11 de febrero de 2011

Carta a un joven saharaui sobre la ola revolucionaria en el Norte de África

Aquí, en Gdeim Izik, territorio del Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, empezó la ola reivindicativa de los pueblos del Norte de África


Me pregunta Ahmed sobre el impacto que la ola revolucionaria pueda ocasionar en Marruecos y en Argelia y las consecuencias que de ello se  puedan deducir para el pueblo saharaui.
Como mis dotes de adivino y gurú están plenamente desacreditadas mi primera respuesta es: según.
Y la segunda, una vez dimitido de mi condición de gallego residente temporal, es la de intentar darle una larga cambiada hablando del tiempo.
Del tiempo que nos ha tocado vivir. Del significado primario de la ola de movilizaciones populares que cruzan desde las orillas del Atlántico al Índico por la ribera sur del Mediterráneo. Sostengo que estos movimientos son la respuesta a la globalización por parte de  unas nuevas clases medias que contemplan con aprensión como la tenaza formada por los países occidentales ricos y las nuevas potencias emergentes amenazan el propio modelo de crecimiento y desarrollo de los países árabes musulmanes del norte de África y del Oriente Medio. Es por lo tanto un grito ante el mundo. Un grito reivindicando su no resignación a ocupar un espacio menor en el banquete del desarrollo mundial.
Si la glasnost y la perestroika de Gorbachov fueron el desencadenante del final de los regímenes socialistas sovietizantes del Este de Europa, el acceso a las nuevas tecnologías de Internet y la aparición de cadenas televisivas transfronterizas han sido el anticipo y el escenario para la emergencia de nuevas ideas en el imaginario juvenil y popular del mundo árabe de nuestros días que conducirán en un futuro mas o menos inmediato a la desaparición de tanto régimen dictatorial.
De ahí, de esa coincidencia, nacen las múltiples comparaciones entre la caída del muro de Berlín y las revoluciones de Túnez y de Egipto. Constreñidos entre la fidelidad a tiranías paternalistas de base nacionalista o la dura alternativa de la entrega a la causa islamista radical que ya han demostrado sobradamente su incapacidad de hacer presente con dignidad el espacio árabe-musulmán en el mundo, los jóvenes árabes parecen vislumbrar la posibilidad de una tercera vía: que sus países se rijan por los principios de las democracias parlamentarias y del estado de derecho constitucional. O por lo menos con un sistema que se le parezca.
Estas serán buenas noticias para el mundo si con ello se adelantan las posibilidades de incorporar a la bulliciosa zona sur mediterránea al nuevo mundo de la globalización. No digo nada si esos movimientos liberadores alcanzan un recorrido geográfico mas amplio para incluir en su perímetro a los pueblos de los países emergentes mas importantes. Todos nos daríamos con un canto en los dientes si fuese posible incorporar al festín de la globalización a nuevos invitados. O si, gracias a las movilizaciones- que nadie espera por otra parte- de chinos, indios, brasileños, etc. se pudiera lograr que el desarrollo de esos países fuese compatible con el imperio de  los derechos humanos y del estado social. Ojalá. Pero me parece que ambos escenarios en coincidencia son difícilmente viables. En medio de la crisis económica global tantas movilizaciones universales convergentes no parecen tener posibilidades de coexistir. Reducido este movimiento a la escala norteafricana y medio oriental las cosas pueden ser mas o menos controlables.
Pero volveré a la región como el título de la novela de Benet. Aceptado, que ya es mucho aceptar, que el sentido de la ola revolucionaria árabe es el intento de ocupar un lugar al sol de una globalización que se les escapa, todos nos preguntamos quienes pueden ser los protagonistas de ese impulso. Cuáles serían las fuerzas políticas y económicas que sustanciasen ese retorno al eje central de la economía y la política internacional. Evidentemente lo serían las clases instruidas mediante la ocupación de los resortes gubernamentales y en sustitución de los actuales gobiernos corruptos. El modelo turco se inscribe así como el gran referente de todas estas movilizaciones. Un modelo que tome en consideración un acercamiento a las instituciones occidentales en pie de igualdad aunque con sus propias características específicas. Y la segunda pregunta es cuales serían las ideas, los conceptos, las reformas propuestas y el marco político partidario que encarnasen esos nuevos modelos. Que por otra parte necesitarían lecturas en clave nacional, en clave demográfica y regional muy distinta. Ni son iguales los escenarios de partida ni son iguales las aspiraciones de cada pueblo.
