17 de julio de 2008

La crisis llega y yo con estos pelos


Economic Apocalypse. Foto de AZRainman : Photoshop Satire. Vista en Flickr


Toda una vida esperando la gran crisis y ahora que parece que llega nos entra el canguelo. Vaya generación de profetas de pacotilla.

Nos educamos políticamente en los pupitres del socialismo científico y creímos en los 60 que la gran crisis era cosa de unos pocos años. Realmente los años 70 estuvieron cargados de negros nubarrones económicos y fue fácil seguir creyendo en aquellos principios “científicos” que anunciaban las siete plagas de Oriente para pasado mañana.

Immanuel Wallerstein, Radovan Ritcha, Gunder Frank- a quien hicimos de cicerone por las tascas de Madrid a finales de los 70, supieron renovar para nosotros las esencias proféticas del fin del mundo. Y seguimos creyendo en el santo advenimiento, con menos ánimos, con radicalidad pasada por agua. Era “ineluctable”. Hermosa y tierna palabra con un cierto regusto musical.

En los 76-77-78, justo en la transición, empezaron las rebajas. La izquierda tenía que demostrar que estaba preparada para gobernar y no se les ocurrió otra cosa que firmar unos llamados “pactos de la Moncloa”, verdadera purga de Benito que dejaba para calendas griegas las mas importantes reivindicaciones del movimiento obrero, que con aquel gesto inició en España el acomodo a las instituciones capitalistas. Nada que extrañar para aquellos de nosotros que habíamos leído con delectación los sagrados textos leninistas sobre las trade unions. Pero ya digo, la primera en la frente, en los mismísimos cuernos. No era lo mismo saber que los sindicatos teóricamente son instituciones del sistema del capital que encontrarse que las Comisiones Obreras de tus amores inspiradas en los consejos obreros y en las teorías espartaquistas de repente se convertían en lo contrario para lo que fueron concebidas. Bueno, es posible que estuviésemos equivocados desde antes. Pero el disgusto no se nos quitó y hoy cuando vemos a los sindicatos convertidos en piezas decorativas, en el mejor de los casos, e incluso en instituciones conservadoras y corporativas….se nos cae el alma del almario.

Los años 80, que decir de los 90, dieron la puntilla a nuestras ilusiones milenaristas. No nos sorprendió la crisis de Berlín, incluso la dimos por bienvenida. Ya desde mucho antes la experiencia del “socialismo real” sabíamos que era un enorme fracaso. Puede que fuésemos incluso los mejor informados pues habíamos tenido la ocasión de viajar como “amigos” a países como la Rumania de Ceaucescu y otros paraísos en la tierra. Habíamos conocido en primera línea las aventuras equinocciales de los hermanos Calatrava, digo Castro. Mas nos afectó en ese momento el fracaso electoral y político del PCE. El eurocomunismo, el socialismo de rostro humano fue la última aventura intelectual de una generación. Gramsci fue nuestra última apuesta ideológica. Y la izquierda liberal americana, Sweezy y la Monthly Review nuestro último anclaje emocional. En el camino nos dejamos a Marcuse y a todos los profetas del 68, a los que habían osado explorar nuevas líneas de encaje de las ideas marxistas con las temáticas del sexo y hasta de la música.

Con el afeitado de nuestras patillas y con los primeros compases de las nuevas músicas políticas algunos de entre nosotros dieron el paso de sumarse a las filas del socialismo español. Un buen trabajo del PSOE que supo ganarse la voluntad de unos cuantos centenares de “viejos” militantes de la izquierda radical para gestionar el proyecto de convertir a España en un normalizado estado del bienestar. A fuer que lo lograron aun con los costes tremendos de olvidarse de proyectos culturales y civilizatorios para nuestro país. Tenemos muchos mas hospitales, muchas mas pensiones, la segunda residencia, pero la burricie y la caspa franquista siguen instaladas en las cabezas de nuestros compatriotas.

Los que no teníamos esa vocación de servicio a la patria tan acendrada volvimos a los cuarteles de un invierno largo y nos dedicamos a las músicas privadas. Dejamos de creer en las viejas construcciones teóricas y nos hicimos ciertamente algo mas pragmáticos. Asistimos con una medida ilusión a la aparición de nuevos movimientos sociales y creímos ver en el 2004 un cierto cambio en la mentalidad de los mas jóvenes. Pero la crisis final ya no la veíamos desde ningún punto de observación en el que pudiéramos colocarnos. Ni borrachos.

Pues bien. Ahora vemos como los amigos de las teorías del ciclo están algo acojonadillos. Detrás de la crisis financiera ven los colmillos de la catástrofe final. Junto a los estadillos de los precios del petróleo se imaginan la cuchilla de la recesión. Y no es para tanto. Ven un agotamiento de un modelo de crecimiento y no saben cómo explicar esa coincidencia de acontecimientos a cada cual peor.

Bueno, pues tranquilos. Aquí estamos los viejos milenaristas para decirles que está crisis es un chiste político. Que es el precio de los errores políticos de Bush y sus amigos neocons. Que de esta crisis se va a salir mas pronto que tarde en el momento que Obama, montado en el caballo blanco de un enorme triunfo electoral ponga orden en la casa del padre.

De momento vayan dos apuntes del día de hoy. Lean el NYT y entérense que el ciclo alcista del petróleo toca a su fin. Sigan leyendo y, finjan sorpresa, la diplomacia USA habla de reabrir la embajada en Teherán. Alguien ha tocado la señal de alarma y ha dicho, muchachos hasta aquí hemos llegado. Toca descansar de tantos años de derroche y de cachondeo.

Zapatero se volverá a salvar. Además tiene al lendakari para entretener a los periódicos, por si las cosas fallan y resulta que de la crisis no se sale ni con la paz con los talibanes.

Y si la crisis llega aplíquense ustedes la receta, el que pueda, de la mas ingeniosa de las pintadas, hoy grafitis, de nuestra época de creyentes “a follar, a follar que el mundo se va a acabar”.

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