29 de junio de 2012

Soberanía, democracia y globalización. Un cruce de caminos para la Unión Europea

François Hollande, the new French President, talks to German Chancellor Angela Merkel, Brussels, 23 May 2012



Parece que la reunión del Consejo Europeo se ha saldado con un precario paso adelante que anticipa una posible solución federal de los problemas de la Unión Europea. Eso que llaman la Unión Fiscal y la Unión Bancaria y que no es otra cosa que la apuesta por diseñar bajo un mando unitario y un gobierno común las políticas económicas europeas. Habrá que esperar la letra pequeña y sobre todo conocer la factura que el cambio suponga para las economías periféricas como la española o la italiana.

Puede que la visión del abismo haya agudizado las entendederas de los líderes de mercadillo que nos gobiernan. Posiblemente la reciente reunión del G20 haya sido el detonante del paso adelante adoptado en Bruselas. El fracaso del euro supone el de la UE y con el la destrucción del modelo de globalización que enmarca la economía de nuestro mundo para lo bueno y para lo malo.

La apuesta federal europea es una de las grandes ilusiones y quereres de los fundadores de la Europa moderna. El peso de las distintas cultura políticas ha imposibilitado muchas veces dar el salto al federalismo basado en compartir soberanías. Siempre se ha entendido el concepto de compartir por el de ceder. Y no es lo mismo.

Yo no se si Europa está en condiciones de dar ese enorme salto. Me temo que nunca haya sido tan escasa la unión política entre los diferentes miembros de la UE. Y sin ese cemento de la unión política tengo tendencia a pensar que todo esto no es más que una chapuza. Incluso hasta peligrosa pues cuanto mayor sea la “venta” ante las opiniones públicas de los supuestos avances en línea federal mayor será la decepción si el proceso descarrila o no llega a culminarse. Si ahora ya sabemos que el diseño del euro fue un mal diseño cabe dudar sobre el diseño de nuevas formas de gobernanza económica federal a espaldas de los pueblos y como consecuencia de acuerdos de élites con intereses distintos a los propios de los pueblos a los que mal representan. Esta cuestión de la falta de aliento democrático puede que sea la determinante para anticipar el fracaso.

Por lo que nos jugamos en el futuro más de uno hará bien en cruzar los dedos. En España me temo que tendremos que cruzar más que los dedos. La debilidad del gobierno Rajoy es tan manifiesta que da pavor. A este señor lo único que le interesa es ir a la final de la Eurocopa y los acuerdos son buenos para él en la medida que le permitan darse el paseo.

Recuperando papeles que escribí en su momento para Know Square encuentro las reflexiones de Dani Rodrik “un profesor de economía que gusta a los profesores” tal como  le define uno de sus colaboradores y que posiblemente sea uno de los pensadores que mejor ha entendido la correspondencia entre los conceptos de soberanía, democracia y globalización que son el marco de la acción política de los grandes bloques económicos que dan sentido- o sinsentido- a nuestro mundo y que constituyen la base de nuestros problemas y nuestras oportunidades. Entender bien esto resulta vital para nuestro futuro y me temo que nuestros políticos apenas sean conscientes de lo mucho que tienen que ver estos conceptos con las decisiones que adoptan o que dejan de adoptar.

Catedrático de Política Económica Internacional de la John F. Kennedy School of Government, Universidad de Harvard Dani Rodrik es a su vez editor del Review of Economics and Statistics y del Journal of Globalization and Development.

Autor de libros de cabecera como “Has Globalization Gone Too Far?" Es muy conocido por el público no especializado (los macroeconomistas, tan discretos ellos en sus vidas académicas en periodos de calma, se han convertido en estrellas mediáticas en estos tiempos de incertidumbre)  por el desarrollo del concepto del “trilema” que viene a sugerir la existencia de incompatibilidades básicas entre soberanía, democracia y globalización.

Algunas de las notas que me han servido para escribir este post nacen de una conferencia celebrada en la Fundación Rafael del Pino en la que fue ponente el profesor Dani Rodrik.

En estos tiempos convulsos en los que tanto destacan gurús y magos estrafalarios y apocalípticos y los diagnósticos y pronósticos sobre la situación económica internacional se abren desde el  cero al infinito, es cuando más necesario resulta escuchar la voz de los expertos como Dani Rodrick.

Puede que DR sea uno de los más sólidos y expertos académicos en teoría del crecimiento económico y en globalización. Es un economista neoclásico pero con esa punta de provocación y de falta de respeto a los grandes principios que le convierten en un portavoz magnífico de aquellos que apuestan por el  cambio y la reforma de nuestro sistema económico internacional.

