años de existencia, o convirtiéndose en un grupo marginal como el GRAPO. Un viaje con final a ninguna parte. Este conflicto que ha ensangrentado la historia del Estado español durante este periodo (desde mi adolescencia), y condicionado en muy gran medida la conflictividad político-social en todo el territorio estatal, ha ayudado a establecer algunas relaciones personales muy ricas entre personas a favor de la desobediencia civil y la no violencia activa entre Euskadi y el resto del Estado, en concreto de Madrid. Mientras que la Izquierda Abertzale ha despreciado en general hasta ahora el cultivar esos contactos, a no ser con grupos que actuaban como franquicias suyas; aparte de que la loca deriva vanguardista, criminal y sin sentido de ETA desde los ochenta (Hipercor, Yoyes, Vallecas, Tomás y Valiente, Miguel Angel Blanco, etc., etc., etc.) fue dinamitando los puentes entre la Izquierda Abertzale y la izquierda más consecuente del resto del Estado. Pero en ese proceso, como ya digo, hemos conocido a gente magnífica, estableciéndose lazos de amistad y complicidad política que permanecen en el tiempo.

Pero en paralelo a este rico trenzado de relaciones personales a lo largo de los últimos treinta años se fueron gestando también otros procesos colectivos y comunitarios, en los que he tenido el gusto y el honor de poder participar y disfrutar. Desde la creación de Gea 21, a la gestación de la Tertulia de los Miércoles (que lleva ya funcionando 25 años), pasando más tarde por la cristalización del proyecto colectivo La Maloca del Montgó, a partir de la mencionada tertulia. Un proyecto que se creó cerca de Denia, en la Xara, en las faldas del Montgó, hace ya más de 15 años, y en el que participan 27 personas. Una iniciativa preciosa en la que sus diferentes integrantes han ido autogestionando colectivamente la rehabilitación de dos casas, pero también la creación de una zona de huerta, otra de frutales, y una de naranjos, aparte de un taller comunitario y almacén de bicicletas, pues muchos de sus miembros son personas activas en la promoción de grupos ciclistas y a favor de este medio transporte. El proyecto surgió al principio a instancias de Antonio Estevan, compañero ecologista de muchas movidas que nos abandonó ya hace un tiempo, pues un cáncer acabó con él. Él había sido también uno de los fundadores de la Tertulia y de Gea 21, aparte de un incansable luchador y gran pensador crítico sobre temas territoriales y urbanísticos, y en contra del automóvil y a favor de otras formas de transporte, así como incansable opositor a los trasvases y promotor de otra cultura del agua. Toda la gente que forma parte de estos proyectos me ha aportado un montón de cosas en los últimos años, y sobre todo me ha hecho llegar constantemente su apoyo y cariño, especialmente en los momentos más difíciles para mí. En este sentido, la ayuda de Gea 21 fue clave cuando me vi afectado en 2003 por el tumor, sobre todo por carecer de cobertura sanitaria, al no estar cotizando. Y muy en concreto ahora que mi tiempo vital se va agotando, y que noto el deterioro paulatino de mi cuerpo. Desde aquí muchas gracias a todos ellos. Y decirles también que nunca olvidaré las estupendas y divertidas tertulias nocturnas en La Maloca a las faldas del Montgó, que se convertían en un espacio mágico hasta bien entrada la madrugada.
Y cómo no, querría reconocer aquí todo lo que me ha aportado la relación con Ana a lo largo de más de quince años. Ella me ha ayudado a abrirme más a otros mundos, sobre todo al mundo feminista. Su pertenencia a la Asamblea Feminista de Madrid ha sido una fuente constante para mi de aprendizaje en la problemática y en las reivindicaciones de las mujeres. 

Como digo en la dedicatoria que le he hecho en mi último libro, sin su inestimable ayuda no habría podido afrontar esta última parte de mi vida de la forma que lo estoy haciendo. Y siempre me ha encantado la forma en que compartíamos nuestras reflexiones, anhelos y visiones de la vida. Me encantaban los fines de semana que solíamos pasar en Leganés, en los que cada uno trabajábamos en nuestras cosas, pero que servían también para poner en común nuestros elaboraciones y pensamientos, y hasta contrastarlos con su hijo Adrián en ocasiones. Los desayunos de los domingos compartiendo la lectura del periódico están siempre en mis recuerdos.

