5 de septiembre de 2011

Sindicatos, 15M y reforma de la constitución


 



Uno de los principios inmutables de la política dice algo así como que las cosas se tienen que poner muy mal para empezar a enderezarse. Algunos indocumentados comparan esa realidad con el segundo principio de la termodinámica o la ley de la entropía. Mas bien tiene relación con el refranero: no se pueden hacer tortillas sin romper huevos.

El movimiento 15 Mayo no se libra de sufrir en sus carnes el deterioro del paso del tiempo. Sea por los calores del verano o por la agitación vivida en el agosto madrileño parece que el 15M sufre el conocido como desgaste de los materiales. Me acabo de enterar que en la última asamblea de Madrid- perdón si mis datos están equivocados pues resulta fácil equivocarse de fecha vista la hiperactividad asamblearia del movimiento- los reunidos han decidido sumarse a una manifestación convocada por los sindicatos para mañana día 6 de Septiembre. Hasta aquí todo bien. El movimiento 15M es o debe ser un grano gordo en el culo del sistema que active todos los mecanismos de defensa que la sociedad sea capaz de ofrecer. Que mejor éxito para el 15M que en España se creen las condiciones para que partidos, sindicatos, movimientos sociales, etc. se pongan al frente de las manifestaciones a favor de los cambios que la sociedad necesita.

Lo malo es cuando la creatividad del 15M se manifiesta a favor de asistir con una pancarta en la que textualmente se les da a los sindicatos “las gracias por venir”. Me parece prepotente. Me parece un mal chiste. Los sindicatos en este país en su momento fueron el 15M que la sociedad necesitaba. Tienen muchos fallos los sindicatos, es cierto. Padecen una incapacidad para situarse en un mundo laboral en mutación. Se han convertido a los ojos de los trabajadores en estructuras dedicadas exclusivamente a la defensa corporativa de los trabajadores de las grandes empresas y de la función pública. Peor todavía, muchas veces parece que su actividad se dirige a fortalecer sus estructuras profesionales como primera misión. Pero sin los sindicatos, estoy seguro, la quiebra del estado social sería inminente. No conviene despreciar la capacidad de movilización de las bases sindicales ni el prestigio que su voz tiene en muchos colectivos de trabajadores.


Diré una cosa para que se me entienda: si el movimiento 15M quiere erigirse en espíritu único de la rebelión, en el depositario de la verdad y en la vanguardia de la revolución que conmigo no cuenten. Yo ya dejé de creer en vanguardias, en principios sacrosantos y en fuentes de legitimidad basadas en la pureza de los discursos. Y en cuanto a legitimidad he visto pasar delante de mi decenas de iniciativas políticas de izquierda, cientos de programas. Muchos de ellos se consumieron, igual que nuestras ilusiones. Pero los sindicatos siempre han estado aquí mismo, a trotecito lento si ustedes quieren,  pero aquí han estado, aquí han permanecido. Estoy seguro de que cuando los jóvenes que hoy tienen dieciséis años tengan la edad que yo tengo ahora los sindicatos estarán allí. Un respeto, por utilizar una palabra que ha hecho carne con el movimiento 15M.

El movimiento 15M no puede convertirse en una caricatura de si mismo. No entiendo cómo es posible que con un método de discusión tan garantista no hayan surgido voces en la asamblea de marras para reconducir el tema. Eso es lo mas preocupante. Que el movimiento 15M, por aburrimiento y desatención de la gente, gente entre las que me incluyo, se convierta en el espacio de una minoría, tan respetable como ustedes  quieran, pero una minoría que se lo guise y se lo coma. Un síntoma fatal de las organizaciones es el adanismo, el creerse voces únicas recién llegadas.

Por supuesto que si los sindicatos ante esa prepotencia, ese error infantil y algo chulesco, se equivocan y adoptan una actitud defensiva y ofensiva tal como demuestran algunos epítetos que desde las organizaciones sindicales se han lanzado contra la “ocurrencia” del 15M, vamos apañados. Será lo que nos faltaba para el duro.

Dicho todo esto solo me queda pedir que mañana acudamos muchos a la manifestación y que sea un éxito. Aquel que no comulgue con los sindicatos, que le de asco marchar de la mano de los mismos, lo tiene fácil: que no vaya. Seguro que encuentra otros días, otras horas para manifestarse por los mismos fines. Cualquier cosa antes de ir a tocar los cojones a nadie que no se lo merezca.


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