Dura tarea. Dura en la medida que no somos capaces de anticipar como esas clases medias de profesionales instruidos puedan incorporar a las movilizaciones y después a la causa de gobierno a las amplias clases pobres- de campesinos y obreros- de sus respectivos países. Aquí es donde mis temores llegan casi a la categoría de terrores. Muchos expertos hablan de la necesaria incorporación de los partidos islamistas moderados a la tarea de los nuevos gobiernos. Puede que esa sea la fórmula.
Ahora estamos viendo como aparentemente en las plazas y las calles del norte de África parece vivirse en un clima de hermandad y de confraternización social y de clases. Pero el peso del clasismo, del desprecio tradicional hacia los humildes heredado del colonialismo, tiene un espacio indudable en la mentalidad burguesa. La hogra, ese concepto tan sutil, tan inaprensible para nosotros los europeos- puede que para los españoles no tanto-, por el que los pueblos árabes- y los otros pueblos que habitan en la cuenca sur del Mediterráneo como los bereberes- dan nombre a la suma de la humillación, del poder tiránico y de la injusticia del poderoso hacia el humilde, no es solo el comportamiento de los funcionarios y de los gobiernos hacia los súbditos, también alcanza a todos aquellos que se sirven de los mismos mecanismos del desprecio para anular la personalidad de los de abajo. La hogra del poder machista sobre las mujeres. La hogra del feudal sobre el campesino. La hogra del ilustrado sobre el iletrado. Esas son las limitaciones del empeño pero también el gran aliciente para animar y confiar en los cambios. La democratización del espacio norteafricano es un reto civilizatorio de unas proporciones colosales. No es solo la forma de gobierno lo que hay que reformular. Es toda la vida social la que exige reformas en profundidad. Me parece que un saharaui como tú, cosmopolita, que se ha formado en España y que conoce las tradiciones tribales y culturales en las que se ha creado la conciencia nacional saharaui está en condiciones de entender estas oportunidades y estos riesgos de la debida forma.
Todo lo anterior no debe llevarte al pesimismo. La democracia no es algo exclusivo de la cultura burguesa occidental. Puede ser incorporada al acervo cultural de otros muchos pueblos. Mucho mas cuando existen nuevos mecanismos de control y una opinión pública internacional favorable a los cambios. No todos estamos acojonados por lo que se nos viene encima. Los miedos interesados de los gobiernos de la UE y de los EEUU no pueden ser los miedos de todos nosotros. No hay nadie que conceda patentes de democracia. En cualquiera de los casos esta apasionante aventura merece nuestro aprecio y respeto. Mucho mas el apoyo expreso y explícito, sin medias palabras, de los gobiernos occidentales. Por cierto que será de los únicos de los que se pueda esperar esa solidaridad. No esperes que los gobiernos de China o de India vayan a aplaudir las manifestaciones de El Cairo o de las capitales norafricanas. Y de Israel para que vamos a hablar. Eso de que desaparezca la justificación del slogan de “única democracia del Oriente Medio” les está poniendo de los nervios.
Tendremos que hablar de Marruecos un poco. Hoy un especialista diplomático de El País, Torreblanca, escribe un artículo sobre el caso marroquí. Harás bien en leerlo. Yo lo suscribo al 100%. Las condiciones son las precisas para que la ola democrática llegue a la frontera atlántica del Magreb. Coinciden en ella desde herederos al trono hasta conspicuos ideólogos islamistas. Van a depender mucho las cosas del curso de los acontecimientos en Egipto. Un baño de sangre de la revolución cairota, que tantos ansían, pude derivarse en un aviso en negativo para los que propugnan cambios en el reino jerifiano. Mientras te escribo esta carta se anuncia la dimisión de Mubarak y la entrega de la presidencia a las fuerzas armadas. Extraordinaria noticia que dará alas a los movimientos democráticos en toda la región.
