21 de junio de 2011

Al final la montaña parió un ratón en Marruecos



Bandas de provocadores con banderas y el retrato del rey como arma lanzan ataques a los manifestantes que critican en la calle el proceso cosmético de cambios constitucionales en Marruecos.



Forzado por los acontecimientos de Túnez y de Egipto, empujado por sus aliados occidentales y asustado por el movimiento 20 de Febrero el rey de Marruecos ha tenido a bien presentar una propuesta de reforma constitucional insatisfactoria para unos y otros y que se deberá votar en referéndum el 1 de Julio.

Tras los acontecimientos del 20 de febrero y de las semanas siguientes, el rey tomó la iniciativa en un discurso pronunciado el 9 de marzo de  anunciar una reforma constitucional. Para ello, se nombró una comisión de tecnócratas expertos y académicos para preparar un proyecto de constitución en consulta con los partidos políticos, sindicatos y representantes de la sociedad civil. Todas estas personas informaron con sus recomendaciones. Luego, el Comité nombrado directamente por el Rey continuó su labor a puerta cerrada sin que ni siquiera los partidos del mismo sistema pudieran conocer mínimamente las líneas de trabajo. Es decir nos encontramos ante otra “carta otorgada” en vez de un proceso transparente y constituyente.

Pero vayamos al texto para calibrar la oferta de cambio:

Algunos avances parecen sustanciales como por ejemplo reconocer el peso de los bereberes- los amazigh- en la identidad nacional marroquí, aunque este reconocimiento apenas signifique algo mas que una pura concesión formal.
Otro avance sustancial es la desaparición del régimen concesional de partidos políticos, pues solo los jueces pueden determinar la disolución de un partido y no la santa voluntad del monarca como hasta ahora. Es evidente que para que esto sea un cambio real haría falta independizar la justicia algo que resulta inconcebible por el momento a pesar de otros cambios cosméticos que afectan en el nuevo modelo de constitución a los órganos judiciales.

En los avances deberíamos incluir la concesión del voto a los marroquís residentes en el exterior y algún que otro aspecto relacionado con la igualdad formal de género que se mejora.

El rey deja de ser sagrado para pasar a ser inviolable. Sigue siendo el monarca el jefe de la comunidad de los creyentes. Quiero esto decir que Marruecos en este sentido pasa de ser un estado feudal y religioso a ser un estado en el que la cúpula del poder religioso y del poder civil se unifica en la persona real. Que venga Dios y nos diga si esto es un avance democrático.

El parlamento legisla, el jefe de  gobierno gobierna y el rey sigue haciendo las dos cosas en paralelo, aunque eso sí, puede- no está obligado- a delegar sus poderes legislativos y ejecutivos en sus respectivas sedes. Algo así como “tu haces como que gobiernas y legislas y yo hago como si no gobernase ni legislase”. Algunas fuentes en Marruecos incluso afirman que esto incluso es un retroceso pues la voluntad del rey quedará siempre colocada a buen recaudo y salvaguardada por los mecanismos formales del poder.

El Primer Ministro o Presidente del gobierno se nombra en función de su procedencia del partido ganador. Nada se dice si a propuesta de ese partido ni de lo que pasa cuando la mayoría del gobierno- por ejemplo una coalición de perdedores con mayoría en la cámara- no coincida con el partido mayoritario.
Se prohíbe el cambio del partido a los parlamentarios a los que se concede una inmunidad parlamentaria que hasta ahora no tenían así como se prevé que los miembros del parlamento y del gobierno tengan ciertas incompatibilidades profesionales y empresariales.

El nuevo texto contiene todo tipo de literatura sobre los derechos humanos pero sin la mas mínima concreción legal que sustente su aplicación y defensa de los mismos.

Hasta aquí los avances que podríamos caracterizar como positivos.

Pero vayamos a las lagunas, a las carencias del nuevo texto:

Los poderes del rey que eran ilimitados quedan confirmados con un tipo de redacción mas sinuosa. Lo que el artículo 19 de la actual era una declaración brutal a favor de un sistema de sultanato queda redactado ahora en dos nuevos artículos en los que las prerrogativas reales quedan mas detalladas y tasadas pero sin que esto suponga en lo mas mínimo un cambio real.

El rey sigue nombrando a los ministros a propuesta del presidente del gobierno. Tal como ahora. Ya conocemos muy bien los mecanismos de esos nombramientos. Lo mismo pasa con el cese de los ministros. Es el monarca quien los determina. 

La misma historia sirve para el nombramiento de los gobernadores, de los embajadores y de los altos funcionarios del Estado y de las empresas públicas. Son nombramientos del diwan real. El majzén en su mas pura esencia.
El rey nombra a la mitad de los miembros del nuevo Consejo Superior de la Magistratura. Ya me dirán ustedes donde va a parar la independencia de los tribunales.

Lo mismo ocurre con el Tribunal Constitucional.

Con todas las facultades concedidas al rey, ¿podemos decir que Marruecos es una monarquía constitucional? ¡Por supuesto que no! Por mucho que el artículo 1 establezca que "Marruecos es una monarquía constitucional, democrática, parlamentaria y social". Demasiados adjetivos y poca sustancia.

El rey ha optado por estar a la cabeza de los procesos de gobierno y no ha renunciado a las labores ejecutivas por mucho disfraz que se ponga en el texto. No es un símbolo de la nación solamente o un árbitro. Es un operador político de primera fila. Ese es el error fundamental del paso que se ha dado.
El rey reina y gobierna. Después de mas de cincuenta años de independencia total el régimen marroquí es cualquier cosa menos un régimen constitucional democrático.

Quedarían en el tintero algunos otros cambios en cuanto al sistema administrativo que prefiguran la incorporación del Sáhara Occidental al nuevo texto  constitucional como región sin haberse producido el debido pronunciamiento de autodeterminación por parte de los legítimos depositarios de ese derecho: la población saharaui. 

Aunque solo sea para evitar una burla a la legalidad internacional harían bien los estados occidentales en abstenerse de felicitar al monarca. Ya estamos viendo en las calles en que se traduce esa felicitación: bandas de matones ocupando las calles para machacar a los opositores del régimen.
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