7 de enero de 2011

Tres escenas de Navidad y un sueño como estrambote.



PRIMERA ESCENA

Mañana de Año Nuevo. Calle Luchana. Un joven muy perjudicado por la bebida trata usar su teléfono móvil mientras sostiene en sus manos precariamente un par de zapatos femeninos de tacón y raso. Es evidente que no ha encontrado a su Cenicienta.

SEGUNDA ESCENA

Calle de Fuencarral a la altura del Tribunal de Cuentas. Día 2 de Enero. 12 de la mañana. La calle rebosa de público. Un ciego con perro lazarillo quiebra su paso para meterse en una sucursal bancaria. Por su lado contrario avanza rápidamente otro ciego acompañado exclusivamente de su bastón. El choque es inminente y yo preso de una fobia muy particular de la que he hablado en otras ocasiones cierro los ojos. Cuando los abro escucho un diálogo de ciegos- que no de sordos, aunque también-:

-Tenga usted mas cuidado. ¿No se da cuenta de que soy ciego?

-El ciego soy yo hombre de Dios

-Eso. Encima de cachondeo.

Interviene el particular que siempre acude en estos casos y aclara la situación. Los dos ciegos resulta que se conocen. Se abrazan. La gente les aclama. El espíritu navideño ha triunfado.

TERCERA ESCENA

Ayer mismo, día de Reyes. En la misma plaza de Olavide. Una señora bastante mayor, deja su coche en el lateral de entrada en la plaza. Se acerca a una cabina telefónica muy cercana y se pone a aporrear el aparato al estilo habitual de los buscadores de monedas abandonadas por los usuarios. La máquina no devuelve nada. La señora que queda impaciente dando vueltas en torno a la cabina. Parece confundida. En ese momento un coche pita nada mas llegar detrás del de la señora ya que está obstaculizando el paso. La señora se acerca a su vehículo con presteza. Mientras que lo hace va lanzando besitos al otro conductor como diciendo “no te preocupes hombre que ya me voy, no seas pesado, que te quiero”….

UN SUEÑO

Estoy en casa. No entiendo el follón. Muchas personas, familiares y amigos, parecen haberse instalado en mis dominios como Pedro por su casa. Pregunto a Isa que está pasando. Me dice: ya sabes que hoy vienen a comer. Pero si no tenemos preparado nada. Sí, no te lo había dicho, pero resulta que hemos elegido a Cascos como cocinero. Está encantado. Curioso me acerco a la cocina y veo a Cascos con cara de pocos amigos. Abrumado de cacerolas y de cacharros sucios por todas partes. Le pregunto que como lleva las cosas y me dice que fatal, que mi casa es un lio muy grande y que así él no trabaja. Le contesto: ¿no querías cocinar? , pues ahora jódete y cocina. Mientras voy saliendo de la cocina oigo a Cascos diciéndome: que te den…

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