18 de junio de 2012

La puta de la prima de riesgo y su abuela la deuda pública

Bolsa de Madrid
Foto de Arturo Mandly con licencia CC



Todas las portadas de la prensa de hoy coinciden en dar la bienvenida al resultado electoral en Grecia. “Un respiro” para el euro y la economía internacional. Los mercados sin embargo parecen haber reaccionado a la contra de la perspectiva editorial de los periódicos.

Como nadie explica nada y la gente apenas usa el caletre para actividades distintas de las de sobrevivir, los telediarios del mediodía despejan las noticias de forma deslavazada y confusa. Incluso dedican mas tiempo del previsto al funeral corpore insepulto del señor Dívar en los fastos de celebración de no se cuantos siglos de nuestro Tribunal Supremo. El rey marchó a otros funerales algo mas entretenidos y le ha dejado al Príncipe con la misión de poner cara de susto en la ceremonia española. Por cierto que lo hace estupendamente.

Hemos estado comiendo en un bar del barrio. Las mesas que nos rodeaban comentaban sobre la prima de riesgo sin tener ni remota idea de su significado. Hace meses parecía que la prima de riesgo era la medida de todas las cosas y ahora es como la rechifla general. Yo he hecho una encuesta entre mis allegados sobre la famosa prima y obtengo respuestas que van desde lo atinado hasta lo esperpéntico. A ver como se lo explico yo. Si a veces doy la sensación de que les trato como a bobos es simplemente una cuestión de incapacidad mía por lo que pido perdón por adelantado. Desgraciadamente a todos nos tratan como a bobos nuestros medios de comunicación y esto del blog no deja de ser eso, un medio de comunicación.

Existe una cosa llamado gasto público que es lo que las administraciones se gastan pagando sueldos, servicios e inversiones. Para financiar ese gasto el estado y los entes públicos inventaron algo llamado impuestos, tasas y otras gabelas. Nada muy distinto a la economía de cualquier empresa. Para cuadrar el balance del gasto y del ingreso, pues en la mayoría de las ocasiones los gastos son superiores a los ingresos y en el mejor de los casos existen necesidades de tesorería, inventamos una cosa llama Deuda Pública que son unos papelitos que compras al Tesoro Público a un precio pactado y que si las cosas van bien el estado te devuelve el principal con sus intereses. Una vez tú, yo o el fondo de inversión correspondiente, con el papelito en nuestro poder podemos negociarlo en algo llamado mercado secundario de deuda. En situaciones normales el papel valdrá en el mercado en función del tiempo que queda para que el tesoro lo rembolse a su precio facial menos los costes que los nuevos compradores calculen a favor de su beneficio marginal que estará en función de los tipos de interés de la deuda que se esté ofreciendo por las nuevas emisiones. Por ejemplo, si tu tienes deuda al 4% y las nuevas emisiones que lanza el gobierno se pagan al 6% el mercado te exigirá que seas tu el que pagues la diferencia del 2% haciendo un descuento sobre el valor facial de tu pagaré, de tu letra o de tu bono. A esa diferencia se le llama prima de riesgo.

Ya digo yo que eso pasa en situaciones normales. Pero en situaciones como la presente la fórmula de recargo atiende a muchas otras razones. Puede que los prestamistas tengan dudas sobre la solvencia del estado y que calculen la posibilidad de que el gobierno deje de pagarles. Esas dudas son a veces alimentadas por los rumores y por los interesados en manejar los mercados secundarios. Hoy en las bolsas de todo el mundo se ganan, y se pierden, fortunas jugando con los pequeños márgenes del precio de la deuda. Existen inversores y fondos especializados en comprar a la baja y vender al alza aprovechando las puntas horarias de las cotizaciones y en estas situaciones de dudas y de inseguridad encuentran su nicho ecológico preferido. Las dudas a unos les empujarán a vender y a otros a comprar. Y los intermediarios a ganar siempre. El miedo guarda la viña ya sabes.

En caso actual además ha sucedido lo siguiente. Para resolver el drama de la banca española, especialmente el de las cajas de ahorro, que consiste en que tienen el balance lleno de activos inmobiliarios tasados a precios de mercado de hace años y engordado con nuevas adquisiciones de pisos procedentes de promotoras insolventes o de hipotecas no pagadas a las autoridades europeas no se les ha ocurrido otra cosa que poner a la disposición de nuestros bancos la bonita cifra de cien mil millones de euros para que pongan al día mediante amortizaciones aceleradas sus balances. Pero, y ese es el pero, lo han hecho cargando ese préstamo sobre la cifra de nuestra deuda pública pues han exigido que sea el estado quien se convierta en garante de la devolución de ese préstamo. Un rescate, le llaman, que renueva las dudas sobre la posibilidad de que el estado sea capaz de asumir sus responsabilidades. A la vista de lo de Grecia yo creo que esas dudas, por muy dramatizadas y exageradas que sean, no dejan de ser razonables.

Como todo este ciclo de dudas y de especulación ya lleva unos cuantos meses de recorrido puede que haya llegado el tiempo de sumar al mejunje algo llamado pánico con lo que ya has hecho un pan como unas tortas.

En estas circunstancias los estados pueden sentirse obligados a declararse insolventes y anular el pago de los intereses de la deuda y de la deuda misma. Antiguamente incluso tenían ideas como las de mandar a galeras o a la horca a los banqueros prestamistas si les protestaban. Hoy somos algo mas civilizados y nos vamos a llorar al FMI o a las instituciones europeas, incluso nos vamos a  París a una cosa llamada Club de París- no se si trabajan en horarios nocturnos- a renegociar a cara de perro con nuestros acreedores una cosa llamada quita que no es diferente a lo que hacemos entre nosotros con tal de recuperar parte de lo que nos deben. No se crean que es plato de buen gusto jugar al jueguecito este del impago. Default le llaman a la figura y harían bien en aprenderse el nombrecito. Mientras que uno está en ese juego los mercados- los famosos mercados- le ponen la proa, los gobiernos se ponen nerviosos y tienen la tentación de echarle la culpa al empedrado. Las gentes se revuelven contra los intentos de los gobiernos de recortar servicios y subir impuestos y en la sublevación los ciudadanos solemoscargar la mano contra aquellos a quienes nos de por echar la culpa de nuestro malestar. Incluso al final nos hacmeos la picha un lio y resulta que votamos a aquellos gobernantes causantes del estropicio.

 Lo que ha pasado en Grecia.

Bueno. Mas tarde hablaremos del gobierno…alemán por supuesto., que tengo que recoger el coche del taller.
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