21 de noviembre de 2009

¿CRISIS DEL PERIODISMO O CRISIS DE LA INDUSTRIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN?

Foto con licencia CC. Colección Flickr de Eli Nixon.


Con el secuestro del Alakrana, felicidades a las familias, se han avivado los comentarios sobre los males de la prensa. Las tertulias en las radios cada vez dedican más tiempo a tratar sobre los problemas del oficio. Se percibe en la profesión un contenido o apocalíptico desánimo -según temperamentos- sobre el futuro de unos medios que se rinden con tanta fatalidad al rito de convertir los acontecimientos y los hechos en productos de campañas políticas interesadas o en infobasura.


Si unimos este desánimo con la evidencia empírica de la pérdida de vigor económico del sector y su caída de audiencias no es de extrañar que jeremías de todos los colores y tendencias anuncien las cuatro plagas de Egipto y el fin del poder de los mass media.


Solo faltaban, en España, para dibujar el perfil de la crisis, el anuncio de despidos y de cierres por babor, el ABC, y por estribor, diario Público. Y el caso español no es excepcional. En el mundo entero se están produciendo reestructuraciones, pongamos por caso la agencia AP.


Yo tengo la teoría, nada original, no se crean, de que lo que está en crisis no es el periodismo en sí. Lo que está en crisis aguda, por agotamiento del modelo de negocio, es la industria de los medios de comunicación que ha dado cobijo al periodismo en los tiempos modernos.

El periodismo no es más que la transmisión de noticias y conocimientos y el relato ameno de los mismos. En ese sentido el periodismo existirá siempre que el ser humano viva en sociedad. La única diferencia será sobre el lugar que ocupe el periodista en el espacio social, su rol social.


El primer periodista fue aquel que a la vuelta de un viaje le contó a la tribu aquello que había visto. El que lo contaba mediante palabras era el reportero, si lo hacía mediante imágenes el fotógrafo. No cobraban un duro pero seguramente de su habilidad en el relato dependía que sus colegas les surtiesen de algún que otro bocadillo y bebida espirituosa. Y con las noticias llegó la competencia entre narradores. Desde el estilo más sucinto y “científico”- el toque Herodoto para entendernos- al más literario y barroco- pongamos de ejemplo al ciego Homero. La noticia se acompañaba del conocimiento- el periodista y el espía son profesiones paralelas- sobre la realidad remota. Y todo ello se aderezaba con el arte de contar- de la palabra cuento, que no cuenta.


Y así fue a lo largo de muchos siglos. El ciego Homero se convirtió en el ciego de los pliegos de cordel con sus truculentas historias de crímenes y el viejo Herodoto fue relevado por generaciones de cronistas al servicio de reyes y señores.


Tuvo que llegar el capitalismo moderno, la gran aventura colonial y la Ilustración para convertir el periodismo en algo más que un negocio de ciegos, cronistas y pintores de estampas. Una pujante industria naval, una poderosa clase comercial burguesa y unos financieros avispados dieron ocasión a la creación de innumerables gacetas y gacetillas, primer domicilio de un nuevo periodismo corporativo e industrializado. El periodista moderno se distinguió por crear noticias y no limitarse con ello al simple ejercicio de transmitirlas. Las noticias se generaban en los despachos de los hombres de fortuna.


Y así estábamos cuando en Europa y en América se crearon las democracias de masas. Un nuevo protagonista entró en el juego: el político. Y una nueva industria: los medios de comunicación masivos.


Unen en su proyecto la noticia, el conocimiento y el ocio como en los viejos tiempos pero mediante una fórmula más comercial. Buscando el rendimiento económico para los nuevos señores de la industria. Son la versión más depurada y potente de la vieja profesión de periodista. Aquel que informaba de lo que sus ojos habían visto en lejanos países o descubierto debajo de la manta, que transmitía conocimientos y se traía la fórmula de la pólvora de Oriente y que por demás, lo hacía con arte. El cine nos ha dejado espléndidos testimonios de esa edad de oro de la comunicación de masas. Ciudadano Kane, Aquellos chalados con sus locos cacharros o Primera Plana son algunas de ellas.


La prensa desarrolla su negocio a través de nuevos soportes y medios que le dan riqueza y nuevas oportunidades de negocio. La radio y la televisión multiplican la potencia de los grandes consorcios multimedia y no se canibalizan entre ellos. La publicidad de masas y los ingresos multimillonarios que la misma ofrece a los medios de comunicación permite liberar a los propietarios de los mismos, y en alguna medida a los periodistas, de la presión directa de los grupos de poder político. El momento cumbre de ese modelo de prensa es en España la época de la transición. Nunca los medios en nuestro país, incluyendo la propia televisión pública, dispusieron de unos espacios de mayor libertad e influencia social. En EEUU la crisis Watergate y otros acontecimientos ponen de manifiesto el poder de instituciones tan poderosas como el NYT o el Washington Post.


