21 de mayo de 2011

Curiosidad, miedo, ilusión e indiferencia

QUIERO from Edartis on Vimeo.


Reflexiono en la intimidad de mi hogar y dentro del respeto a las normas legales correspondientes a un sábado de reflexión pre-electoral.

Calculo el impacto en las gentes a la hora de votar de toda esta marea de manifestaciones que vivimos. ¿Cómo afectará esta sobredosis de información y de emociones al ánimo de l@s votantes?

CURIOSIDAD
La curiosidad mató a un gato. Los discursos latentes, los mensajes lanzados en Sol y en tantas otras plazas no son nuevos. Muchos de ellos proceden del caudal histórico sentimental revolucionario y poético. Otros muchos han estado presentes en las elaboraciones de multitudes de pensadores, políticos, sindicalistas, filósofos, comunicadores, centros de estudio, etc. No solo presentes sino formulados con mayor precisión, con abundancia de aparato teórico y calidad expositiva. Entonces ¿Cuál es la diferencia? La diferencia está en que por primera vez el discurso nace en las voces del pueblo. El discurso se entona con el acento de las calles. No está servido por unas élites. Por eso el discurso se hace entendible. Una de las reacciones mas curiosas que he tenido ocasión de conocer estos días es el de desprecio, displicencia y hasta enemistad hacia las movilizaciones por parte de gentes sostenedoras de discursos de cambio y hasta revolucionarios de oficio que no acaban de entender como es posible que se hayan apropiado de las calles unos iletrados desconocidos, sin pedigrí. Si quieren pruebas estoy dispuesto a darlas con nombres y apellidos.

Puede que precisamente este carácter de discurso surgido desde el pueblo y con el lenguaje del pueblo sea el que conmueva al pueblo y le anime a preguntarse sobre el futuro. Es decir, las movilizaciones pueden estar contribuyendo a levantar la curiosidad de la gente. A agitar los ánimos. No sabemos en que medida, sobre cuantos y para cuantos esto tendrá una traducción electoral o política a corto, a medio o a largo plazo. La ciencia social tiene herramientas para valorar estos hechos pero no se pueden activar sino en plazos razonables. Los políticos suelen tener intuiciones potentes pero en esas situaciones se bloquean. No están acostumbrados a manejarse en escenarios en los que las calles hablan, prefieren entenderse con las encuestas, con los lobbies y con los grupos supuestamente representativos. En este caso ¿con quién hablan? Dicen que les entienden, pero no entienden nada.

MIEDO
La sociedad española tiene unos comportamientos algo esquizofrénicos. Somos realmente muy liberales sobre las conductas propias, menos con las ajenas, y asumimos ciertas manifestaciones y usos sociales- pongamos por ejemplo el ruido y el botellón- con cierta indiferencia y hasta comprensión. Sin embargo entre nosotros sigue latiendo el fantasma del miedo a la subversión política, a las manifestaciones revolucionarias, al factor calle en la política. Somos un pueblo educado en el temor a la política. No te metas en política hijo mío, es la palabra de orden en la mayoría de las casas españolas. La política es el gran miedo atávico de los españoles. Singularmente de los de derechas pero no se crean que solo de ellos. La prueba de ese miedo, en su versión ceremoniosa e institucional, la tienen ustedes en la actitud de las Juntas Electorales: “Prohibido manifestarse en la sacrosanta jornada de reflexión”. Y si buscan ustedes una versión del miedo en clave de acojono cubierto de valentía torera ahí tienen a la ardorosa Aguirre mandando a sus tropas “a tomar Ferraz”. Tanto un miedo como otro son absolutamente representativos del viejo miedo español. Menos mal que creo, solo creo, que Rajoy y sus adláteres tienen la lección aprendida y no van a caer en la trampa de expresar de viva voz sus sentimientos de miedo y evitarán pedir imposibles como la reducción de los campamentos por la vía de los palos y la leña. Para hacer ese trabajo sucio tienen ya de su parte a una prensa canallesca que está dando lo peor de si misma en estas jornadas. Ellos callados como putas. Menos mal.