Sigo sobre Marruecos. Algunos hablan del peso de la tradición y del respaldo popular a la figura del rey. Yo no creo, mas bien tengo pruebas en contrario, que ese supuesto aprecio de las masas al sultán sea algo mas que un folklore ritual. No conozco a un solo marroquí que no reniegue del majzén y de las prácticas del gobierno marroquí. La crítica suele detenerse en el umbral del monarca pero mas por prevención que por aprecio. Y solo los muy ignorantes desconocen las miles de formas en las que el latrocinio llena las arcas del monarca. Esas propagandas del amor al monarca hay que colocarlas donde se merecen: en el capítulo del culto a la personalidad promovido por sus hagiógrafos y publicistas. En última instancia si el régimen debe moverse hacia una salida democrática y el camino es crear una monarquía constitucional moderna esas tonterías del amor entre el pueblo y la corona no va a ser una buena herramienta de comunicación. Cuanto antes se eliminen esas reminiscencias arcaicas mejor. Igual que con la famosa descendencia directa de la casa real del tronco mahometano. Están bien las tradiciones pero nunca en ese contexto mítico-mágico. Ya vale de tanta ceremonia de besamanos y tanto sidna por aquí, sidna por allá.
Las resistencias pueden ser tremendas. Empezando por el ejército. Fue creado a imagen y semejanza de un ejército colonial y no como un ejército de liberación nacional. Sobre los restos de una oficialidad sumisa a los poderes franceses y españoles y que trasladó sus lealtades al sultanato. Que ha ejercido un peso neocolonial en el Sáhara, incluyendo todo tipo de operaciones de exterminio, sin mover el bigote y que cuando ha tenido algunas veleidades populistas ha pagado un precio altísimo por su deslealtad. Al contrario que en el caso tunecino o el posible caso egipcio todavía por despejar, el ejército marroquí no será previsiblemente el mejor aliado del pueblo salvo que las movilizaciones alcancen un umbral de alta densidad o el comportamiento del monarca sea inusualmente torpe, cosa que por cierto no se debería descartar conociendo al personaje y sus capacidades mentales dignas de un adolescente caprichoso y autista.
Parece que hay convocadas movilizaciones por Facebook para el día 20 de Febrero en todas las ciudades marroquíes. Estoy viendo los grupos ya formados, uno llamado “Movimiento del 20 de Febrero” y otro titulado “Movimiento Libertad y Democracia ahora”  y no dan la sensación de ser proyectos consolidados ni numerosos. Incluso parecen mas llamativos los discursos de los detractores que los de los propios promotores. Las capacidades de las oficinas de propaganda del régimen son muy amplias. Ya han tenido ocasión de librar batallas digitales relacionadas con el conflicto del Sáhara y tienen gran maestría en el arte de combinar las amenazas con las provocaciones. Yo no esperaría grandes convulsiones por estas vías. Sin embargo no dudo que en un futuro inmediato todas las movilizaciones populares que tienen lugar en Marruecos por problemas laborales, de vivienda y que son mucho mas numerosas de lo que en España tenemos conocimiento convergerán en una agenda día a día mas política y reivindicativa. Y que ello sumado a las brechas que van abriendo los medios de comunicación y al movimiento solidario con las revoluciones tunecina y egipcia provocará un fuerte debate en la sociedad marroquí. Si ese debate alcanza proporciones de movilización masivas o no depende de muchos factores. Del propio comportamiento de las autoridades. Del surgimiento de una chispa catalizadora como lo fue en Túnez el caso del bonzo Mohamed Bouazizi. Nada se puede descartar ni afirmar. Solo que las condiciones están dadas para que los intelectuales, para que algunos partidos políticos, traten de ponerse a la cabeza de las reivindicaciones del pueblo. También, por desgracia, para que el comportamiento del poder sea previsiblemente el peor de los posibles: la dureza represiva sin tasa. Conociendo al dueño de los palacios reales es fácil deducir que la sutileza y la inteligencia no forman parte de su repertorio.
