23 de mayo de 2011

El momento crítico para un surfista es cuando está en la cresta de la ola o como planificar una derrota

no escape
Foto con licencia Creative Commons perteneciente a la colección de nixArt [almost no internet] en Flickr

Convengamos en que se acaba un ciclo político en España. En esto parece estar de acuerdo toda España. Voluntarismos aparte y manías personales de lo que se trata para el PSOE en las actuales circunstancias es de cumplir con dos objetivos principales: salir del escenario con los menores daños posibles para si mismos y para el país. En el orden que ustedes prefieran. Ambos objetivos se complementan siempre que no los confundamos.

Decir el país significa, en democracia, decir la mayoría. Hoy existen mas argumentos que nunca para pensar que tenemos un gobierno plenamente legítimo pero escasamente representativo del sentir mayoritario de la población. Con ello no significo que el sentir mayoritario de la población esté a favor del PP, pues los datos de las últimas elecciones vienen a indicarnos que detrás del PP, a pesar del tsunami electoral solo se encuentra un 25% de la población. Pero en un régimen de democracia participativa, aun con todas las limitaciones que padece nuestro sistema en particular, esa es la regla de cálculo y el principio por el cual se determinan los gobiernos. Por supuesto que ganando previamente elecciones generales, cosa por otra parte nada facil.

Si nos empeñamos, parece que esa es la idea de Zapatero, en prorrogar la duración del gobierno a escasos diez meses de su terminación legal nos empeñamos en un ejercicio de voluntarismo no exento de riesgos.
El primero de todos el de ofrecer flancos de debilidad ante los famosos mercados que obligue otra vez al presidente del gobierno a traicionar una vez mas su palabra y lesionar los derechos de los mas perjudicados. Yo no jugaría mucho con ese riesgo y no apostaría a salir con bien de una jugarreta mas del destino. Ni siquiera, fíjense ustedes en lo que digo pues no lo voy a repetir, en la hipótesis de que en ese nuevo caso Zapatero esté dispuesto a poner pies en pared y a iniciar una resistencia numantina para evitar el torcimiento de brazo que le quieran hacer los poderosos socios de nuestra economía. Solo una convocatoria de elecciones a la desesperada, al estilo portugués, podría salvarle de la presión. Con lo cual estaríamos donde no queremos estar y además con un daño adicional a la confianza de los ciudadanos en los poderosos. El miedo es libre y el miedo de los españoles particularmente libérrimo.

Y el segundo riesgo sería el de acelerar la depresión y el daño al futuro de la propia marca socialista. Uno de los motivos de reflexión que mas quebraderos de cabeza ha dado a mi torpe entendimiento ha sido el de cómo evitar que una herramienta tan importante para el futuro de España como puede y debe ser el PSOE se deteriore y quede obsoleta. Me decía que una derrota fuerte suele ser la mejor medicina para renovarse. Pero una derrota catastrófica, y esta de las elecciones de ayer domingo lo ha sido, puede resultar mortal para el enfermo. El partido socialista nunca, desde los tiempos de la transición, ha sido un partido sometido a grandes tensiones. Siempre ha mantenido un núcleo de poder mas o menos poderoso y con ello ha consolidado una estructura fija, permanente y profesional capaz de regenerarse. Unos daños profundos pueden llevar a la necesidad de regenerar al partido de abajo a arriba con unos costes ideológicos, de patronazgo y de equipamiento humano difíciles de asumir. Posiblemente superiores al tiempo de trabajo de una nueva generación de políticos y dirigentes que por otra parte nadie es capaz de saber dónde se encuentran. 

Me dirán alguno de ustedes. ¿Y a nosotros qué? Pues a ustedes si que les debe importar aunque solo sea por una razón. Puede que la crisis global de gobernanza que sufre el mundo se prorrogue durante unos cuantos años mas. Y en esas circunstancias uno apostaría por tener una oposición razonablemente preparada y no mas de lo mismo. Si nos conformamos con un perfil de relevos gubernamental al estilo de los turnos de la Restauración borbónica vamos dados. Pasaremos de Cánovas- Rajoys – a Sagastas – Zapateros y aquí paz y después gloria.

Existen otros riesgos asociados a derivas indeseables de la situación. Por ejemplo que las voluntades, aparentemente favorables al empeño de permitir el mantenimiento del gobierno Zapatero unos meses mas mientras llega la recuperación económica y decae la ola derechista, y que justifican la ayuda de los partidos nacionalistas decaigan por su mismo peso y que la debilidad del gobierno no les resulte rentable para sus propias agendas políticas y electorales. Algo de eso estamos viendo en las declaraciones postelectorales de PNV y CIU. Mas o menos le están diciendo a Zapatero: ojito que a lo mejor no nos interesa ir mucho del bracete contigo...

Hasta aquí el análisis de circunstancias. Otra cosa es decidir como escapar a la terrible trampa de sentirse atado a una estrategia previa. De cómo organizar un proyecto de “planifición de la derrota” pues así es, desgraciadamente, como se llama el juego al que se van a ver enfrentados los socialistas. Los manuales al uso dicen que las derrotas no se pueden planificar. Es posible. El derrotismo y mas entre la izquierda española tiene mala imagen, debo reconocerlo. Mucho mas cuando los que jugamos a estos juegos de estrategia de salón no estamos concernidos por militancia. Yo se que en el corazón de los socialistas, a muchos de ellos les conozco como si les hubiera parido, estos consejos o reconvenciones les suenan mal, les hacen mucho daño.

Pero así son las cosas. Si tienen argumentos sólidos para aguantar hasta marzo del 2012 que los empleen pero que sepan que las palabras de Zapatero de anoche, si bien caballerosas y gentiles con el triunfo de la derecha, nos supieron a poco a mucha gente.

No se si primarias, no se si Congreso Extraordinario. Solo se, intuyo, que Zapatero haría bien en anunciar, con la anuencia de los órganos dirigentes, un calendario, una hoja de ruta que permita ir a elecciones en Octubre a mas tardar. Y con un programa electoral- de verdad que un programa electoral se hace en dos tardes, se lo puedo asegurar- y unas candidaturas- en eso se tarda algo mas de dos tardes- que puedan ilusionar a la gente y que recojan todo aquello de bueno que surge del grito de la calle desde el 15M.

A lo mejor la gente se lo piensa. A lo mejor el PP se cae del tablón desde la cima de la ola. Es lo que les suele pasar a los surfistas  cuando el mar es bravo y cuando el deportista no está en la debida forma física. Y todo el mundo sabe que el gallego lee mucho el Marca pero ahí se acaba toda su preparación atlética.

De nada.
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