29 de febrero de 2012

La parada de embajadores del Palacio Real de Madrid



Los madrileños solemos ignorar los fastos palaciegos que la ciudad cortesana nos ofrece. Uno de los de mayor ringorango y alarde es el de la presentación de credenciales del cuerpo diplomático en Madrid.

Los diplomáticos son recogidos por una numerosa escolta a caballo de la Casa Real en el ministerio de Asuntos Exteriores. Desde allí se dirigen atravesando la calle Mayor hacia la entrada de la Plaza de la Armería. Una vez dentro de la plaza que da entrada a Palacio una formación completa de la Guardia Real con uniforme de gala les rinde honores interpretando los himnos nacionales de España y del país del embajador.

Hoy debía presentar credenciales un nuevo embajador de Francia pues he podido escuchar, con enorme satisfacción por cierto, nada mas y nada menos que La Marsellesa. Solo por eso ha merecido la pena estar por Palacio. ¡Que casualidad! ... la marsellesa en el palacio Real. Ni que fuese el 14 de Abril.





Una vez presentados sus papeles ante el Rey, ¿ante quien si no?, los embajadores toman de nuevo el portante y vuelven, cual Cenicienta, en sus adornadas carrozas al lugar de donde previamente les han recogido. Me imagino que gastan la mañana en esta ceremonia. Muy bonita ya les digo si no fuese por el olor que va dejando la numerosa caballería.






Yo, como si fuese un embajador, he seguido el camino de vuelta, confundiéndome con la masa de turistas de todos los paises que llenan nuestras calles céntricas.




Iba pensando en mis cosas cuando una frase oida de casualidad me ha devuelto a la cruda realidad villana- de villa- en la que uno vive. Un castizo le decía a su parienta delante de un escaparate de una tienda de regalos de la calle Postas: "ya te decía yo que los cristales "guarroski" son muy caros". Pobre señor Daniel Swarovski, creador de los afamados cristalitos tallados....


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