Los años 90 representan el canto de cisne de tan poderosos medios. Son los años de la CNN, de PRISA en España, etc. Pero algo se cruza por medio. Tenemos la tentación de señalar a Internet y el acceso gratuito a las noticias como el origen y la causa directa de la crisis del mass media. Pero puede que las cosas no sean tan claras. Puede que la causa original sea la crisis de legitimidad producida por la emergencia de formas de entretenimiento en las TV como el reality show y los espectáculo-basura. Puede que la crisis tenga más que ver con la caída de la calidad de la información. Con aquellas escenas virtuales que nos sirvieron en las dos guerras de Iraq. Con la estrecha y poderosa alianza entre los señores de la prensa, de la política y los grandes consorcios financieros y empresariales. O con los espacios de libertad y de ética que los propios periodistas fueron cediendo o vendiendo a sus patronos y a las empresas clientes a cambio de una supuesta estabilidad en el puesto de trabajo o para generar nuevas oportunidades de trabajo fuera de los medios: los famosos gabinetes de prensa en las empresas, hoy convertidos en poderosos departamentos de comunicación y cuyo negocio no es precisamente la difusión de noticias.


Con una profesión basada en una especie de reedición del gremio medieval. Becarios y jóvenes licenciados cobrando miserias en la supuesta creencia de estar aprendiendo el oficio cuando muchas veces era al revés. Eran los becarios los que aportaban un conocimiento más depurado de las nuevas tecnologías. Y los veteranos, muchos de ellos zotes y analfabetos tecnológicos, los que aprendían. Con unas castas de “maestros” del oficio colocados en las cúpulas empresariales y al margen de la vida en las redacciones. Con otros profesionales migrando al mundo de la empresa o de la política para legitimar en muchas ocasiones prácticas corporativas equívocas gracias al viejo reflejo de “perro no come perro”. Para que seguir. Todo el mundo sabe de qué va el asunto.


Pero en estas que llegó el comandante y mandó parar. Caen los valores en bolsa de los medios y con ello sus accionistas buscan nuevos negocios y restan capital a medios muy necesitados de ellos para financiar cambios tecnológicos y culturales. Los señores de la industria y de la banca ya no quieren saber nada de la prensa. Ya no practican aquello de “para que voy a comprar periodistas si puedo comprar periódicos”. Esta crisis económica ha evidenciado la escasa capacidad de los medios para convertirse en testigos de cargo del fracaso de un modelo económico. O para escribir la crónica de los resultados sociales de ese fracaso. Nunca hemos tenido unos periódicos, radios o cadenas de televisión tan empeñados en endulzar la vida a nuestros ciudadanos mediante el recurso de brindar espacios crecientes a nuevas secciones llenas de glamour, de modas, de modos de vida. Nunca como hoy el publirreportaje se ha convertido en el género dominante en nuestros medios.


Hoy surgen, sin embargo, nuevas oportunidades para dar un giro a la forma de hacer periodismo. Gracias a las nuevas tecnologías de captación y transmisión digital de noticias, más baratas, más rápidas e integradas-sumando video, audio, foto y texto- es posible crear nuevos formatos de medios de comunicación. El concepto de redacción, de mesa de redacción puede estar siendo superado. Los lectores están al otro lado del ordenador de tu casa y pueden llegar a conocer tu marca y tus servicios. Es lo que se ha dado en llamar el periodismo “hiperlocal” o periodismo digital de barrio. Microaudiencias que la industria tradicional no sabe cuidar. Lo mismo cabe decir del periodismo orientado a grupos profesionales, a sectores de empresa, a colectivos sociales y en general a públicos segmentados de mil y una formas.


Otra cosa es el mecanismo por el cual hacer rentable el negocio. Al final solo la profesionalidad, sea del color que sea, puede mantener en pie estructuras de transmisión de noticias o de conocimiento. Pero las formas de construir periodismo barato existen y van desde herramientas libres de gestión de contenidos, plataformas de difusión a través de las nuevas redes sociales y, como decía antes, soportes digitales de gran calidad y bajo coste de adquisición y que vienen incorporados de “serie” en el equipamiento de cualquier ciudadano del primer mundo. La “empresa”, la organización que de forma a esos nuevos proyectos no necesitará invertir en equipos costosos, en locales caros ni en estructuras legales costosas, con una cooperativa de empleo ya vas listo.