Por lo tanto no se en que medida el miedo pueda alterar los comportamientos de la gente a la hora de votar. La derecha va a ir a bloque pero eso ya estaba descontado. La izquierda, la fracción de la izquierda miedosa y asustadiza ante el poder de la calle vaya usté a saber como se comporta. Yo hace ya muchos años que dejé de creer en las hadas. Para mí, votar a la izquierda no confiere un sello de calidad especial. El votante de izquierdas tiene su corazoncito. Veremos, aunque tengo la intuición que la marea de abandono por parte de sus votantes, que la sangría se pueda haber detenido. Pero eso no lo sabe ni Pastrana, un viejo amigo que me enseño los rudimentos de la sociología electoral. Puede que Santamaría intuya algo o el mismo Alfonso Guerra que es un fino analista. Pregúntenle.

ILUSIÓN
¿Cuantas gentes están participando en las calles, siguiendo los acontecimientos con ilusión o con interés? ¿Medio millón de personas, un millón? Otra pregunta difícil pero menos. Nunca tantos como los mas optimistas puedan llegar a pensar. Tenemos tendencia a magnificar estos momentos y a ponerles etiquetas de históricos. Pero pasados los tiempos uno se da cuenta que el Mayo del 68 fue cosa de unos pocos miles. Que la lucha contra el franquismo movilizó activamente a poco mas de una parte menor del pueblo español. Lo que no cabe duda es que en esta ocasión los replicadores sociales han funcionado a tope. El eco que la campaña ha tenido en los grandes medios de comunicación del mundo entero ha permitido amplificar al máximo el previo éxito en las redes sociales. Por otra parte es importante decir que estas movilizaciones no nacen en vacío. Que son muy numerosas las iniciativas, los movimientos y las luchas de cientos de colectivos que mantienen el discurso del cambio político, cultural y civilizatorio desde hace mucho tiempo. Puede que hasta ahora su lucha haya sido oscura, confusa y hasta mal entendida. Pero detrás de las radios pirata, de los colectivos ocupas, de los grupos de autoconciencia, de los blogs, de las iniciativas particulares de muchos pequeños grupos- yo les podría remitir por ejemplo a un grupo de debate sobre la reforma política que unos cuantos hemos mantenido en Facebook en estos meses y en el que hemos creado materiales para la reflexión muy interesantes- ha existido un caldo de cultivo muy propicio. Unido a la dureza de la crisis que hace que las personas se angustien y se interroguen, todo ello ha propiciado la emergencia de estos fenómenos.

Puede que muchas gentes empiecen a pensar que existen caminos abiertos al cambio. Que la fuerza de la ilusión les haga creer que está en ellos encarnado el futuro. Yo he visto los ojos de mucha gente en la Puerta del Sol, en la calle de Alcalá. He leído muchos testimonios y puedo decirles que las apuestas están abiertas. Muchos de los nuestros no creen en el futuro de este movimiento. El pesimismo se ha instalado en nuestros corazones. Pero, una vez mas, la confianza en el futuro, nuestro indesmayable compromiso por el progreso debe servirnos para algo. Para quedarnos en casa siempre hay tiempo y como decía aquel “como fuera de casa en ningún sitio”.

Nadie sabe que pueda pasar. De la inteligencia de estas gentes depende el éxito de su proceder. De la convergencia de mas colectivos y mas grupos el enriquecimiento del proceso. Y por supuesto de la forma que la izquierda institucional sepa dar cauce a estas energías.

INDIFERENCIA
La indiferencia es el gran mal de nuestros tiempos. Vivimos en tiempos de anestesia cultural, política y social. Muchos piensan, pensamos, que la vida no es digna de ser vivida si no es bonita, como decía el gran Cesar Vallejo. La dificultad de los tiempos nos hace buscar los paraísos artificiales o retornar a la arcadia de nuestros rincones secretos. Colocarnos con el sofá y las máquinas de nuestro hogar como parapeto de los malos tiempos. Es el mal del siglo.

Puede que la mayoría de nuestros vecinos, de nuestros conciudadanos, apenas dediquen un escaso tiempo a interrogarse sobre estas cosas. Que sus ojos se nieguen incluso a contemplar el espectáculo. Puede que así sea.

Yo me conformo con que lo que estoy viviendo. Con las palabras de mis sobrino Miguel que tiene 16 años. Ayer estuvo por primera vez en Sol: “estuvo muy bien, mogollón de gente joven y todo muy tranquilo, las cosas que se decían me interesaban”. Para mí esto ya es suficiente. Es que Miguel habla poco, no saben el mérito que tiene que diga esto. O con las palabras de un ciudadano particular interrogado por la televisión: "yo tengo la vida resuelta, muy bien resulta, pero estoy aqui para estar en orden con mi conciencia"
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