6 de junio de 2012

Grietas en el régimen constitucional español de 1978




Voces muy variadas y procedentes del mundo académico, político y empresarial insisten sobre la necesidad de un gran acuerdo político en España para dar salida a la crisis económica y a las disfunciones del sistema político nacido de la constitución de 1978.

Las dos propuestas más importantes- o llamativas- de esta serie se han publicado curiosamente en las páginas de opinión en el diario El País. No debe ser casualidad. La primera es del 1 de Junio y lleva el sugerente título de “No queremos volver a la España de los 50”. Firman el artículo Jesús Fernández-Villaverde, catedrático de Economía, University of Pennsylvania; Luis Garicano, catedrático de Economía y Estrategia de la London School of Economics y Tano Santos, catedrático de Economía y Finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia. A su condición de académicos brillantes unen la de ser polemistas activos en los debates sobre la realidad económica española y desde unas posiciones que podríamos definir como cercanas al gran consenso neoliberal internacional.

La segunda propuesta es de hoy mismo y la firman dos exministros de gobiernos españoles del PSOE y del PP con el titular “Juntos, mejor”: Jordi Sevilla, exministro socialista, en la actualidad Consultor Senior en PWC, y Josep Piqué, exministro del Partido Popular que es presidente de Vueling.

Con las lógicas diferencias de enfoque y de estilo ambas propuestas coinciden en la necesidad vital de desarrollar programas de gobierno consensuados entre las fuerzas políticas mayoritarias del país y orientados a la reforma del modelo productivo español así como a la modernización de nuestras instituciones políticas.

No es mi intención analizar las dos propuestas. Creo que la primera se centra demasiado en la agenda económica europea y que despacha de una manera ciertamente provocativa, aunque difusa, lo que llaman aventuras “peronistas” que no deben ser otras que las reivindicaciones sociales expresadas por el movimiento sindical y el 15M. Como el artículo ha levantado mucho interés te sugiero leer alguna de las críticas que ha recibido. Por ejemplo la de Rafael Escudero en Zona Crítica.  En cuanto a la segunda propuesta, la de los expolíticos, tengo que decir que me ha parecido la típica construcción de gabinete, suficientemente abierta como para apuntar en un sentido y en su contrario y tan llena de lugares comunes como vacía de contenidos explícitos. Un brindis al sol que más calienta pero que viene a expresar el malestar existente con la conducción y los liderazgos actuales del PP y del PSOE.

Me recuerda el momento a la pretransición. A los discursos que desde el interior del régimen invitaban al franquismo a regenerarse y a abrirse al exterior. Aquellas cosas del espíritu del 12 de Febrero y a las movidas reformistas de los Areilza, Fraga y compañía. Ni siquiera todo esto tiene un olor que recuerde, aunque sus promotores así lo reivindiquen, a los famosos Pactos de la Moncloa. Creo que no dejan de ser pellizcos de monja que apenas van a hacer mella en la epidermis paquidérmica de nuestros partidos políticos mayoritarios.

Las agendas del PP y del PSOE no están preparadas para una movida que signifique abrir el cauce a reformas constitucionales o a programas de renovación del pacto social que se ha ido quebrando en los últimos años. Tampoco tienen los incentivos necesarios para promover cambios sustanciales pues en cualquier caso irían en detrimento de su actual estatus de poder. Mucho menos para dar salida a las demandas territoriales vascas y catalanas o las propuestas de proceso constituyente lanzadas desde Izquierda Unida. Y, por supuesto, nada que ver con las reivindicaciones de cambio global, ético y civilizatorio que se lanzan desde las asambleas del 15M.

En cualquier caso, y es lo que me interesa entresacar de todo esto, parece como si se hubiera levantado la veda a la hora de manifestar el descontento con el sistema político desde los círculos de poder fáctico. El deterioro de instituciones tan importantes como la monarquía y el poder judicial son señales muy explícitas sobre lo que se nos viene encima. Todos estos nerviosos movimientos  son el indicio de que la temperatura del edificio constitucional nacido en 1977 está llegando a límites cercanos a la ebullición. Desde ese punto de vista me parece que hay que dar la bienvenida a este tipo de discursos. Ojalá fuesen muchos mas los que se pronunciasen de la misma manera desde el interior del régimen.

Algo tiene que pasar porque ya nada va a ser igual, como diría hoy un renacido Lampedusa.
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