Ingresos. En España es inconcebible todavía crear negocios a escala local o de segmento. Falta la cultura social que permita dar credibilidad a estos pequeños negocios. Y falta sobre todo la existencia de un mundo empresarial, de unos clientes, que se crean el producto. Pero, perdonar por lo que voy a decir a continuación, falta el espíritu de lucha que anime a los nativos digitales, a los jóvenes, a creerse que esto pueda ser una forma de vida. No me imagino a mis sobrinos saliendo por la mañana a vender servicios a los comercios del barrio, a los tenderos, a los taberneros y a los panaderos. A ver si con la experiencia que contaba en un post de hace unos días de JWT Delvico en Malasaña por lo menos ven que la cosa puede ser divertida. La mayoría tenderán a pensar que la solución es que la “empresa”, el invento, se lo patrocine Repsol, Acciona o el ayuntamiento. Y eso es imposible. El negocio es el tendero, es el fabricante de bienes o servicios que interesen a la comunidad. No hay otro. Pero tardarán en llegar.


Mientras tanto crear contenidos tiene sentido. Los que llevan construyendo sus blogs locales son unos adelantados. Lo hacen por el placer de construir. Solo buscan el afecto de sus amigos o vecinos. Conozco unos cuantos que en ningún momento han pensado que esas cosas que escriben puedan producirles ingresos. Pero muchas veces sus creaciones, sus investigaciones, fotos, videos, reportajes pueden ser la materia que aliente esos nuevos negocios locales.


Hace falta dar un salto comercial. Ser capaces de crear reportajes que hablen de nuestros comercios. Vuelvo a repetirlo: la experiencia Delvico es impresionante en este sentido. ¿Qué se puede facturar por ese tipo de servicios? Pues hay que preguntarlo. El dueño de un restaurante me pidió precio por escribir su biografía. No llegamos a un acuerdo. La señora de la boutique dice que le gustaría que alguien hiciese un video de su negocio pero al final se lo encargó a su sobrino que es “un artista”. Será lento, seguro. Tengo una prueba para saber que así serán las cosas. He escrito bastantes crónicas de establecimientos en 11870.com. Lo he hecho con cariño, porque me ha gustado. Nunca, miento, casi nunca esos establecimientos me han llamado para darme las gracias. No sé si los de 11870, ahora creo que pertenecen al grupo Vocento, algún día se harán ricos a costa de los negocios que recomiendan los baratos cronistas que hasta hoy estamos creándoles los contenidos. Tengo muchas dudas. Primero por lo difícil que resulta sacarles los cuartos a los tenderos españoles. Y segundo por su modelo de negocio: piensan en los grandes espacios: España. No piensan en los pequeños espacios: el barrio de Chamberí pongamos por caso.


Además son muchos los buitres que ya están divisando el negocio. No es que tengan capacidad para hacer bien las cosas pues piensan que reproduciendo el modelo de becarios o practicando el copio y pego de los grandes medios o de los blogs es posible crear productos atractivos. Cuentan además con la aparición de una supuesta clase de comerciantes a los que les atraerán crecientemente estas cosas de los nuevos medios y las redes sociales. Me temo que algunas experiencias solo sirvan para retrasar el proceso. Estoy viendo en estos días una experiencia de prensa ciudadana en Madrid, que me llama la atención por la pobreza de contenidos y por las formas de gestión tan poco profesionales. Algunos se creen que con una plantilla y un becario se van a forrar. Sin embargo sí que conozco micromedios o medios hiperlocales con muy buena pinta como SomosCentro, en Madrid o Crónica 3 A Mariña, en Galicia.


Por otra parte la confianza mesiánica que se tiene en las redes sociales me parece contraproducente. Facebook y Twitter son buenas herramientas para la comunicación. Pero los contenidos no se crean solos. Las personas podemos aportar valores, ideas, soporte, lo que queramos, pero transmitir o crear conocimiento, revelar lo que alguien trata de ocultar, identificar la noticia entre la hojarasca exige algo más que amateurismo o de militancia. Salvo que queramos volver al periodismo primitivo y por una cervecillas estemos dispuestos a perder la vida en los frentes de batalla o a quedarnos ciegos delante del ordenador.


Como verán ustedes sigo creyendo que el periodismo es un oficio necesario. Y que el periodista tiene su sitio en nuestra sociedad. No será, seguro, un sitio tan encumbrado como en estos últimos años. Pero sí que puede ser un espacio algo más respetado por los ciudadanos.


Después de esta clase gratuita espero que por lo menos dejes algún comentario. Alguien del oficio, un gurú, me acaba de decir que mi blog es estupendo en contenidos pero que no cuido a mis clientes y solo les hablo de lo que me interesa a mí, que no soy capaz de convertir esto en una comunidad. Hay que joderse con los profetas. Espero reformarme. Ya es hora, justo cuando el blog cumple su cuarto aniversario.



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