Dani Rodrik se interroga frecuentemente sobre los ganadores y los perdedores de la globalización y su apuesta sobre el futuro de la situación económica internacional incluye la puesta en marcha de reformas que cierren la brecha entre las élites y los pueblos y hagan compatibles la democracia y el orden económico internacional.

"La tendencia general en el mundo es estar en contra de la globalización”. “La pregunta es ¿Por qué la globalización es tan impopular?"
Contestar a esta pregunta que se formula DR es vital para entender la salida a la crisis poliédrica que padece la economía internacional. Nos dice el profesor:
“Si las importaciones amenazan tu trabajo, estás contra la globalización" y a renglón seguido nos cuenta que esa no puede ser la causa de la desafección popular a la globalización ya que "el comercio internacional es una causa muy pequeña de la pérdida de puestos de trabajo". La globalización impone nuevas reglas de juego para la competencia y eso hace entrar en colisión los intereses de sectores muy distintos de la población. Las distintas normativas y reglamentaciones en cada país, las externalidades producidas por el uso de factores productivos como el trabajo a bajo coste, las opciones arancelarias múltiples y las diferentes  fiscalidades producen distorsiones en los mercados: “costes transaccionales que niegan las bases y las legitimidades”. Es en ese concepto de negación de legitimidades, de oposición entre la globalización y las instituciones democráticas o sociales, en el que el profesor Rodrik sitúa la falta de aceptación del fenómeno globalizador. Singularmente Rodrik cita el concepto de la soberanía nacional como el gran y primer afectado por los cambios.

“Es lo que yo llamo trilema fundamental. No se puede tener a la vez globalización, soberanía nacional y política democrática"

Es en esa frase en la que se contiene el sentido principal del pensamiento de DR y el que le inspira a contestar la gran pregunta ¿Cómo hacer compatibles democracia, soberanía y economía global abierta?

La primera salida posible, nos cuenta el profesor, sería evidentemente crear un mecanismo de poder global, un gobierno mundial, en otras palabras, “la hiperglobalización”. Por lo menos un gobierno económico. Las reuniones del G20 están evidenciando la imposibilidad de llegar a ese modelo. No nos dice el profesor que ese modelo sea imposible. De hecho recuerda como en la historia del capitalismo moderno se han producido fases de esa gobernanza mundial. Por ejemplo todo el periodo gobernado por el patrón oro. Pero en la actualidad la evidencia parece negar la emergencia de un poder mundial unificado en materia monetaria. Vivimos en un mundo multipolar y con situaciones de partida muy diversas.

Otra alternativa es la vuelta a la política de bloques o de soberanía nacional exclusiva, la vuelta al proteccionismo y al sálvese quien pueda. A nadie se le oculta que sin algún sistema de gobernanza económica internacional, por precario que sea, el mundo se aboca a una crisis irresoluble. Recuerda DR que del fracaso del patrón oro se derivó la crisis de los 30- "el patrón oro cayó cuando en 1931 Inglaterra hizo lo que pedían los trabajadores y usó políticas nacionales"- y el posterior corolario de guerras y de enfrentamientos de los 40. Pero no se puede descartar un escenario así de crítico, lo que no significa ni mucho menos que los pronósticos agoreros y apocalípticos tengan sentido en estos momentos por muy profunda que se adivine la duración del actual periodo de crisis. La memoria histórica de aquel periodo nos debe acompañar siempre como referencia.

Descartada esa alternativa por un puro mecanismo de autodefensa solo nos queda "una globalización limitada, un nuevo Bretton Woods". "Lo que hemos aprendido es que la legislación basada sólo en el mercado tiene problemas importantes". No puede ser el mercado la única guía para construir un nuevo acuerdo de gobernanza económica mundial. Hay que hacer compatibles las instituciones democráticas a escala de naciones o de bloques económicos actualmente existentes con la globalización.

"Creo que tenemos que respetar el derecho de cada país de defender sus propias normas e instituciones". "Para ello, las normas de la regulación comercial han de dejar espacio para las particularidades de las reglas nacionales" nos dice DR.

El profesor Rodrik lanza sus propuestas para “armonizar normativas”, “coordinar políticas monetarias”, “control de capitales”, “limitación del comercio internacional”, etc. Las naciones deben ser capaces de reglamentar el acceso a los mercados de productos y de mercancías, exigiendo la máxima calidad y seguridad a la vez que se vaya imponiendo en el mundo una nueva cultura de respeto a los derechos humanos, verdadero método para oponerse al conocido como “dumping social y laboral”.

Queden esas reflexiones para ser capaces de entender los acontecimientos que la prensa nos vende como “salvaciones”. De lo que escuchemos sería bueno que nos creyésemos la mitad. Al final las cosas saldrán como nadie se lo pueda estar esperando. Los famosos cisnes negros que diría Nassim Nicholas Taleb.

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