Me quedan algunos deseos y anhelos no realizados, y que ya serán imposibles de plasmar, pero bueno, ya lo tengo asumido. Y quizás otra vez será. Me hubiera gustado hacer un viaje largo con Ana a América Latina cuando acabase el libro, con el fin de conocer más la realidad de ese enorme y esplendoroso territorio y de sus pueblos tan diversos, combativos y vibrantes. Poder acercarnos a experiencias muy ricas de transformación social que allí se dan y compartir con ellas sus prácticas y peripecias con el fin de enriquecernos. Hubiera deseado también hacer alguna vez el Camino de Santiago, cosa que también tenía previsto acometer cuando acabara el libro, y me hubiera gustado también que Ana me acompañara una parte del mismo. Me habría encantado asimismo pasar mis últimos años en Córdoba, la ciudad que más amo y en la que tengo muy buenos amigos, con la idea de que Ana se incorporara cuando pudiera tras dejar finalmente su trabajo. Me apetecía mucho esa última etapa soñada de mi vida. Pero bueno no va a ser finalmente posible, y no pasa nada. Estamos disfrutando también horrores Ana y yo viviendo estos últimos e intensos meses juntos en casa de mi hermana y mi cuñado.

Una última reflexión sobre mi supervivencia como parte de la Sociedad Hipertecnológica

No me gustaría cerrar esta carta sin apuntar una meditación sobre mi capacidad de sobrevivir estos últimos años, y en especial estos últimos meses, que se deben en muy gran medida a la existencia de esta Sociedad Hipertecnológica. Sin ella, lo más probable es que yo ya no estaría aquí. Y yo que soy un crítico de la Sociedad Hipertecnólogica, sobre todo de su insostenibilidad en el medio y largo plazo, quiero resaltar esta contradicción que vivo. Y también cómo mi supervivencia diaria depende de generar una cantidad muy considerable de residuos, pues si ya el “ciudadano medio” en nuestra sociedad del Usar y Tirar genera cada vez una mayor cantidad de desechos, en el caso de un enfermo como yo ese volumen se multiplica aún más. Cuando estaba en el hospital observaba con asombro la cantidad de residuos que allí se generaban. Una verdadera desmesura. Y pensaba si no sería posible tratar las enfermedades que nos asolan con menos despilfarro, utilizando un menor flujo energético y sobre todo una tecnología más sencilla. Pero la medicina oficial actual es un pivote muy importante de esa Sociedad Hipertecnológica, y ha hecho posible una reducción de la mortalidad, sobre todo de los mayores con enfermedades graves o crónicas, pero a coste de un gran uso de recursos, un consumo energético elevado, y una tecnología muy sofisticada. Todo lo cual no podrá darse en el futuro. Además, como apunto en el texto, la expansión hasta ahora imparable demográfica mundial, se frenará en seco cuando se inicie el declive energético, la Quiebra del Capitalismo Global y el colapso de la Sociedad Industrial, empezando muy probablemente un brusco descenso demográfico. Es por eso por lo que abogo por impulsar desde ya un debate sobre cómo controlamos de la forma más justa y equitativa posible la actual explosión demográfica y la caída consiguiente. Y ahí me veo yo, que he podido sobrevivir un tiempo adicional por la propia existencia de esta Sociedad Hipertecnológica, aparte de por un sistema público de salud que todavía funciona relativamente bien en el caso español. Bueno, pues esta reflexión, y todas las contradicciones que implica, también me rondaban por la cabeza en el hospital cuando tomé mi decisión. En definitiva, con mi decisión pretendo dejar de ser no sólo un consumidor in crescendo de cuidados proporcionados por otros, sino también un consumidor de recursos, energía y tecnología que solo son posibles en los espacios centrales de un Capitalismo Global crecientemente desigual, que va tocando a su fin.

A modo de conclusión

Al final me ha salido un texto bastante más largo de lo que en un principio me imaginaba, pero también he podido desarrollar todas las ideas e inquietudes que me rondaban por la cabeza al comenzar a escribir, y mientras lo estaba haciendo. A lo mejor es un culebrón todo lo que he volcado en estas líneas, pero no me importa, en ellas también estáis de una u otra manera reflejados toda la gente a la que os llegará este escrito. Toda la gente que he conocido y que me importa en la vida. Y l@s que habéis hecho en muy gran medida que mi vida transcurra de esta forma, y que yo sea como sea. Por eso he querido como “desnudarme” ante vosotr@s, algo que también necesitaba acometer ante los próximos pasos que voy a dar en mi vida. Además, sentir vuestro apoyo es también fundamental para darlos de la forma más serena y segura posible, para que no me flaqueen las fuerzas en el último minuto. Aunque sé también que como me va costando cada día más vivir, viviré esos momentos como un alivio final, un descanso que ya me toca. Pero sin vuestra compañía y energía, cercana o más distante, que me enviáis, ese alivio postrero me será más difícil de alcanzar. Un besote muy fuerte para tod@s vosotr@s Os quiero mucho. Un montón de gracias por estar ahí, queriéndome y apoyándome.

Ah! Y no os olvidéis de que “nos vemos” en Pelegrina, para celebrar que la vida sigue y es muy bella, aunque sea dura (o muy dura) a veces. 

Ramón Fernández Durán

Madrid, marzo, 2011




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