Y sobre el Sáhara Occidental que decir. Entre tanta polvareda corremos el riesgo de perder a Don Froilán. Me temo que el pueblo saharaui y su dirigencia, el Frente Polisario, tendrán que hilar muy fino en los meses venideros. Puede pasar cualquier cosa. La primera y mas obvia es que el régimen marroquí pretenda desviar la atención interior hacia los eternos conflictos exteriores. Es santo y seña dominante de la casa real volver la mirada hacia afuera para encontrar destinatarios de sus locuras y enfangar al pueblo marroquí en luchas nacionalistas exaltadas y sin sentido. Calculo que esta vez las cosas no le serán tan fáciles. Buscar la confrontación con España les puede ocasionar mas problemas que ventajas. Lo mismo en relación con Argelia. Pero no cabe descartar alguna maniobra sucia que proyecte las ansias del pueblo hacia objetivos exteriores. La cosa puede consistir en no darles muchas oportunidades. Creo que la retórica belicista de la que en los últimos meses muchos saharauis, con toda la lógica del mundo, se están aprovisionando no tiene mucho recorrido. Por otra parte las cancillerías occidentales están viéndole las orejas al lobo y ya no serán tan propicias a consentir al monarca alauita sus caprichos y sus manías. Toca mas bien empezar a vincular el apoyo al régimen con el cumplimiento de ciertas normas de buen comportamiento democrático. Algo de esto estamos viendo estos días con respecto a las negociaciones comerciales de la UE con Marruecos.
Por otra parte Argelia no va ser inmune a la ola de demandas democratizadoras que recorren el norte de África. Esta circunstancia puede derivarse en la búsqueda de una solución del contencioso saharaui que congele el conflicto o por lo menos lo mantenga en un perfil bajo. Tanto Marruecos como Argelia y Túnez pueden estar interesados en promover de forma seria las instituciones de la Unión Magrebí y para ello remover el obstáculo principal que en la actualidad se opone a esa alternativa y que no es otro que la autodeterminación del Sáhara Occidental. De hecho son muy numerosas las informaciones y los rumores que hablan de la recuperación en algún formato novedoso del Plan Baker.
Existen por lo tanto argumentos y razones para entender que se puede abrir un nuevo marco de solución para el conflicto saharaui en estos momentos críticos. Yo no soy quien para determinar que las cosas sean así. Solo digo que los acontecimientos permitirían alternativas que hasta el momento no se vislumbraban.
Con las movilizaciones de Gdeim Izik el pueblo saharaui se convirtió en el precursor de los acontecimientos de Diciembre en Túnez y de Enero y Febrero en Egipto. Buscando su propia dignidad dio una lección al mundo magrebí que sería bueno que le fuese reconocida.
Es un escenario mas venturoso. Lleno de peligros y amenazas. Pero no podemos imaginar como el avance democrático y el respeto a los derechos humanos en la región no conlleve la solución final del último conflicto colonial africano. Yo me apuntaría a extender al máximo las movilizaciones en los territorios ocupados, incluyendo en esas movilizaciones el retorno masivo de saharauis del destierro y el exilio, al modo que lo están haciendo miles de egipcios. Me apuntaría a seguir dando testimonio al mundo, tal como se ha hecho estos días en el Foro Mundial de Dakar, sobre las demandas nacionales y democráticas del pueblo saharaui. Y a converger allá donde sea posible con las demandas de los pueblos hermanos del Magreb. Hermosa tarea.
Espero no haberme escapado demasiado de dar respuesta a tus preguntas. Por lo menos lo he intentado.
Un abrazo de tu amigo español.
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