30 de noviembre de 2011

Nuevo gobierno islamista en Marruecos. ¿Continuidad o reforma?



Voting wall
Panel electoral con los símbolos de los partidos presentes en las últimas elecciones parlamentarias de Marruecos


 
¿Será el gobierno Benkirán el primero de la transición hacia una democracia verdadera en Marruecos o el último del sultanato resistente a la aceptación de su final como régimen?

Es cierto que nadie está en condiciones de responder con certeza plena al dilema pero si que sabemos que esa es la pregunta de orden en los momentos actuales.

Las primeras declaraciones del flamante nuevo primer ministro-presidente del gobierno en la nueva definición constitucional- dan fe de su fidelidad hacia la figura del rey-“hemos optado por preservar la monarquía”-  como principal seña de identidad de su proyecto. Una nueva generación de políticos entrarán a formar parte de la nomenclatura a la vista de un pueblo que desprecia al conjunto de la clase política en el que incluye al PJD. Así se cumplen los designios que dieron carta de naturaleza a un partido nacido como válvula de seguridad del régimen. 

Sin embargo, y esta es la novedad, la frialdad de la reunión del rey con el nuevo primer ministro, se habla de cinco minutos de duración de la misma, y la elección del lugar de celebración, lejos de la capital política del país y en un “punto negro” de la trayectoria del PJD, genera dudas sobre la disposición del rey a colaborar con el nuevo gobierno. Es lo bueno de la rigidez protocolaria del sultanato, que hasta los más mínimos gestos pueden tener su interpretación hermenéutica. A nosotros se nos escapa si lo que pretende el rey es marcar su territorio o si los comentarios que se le adjudican sobre su escasa sintonía con Benkirán son ciertos. Misterios de palacio que en cualquier caso no carecen de interés.

Los partidos de la Kutla, sostén parlamentario y/o de gobierno imprescindiblemente, han quedado reducidos a su mínima expresión y difícilmente pueden tener una voz protagonista en los acontecimientos salvo que decidan convertirse en piezas del derribo del régimen, nunca del fortalecimiento de una transición exitosa cuyas glorias de producirse serán en beneficio del PJD. Están atados al palo mayor de la nave y no tienen forma de saltar del barco. 

A todo esto los partidos dinásticos directamente vinculados a la casa real ya han anunciado su propósito de convertirse en la oposición, algo así como si en los albores de nuestra democracia la persona de nuestro rey hubiera estado más cómoda atrincherándose detrás de Alianza Popular en vez de impulsar los proyectos reformistas a través de los gobiernos de la UCD. Seguramente su anuncio es más bien algo así como la historia de la zorra y las uvas.

Y como fondo que viene a explicar la situación unos resultados electorales que a pesar de la movilización por tierra, mar y aire de infinitos recursos clientelares no han conseguido ni por activa ni por pasiva llevar a las urnas a casi las tres cuartas partes del electorado posible. Y eso sin contar las innumerables trapisondas producidas en el recuento, tal como está relatando Bernabé López desde Eskup (Sáhara, votos nulos,etc).

Y en la trastienda de los acontecimientos asistimos al fortalecimiento del movimiento 20F que está más presente que nunca en las calles, a despecho de los que pensaban que desaparecería, y que anuncia que no cejará en su lucha por el cambio y que no piensa dar tregua alguna al nuevo gobierno con lo que la dinámica entre transición y ruptura sigue presente. De hecho los resultados electorales han sido interpretados en clave de apoyo popular a los movimientos de resistencia.

Mientras tanto en Europa, acosados por nuestros propios problemas, nos limitamos a dar cuenta de la situación con lamentables ejercicios de buena voluntad y de comprensión de las dificultades del régimen alauita para poner en marcha la transición hacia la democracia. Ni siquiera tenemos en cuenta las enormes diferencias entre los islamismos tunecino, egipcio y marroquí. Todo va en la misma clave interpretativa. Como si Marruecos fuese la luz, el modelo a imitar. 

Es patético seguir demorando sacar conclusiones ya sobre el fracaso del proceso de democratización en Marruecos. Parece que queremos demostrarnos a nosotros mismos que las cosas marchan bien. El editorial que TelQuel acaba de publicar como análisis de las elecciones en Marruecos desvela con claridad los errores de las diplomacias y los gobiernos europeos y americano. Recomiendo muy vivamente su lectura. Sigamos con el cuento. Pero luego no nos asombremos.



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