30 de octubre de 2010

"Gdeim Izik es el Estado saharaui"



El tiempo en el desierto del Sáhara transcurre lento. En su parte occidental, en las antiguas tierras del Sáhara Occidental Español, uno diría que esa lentitud alcanza grados geológicos. 35 años han pasado desde el abandono del territorio por la vieja potencia colonial y su sustitución por los nuevos ocupantes: el ejército real marroquí y sus allegados civiles.

Un largo proceso de fácil resumen. Traición, ocupación a sangre y fuego, guerra, resistencia, exilio, división del pueblo en dos comunidades, intervención, pobre intervención, de los organismos internacionales, abandono….Si quieren ilustrarse debidamente les recomiendo la lectura de un documento esencial: la carta de fecha 29 de enero de 2002 dirigida al Presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por el Secretario General Adjunto de Asuntos Jurídicos, el señor Hans Corell.

Parecía que nunca iba a pasar nada. Que la diplomacia marroquí seguiría abusando del viejo argumento de una salida autonómica en la que no cree nadie y que los hechos del día a día desmienten. Que el Frente Polisario seguiría aguantando carros y carretas sin declarar el cese de la tregua y el inicio de una nueva fase de guerra. Que Francia y España alentarían todo tipo de maniobras en las altas esferas internacionales para conseguir dar carta de legitimidad final a la ocupación marroquí a cambio de pagar un exilio de oro a la dirigencia saharaui y un malvivir precario a la población.

Pero resulta que un cataclismo estaba a punto de nacer. El tiempo geológico sufre de cuando en cuando la convulsión de un gran terremoto, de una marea inundadora.

Miles de saharauis a un solo grito nacido de su corazón más profundo decidieron tomar la palabra e inundar de voces el desierto del Sahara. En las mismas puertas de los cuarteles de los ocupantes. En las mismas narices de los observadores internacionales de la Minurso.

Y esas voces, a pesar de los múltiples intentos de negar y de ocultar, a pesar de un bloqueo informativo creciente, se están haciendo escuchar en los despachos y en los medios de comunicación del mundo entero.

De jaima en jaima, de familia en familia, fueron concentrándose en las afueras de las ciudades importantes del Sáhara Occidental miles de saharauis. Algunos de esos campamentos improvisados fueron desarbolados. Pero uno de ellos, el de Gdeim Izik, logró resistir.

Son muy pocos los testimonios que nos llegan de dentro. Recomiendo la página Resistencia Saharaui y las crónicas de GUINGUINBALI. La prensa no puede traspasar los límites del campamento, pero empieza a hacerse eco de lo que sucede en el interior del campamento.

Sobre todo después del asesinato del niño El Garhi Nayem y del secuestro de sus jóvenes acompañantes del jeep en el que trasladaban víveres a los acampados. Ese crimen ha conmovido las conciencias de todos los saharauis. Incluidos los hasta ahora estrechos colaboradores del gobierno de Marruecos. Han desaparecido de la faz de la tierra. La pantalla que suponían para las autoridades marroquíes se ha roto en mil pedazos y toda la estrategia de intentar demostrar al mundo que allí existía una comunidad saharaui de adscripción marroquí ha caído por los suelos.

Todo el mundo se pregunta por la naturaleza del movimiento, por las personas o líderes que animan al mismo. Del porqué de la falta de banderas nacionalistas. Cálculos para conocer la fuerza de esa nueva forma de resistencia. Yo se lo voy a decir y háganme caso: es la fuerza del pueblo saharaui sin más calificativos. Su bandera: el hassanía, el dialecto que les identifica. Su fuerza: el cansancio y el hartazgo de tantos años de torturas. Sus líderes: estudiantes y trabajadores nacidos en la intifada de estos últimos años. Y el ejemplo que les anima: la lucha incorruptible de Aminetu Haidar.

Esta mañana en El País la nueva ministra de Asuntos Exteriores de España, de la que muy poco se puede esperar, decía que la única salida es la negociación entre las partes. Una negociación de la que se han estado riendo los muchos Moratinos de turno. La semana que viene se volverán a reunir las partes delante del representante personal del Secretario General de Naciones Unidas, el señor Ross.

Puede que esta vez pueden tener el mandato expreso de la mayoría del llamado Grupo de Amigos del Sahara para torcer la muñeca de los marroquíes y hacerles aceptar un retorno a la vieja estrategia de los conocidos como planes Baker, que suponen el regreso de los saharauis del exilio a las tierras de sus antepasados, una solución administrativa civil de naturaleza más o menos autonómica pero debidamente garantizada en su calidad por Naciones Unidas y un aplazamiento del ejercicio final de la autodeterminación para un horizonte temporal a determinar.

Esperemos que así sea. Es posiblemente la última ocasión para lograr una salida adecuada para las partes. No espero nada de los marroquíes. Mohamed VI sabe que el Sahara es la válvula de seguridad de la olla a presión que es hoy su país en materia de demandas de derechos humanos y de cambios económicos. Que si suelta la presa del sur las cosas se le pondrán difíciles en muchos frentes interiores. Por eso es por lo que obstaculiza todo lo que puede la única salida natural del conflicto: la negociación entre iguales en base a la interpretación justa de las resoluciones de la ONU. Incluso los pequeños pasos de la diplomacia española como las declaraciones, tímidas declaraciones de Trinidad Jiménez, se han encontrado con una nueva campaña antiespañola en la prensa oficial marroquí. Se están inventando en un torpe ejercicio de comparación que en los últimos incidentes de Melilla la Guardia Civil ha matado a un joven musulmán. Están, una vez más, declarando a la prensa española, a la dócil prensa española, como los malos de la película. Otra vez las teorías del contubernio internacional.

Ante ese panorama el protagonismo del pueblo saharaui ha decidido tomar cartas directas en el asunto para hacer imposible la vuelta atrás. Ese es el sentido de la movilización. Como dice uno de los acampados "Gdeim Izik es el Estado saharaui". Esperemos que su valiente decisión tenga el premio justo. Que el lema de su corta historia que reza “toda la patria o el martirio” no tenga que volverse realidad fatal.

ACTUALIZACIÓN 8 DE NOVIEMBRE
El peor de los escenarios se ha hecho realidad. El desmantelamiento a sangre y fuego del campamento supone la última vuelta de tuerca al conflicto. Con ello Marruecos ha cegado la última oportunidad de encauzar el conflicto por via diplomática. A partir de ahora y conociendo la escasa capacidad de las NNUU para intervenir y el nulo interés de España y Francia para hacerse presentes como potencias influyentes solo queda la vía de las armas. Cuando la palabra es sustituida por los hechos de guerra solo queda sentir piedad por los muertos de antes, de ahora y de mañana y clamar para que las conciencias de tantos hipócritas se despierten de su letargo y de su abulia.
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