13 de mayo de 2008

Los judíos en España


Menorá, originalmente cargada por JuanRa_k.

"Para mí, la religión judía, como las demás, es una encarnación de las supersticiones más infantiles. Y el pueblo judío, al que estoy contento de pertenecer y con el que tengo una profunda afinidad, no es diferente del resto"

Así confiesa, en 1954, Albert Einstein al filósofo Eric Gutkind, según revela una carta manuscrita dada hoy a conocer por el diario ingles The Guardian y sobre la que también informa El País. Aparentemente parece una frase banal. Que cosa van a ser sino los judíos que gentes normales. Pero en el fuego cruzado de las ideas que colocan a los judíos como el pueblo elegido o bien como la maldad expresada en una raza, las palabras de Einstein ponen las cosas en su justo sitio.

Hace mas o menos un mes escribí el texto que sigue para el blog de mi amigo Pablo “El jardín cerrado”, aprovechando que él había iniciado un interesante debate sobre el judaísmo.

“Desde no hace muchos años es frecuente encontrarse por las calles de Eloy Gonzalo, Álvarez de Castro, Iglesia y Olavide a gentes con la preceptiva kipa judía. A rabinos de negro con su sombrero flexible. Entrar en comercios y carnicerías kosher. Y dar con establecimientos donde luce la estrella de David, discreta o ostentosamente. No es extraño encontrándose la sinagoga en las proximidades. A veces niños y niñas judías con sus coloridas y largas faldas y sus pieles claras y pálidas alegran la vista del parque infantil de Olavide. Puedes, incluso, pasarte por el restaurante La Escudilla de la calle Santísima Trinidad- que paradoja tratándose de un restaurante judío- y pedir unos excelentes pinchos y keftas kosher con aroma y recuerdos a Tetuán al tiempo que charlas con la dueña de todo lo divino y lo humano.

Ese paisaje humano tan abigarrado formado por judíos asquenazíes procedentes de Israel, por rabinos neoyorquinos, por judíos argentinos, te hace viajar con la imaginación a las juderías medievales españolas del siglo XIII y XIV. Para alguien de mi generación ignorante durante tantos años de ese mundo nos parece que vivimos escenas perdidas en la memoria o solo encontradas en las películas de Woody Allen.

Puede que para algunos la convivencia con los judíos fuese algo mas normal. Por ejemplo para los españoles de Tetuán o Tánger. O para aquellos mas cosmopolitas que tuvieron la ocasión de vivir en países como Holanda, Francia o Italia como tu, Pablo. Pero para nosotros los niños de los 50 o los 60 era imposible que tuviésemos, ya no un contacto directo, físico, con vecinos judíos, siquiera un contacto cultural o histórico con el pueblo de Abraham. Todavía la misma palabra, judío, suena en nuestro interior como algo agresivo, extraño y hasta sucio. No fue casual. Judíos, masones y comunistas personificaban el mal en su enésima potencia. Los judíos eran solo aquellos que mataron a Jesucristo. Así de crudo y así de cruel.

Pero por que engañarse. Existió la leyenda de que Franco ayudo a los judíos. Hay documentos que acreditan que hubo diplomáticos españoles, en Hungría, Dinamarca y otros sitios que procuraron visados a los judíos que deseaban huir de la Europa en guerra vía Lisboa o Gibraltar. También existe la leyenda negra que habla de personajes como Cesar González Ruano que se aprovecharon abjectamente de judíos franceses. No soy un estudioso de ese tema pero me imagino que habrá tesis para todos los gustos. Alguien me dice que en España mas que el odio a los judíos proyectado por el régimen de Franco lo que existió en la posguerra fue mas bien un gran desconocimiento.

Es ya en nuestra madurez que empezamos a tener un contacto con la historia judía. No fue fácil. El conflicto árabe-israelí se cruzó en nuestra historia de una manera maligna. Y la visión del Holocausto no nos pudo llegar a nosotros mas que por historias contadas por terceros. No teníamos puntos de referencia propios que nos ayudasen a entender todo esto. Fue al principio, la literatura. Primo Levi, especialmente. Nuestra historia literaria. Nuestra historia contada por primera vez desde la independencia y el rigor. Castro, Vicens Vives, Caro Baroja.

Pero sobre todo fue nuestro contacto físico con los primeros judíos que pudimos conocer lo que nos permitió entender esa historia no escrita en los libros. Los argentinos que llegaron a mediados y finales de los 70. Bien que muchos de ellos plenamente desafectos en el plano religioso judío pero orgullosamente fieles a su procedencia étnica y racial. Ya se nos hace familiar alternar con personas como Mimo Mawas o conocer en nuestras actividades políticas a gentes como Moisés Cohen y otros muchos. Viajar a Marruecos y conocer a maravillosas mujeres judías, a amigos como Martín Prado Foenkinos. Y aprender de ellos y con ellos como es posible mantener la doble identidad de españoles y judíos.

Luego he conocido a otros muchos. Algunos hasta forman parte de mi familia. Religiosos, ateos. De izquierdas, de derechas. Ricos y pobres. Artistas y trabajadores. Ninguno me ha defraudado. Ninguno me ha obligado a dejar de pensar a favor de los palestinos. Ninguno me ha pasado lecciones sobre el Holocausto como asignatura obligada.

Escribo después de visitar la exposición de Modigliani, en la Casa de las Alhajas. Hijo de judíos sefarditas. Compañero en el Paris de 1910 y 1920 de gentes como Max Jacobs, Chagall y tantos otros judíos europeos y americanos. No se entiende la alta cultura y ciencia europea del siglo XIX y XX sin ellos. Sin Einstein, sin Chaplin, sin Mahler, sin Kafka, sin Wilder. Como tampoco se entiende nuestra propia historia sin Maimónides.

Pero bueno, yo no he venido a la página de mi amigo Pablo a hablar de historia. Venía a comentar su entrada sobre el cardenal Martini. Dice Martini que tenemos que querer a los judíos. Estoy totalmente de acuerdo. Mucho mas aquellos que como nosotros no nos fue dada la ocasión de compartir nuestra infancia con ellos. Los que tuvimos que superar tantos años de ignorancia y de manipulación.

Lo único que si que me gustaría decir es que también me encantaría que la Iglesia Católica se sintiese aludida por el mensaje de Martini. Que la iglesia de Cristo reconociese a Cristo como judío y se olvidase de aquellos que le sacrificaron. Que revisase toda la estética de la Pasión. No creo que sea mucho pedir, aunque a veces…uno duda sobre la salud mental de tanto obispo y tanto meapilas que dirigen el curso de la iglesia española……”.

Hasta aquí lo escrito. Las palabras de Einstein, a quien los propios judíos propusieron como Presidente de Israel, llegan hoy a nuestro conocimiento cuando mas las necesitamos posiblemente. Cuando tantos y tantos fundamentalistas políticos y religiosos se empeñan en reducir todos los problemas del mundo a uno solo: que muera la razón y triunfe la fe.


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