18 de diciembre de 2010

De mentiras, traiciones y cintas sobre el Sáhara

Cable en el que se pone de manifiesto el singular cambio de posición tradicional de la diplomacia española basada en la neutralidad entre los dos contendientes a favor de una posición favorable a las tesis marroquís.

Hoy mismo se están produciendo en Nueva York y con el patrocinio de Naciones Unidas reuniones entre Marruecos y el Frente Polisario. No es descartable que en las mismas se anuncien nuevos enfoques al problema dado el interés que la solución del conflicto haya podido crecer entre las diplomacias internacionales después de los gravísimos incidentes producidos en el territorio durante los últimos meses.

Desde el lado español son constatables los daños que el exceso de pragmatismo político y la pobre reacción diplomática española ante los acontecimientos de El Aaiún han provocado entre los protagonistas directos del conflicto y es sobre ese componente sobre el que tratan las lineas siguientes.

La lectura de los papeles filtrados de Wikileaks a propósito del Sáhara que han puesto negro sobre blanco la falta de sentido y vigor de los planteamientos del gobierno español provoca algunos interrogantes y reflexiones:

-el primero sobre la torpeza de la diplomacia española y del gobierno de Zapatero intentando jugar a muchas bandas y quedando mal con todo el mundo al mismo tiempo. Creando un enorme disgusto entre los propios y terminando por sufrir las tarascadas de su privilegiado aliado, el sultán de Marruecos, siempre insatisfecho y siempre peleón.

-el segundo y para mí más importante: preguntarse como se puede despreciar tanto a un pequeño pueblo y negarle la posibilidad siquiera de representarse a sí mismo, y de qué manera alguien con dos dedos de frente pretende resolver un conflicto eliminando, no el origen del pleito, sino la voz del pueblo saharaui invocando derechos reconocidos e inalienables.

Me imagino perfectamente las conversaciones entre Zapatero y Moratinos que justificaban aquel propósito tan audaz del presidente del gobierno español de resolver el conflicto en seis meses. Esa pretenciosa vanidad se basaba en el cálculo de que los saharauis eran unos simples peones en el juego político del Magreb y que se plegarían a un escenario de cambio de las reglas de juego. De ahí esa filosofía del “nonpaper” de cambiar descolonización por regionalización, soberanía por autonomía e independencia por autogobierno. Solo es posible ese cambio de enfoque teórico del problema bajo las premisas de su imposición al pueblo saharaui. ¿Y cómo pretendían conseguir tan milagroso cambio? Eso es lo que cuentan los cables filtrados.

Primero se convence a los marroquís para que sean “generosos”, como si la bestia pudiera aplacar sus ansias de engullir a sus víctimas mediante el procedimiento de guisarlas de una manera más elegante. Ni al que asó la manteca se le ocurre idear un sistema autonómico en el marco de una monarquía feudal y antidemocrática. Hoy ya vemos a que llama Marruecos una autonomía: al estado de sitio, a la represión más brutal y al enfrentamiento entre dos comunidades. Concediendo a Marruecos la legitimidad en sus pretensiones lo único que se ha conseguido es alentar la componente populista del régimen y dejarles cruzar las líneas rojas detrás de las cuales solo puede concebirse una solución al problema que pasa ineludiblemente por el cambio de sistema político en Marruecos. En el fondo no se equivocan mucho algunos autoerigidos como expertos en Marruecos al recomendar una alianza estratégica entre el frente Polisario y la izquierda democrática como la mejor palanca para democratizar Marruecos. Al final esa será la estrategia que impondrán los hechos. No será con la actual izquierda doméstica y patriotera pero llegará, más pronto que tarde.

Segundo, visitar al vecino argelino a venderle la burra y el cuento de la unidad magrebí en el marco de una unión mediterránea de nuevo tipo sin percatarse de que Argelia sabe bien quien lleva la batuta en ese escenario y de lo poco que pinta España en ese empeño. Al final no hay unión mediterránea ni unión magrebí. Esa frustración que siente el gobierno Zapatero y que emerge de una manera directa en los papeles de la diplomacia norteamericana con la política francesa no es otra cosa que un maquillaje para ocultar la propia debilidad española y la subordinación de nuestra política mediterránea al Quai d'Orsay.

Tercero, y esto a mí personalmente es lo que más me duele, se manda a la señora Pajín o a la señora Jiménez- en caso de dificultades políticas serias al señor León-para que intenten un arreglo directo con las autoridades saharauis. Creyendo que la ecuación de poder en las comunidades saharauis se está trasladando hacia las familias del Corcas y que el exilio está cansado de tantos años de lucha se les ofrece bajo cuerda la continuidad del mismo exilio en condiciones doradas en la dulce madre patria a cambio del desmontaje de los campamentos de refugiados y de la garantía de la defensa de los derechos humanos en el territorio ocupado.

Vana política, torpe propósito. Al final llega la señora Haidar y les rompe el cuento de la lechera. Lo malo de esta política es que por el camino se ha llevado muchos años de lucha y de ilusión de tantos y tantos miles de socialistas, incluyendo dirigentes, que seguían, y esperemos que sigan, creyendo en los principios y en el derecho internacional. Alguien tendrá que pedir cuentas cuando toque. Nos tememos que ya será demasiado tarde y que el cinismo de unos pocos- resultaría por cierto de mucho interés saber que ha pintado Felipe González en todo este festejo de carnaval- habrá sepultado bajo la vergüenza el corazón y el ánimo de la gente de izquierdas.

Que ahora aparezca Aznar como el bueno de la película y como el único que al parecer ha interpretado correctamente el sentido diplomático del conflicto causa verdaderamente pavor a todos aquellos que todavía recordamos con atribulación y dolor aquellos momentos de los Acuerdos de Madrid de 1975 y las escenas del abandono del territorio del Sáhara Occidental Español.

Visto lo visto solo me queda por pedir una cosa: que el gobierno español renuncie a intervenir en el conflicto de esa manera tan engañosa y cruel. Ya no le podemos pedir que rectifique: ni tiene ganas, ni tiene fuerza y sobre todo no tiene tiempo. Que se limite a callar, que se abstenga de intervenir. No para mantener la neutralidad debida que nunca debió abandonar, simplemente para no interferir, para no liarla parda, para no revolver más la mierda. Esperemos, que algún día algún gobierno español, que necesariamente no será este, pueda ofrecer al pueblo saharaui, y al tiempo al español que tanto está apostando por ello, las explicaciones que se merecen por tanta hipocresía, tanta desvergüenza y tanta traición.

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