14 de octubre de 2009

Arte urbano en escenarios rurales


Que conste que la historia, la anécdota que sigue, puede ocurrir en cualquier pueblo o ciudad de España. Ha dado la casualidad de haber sido en Plan, Huesca. El famoso pueblo de la primera caravana de mujeres en 1985.

Nos dicen que el artista danés Per Kirkeby, del que nuestros amigos son devotos, expone una de sus obras-escultura en ladrillo en el pueblo pirenaico de Plan.

Como estamos en el Valle de Arán ni cortos ni perezosos decidimos dar un rodeo de unos 150 kilómetros viajando del occidente catalán al oriente aragonés a través de Francia. Elija usted el llamarnos raros o simplemente mire un mapa de carreteras para entender que los raros a veces lo somos a la fuerza. El caso es que pasamos por el Portillón, Luchon, por Saint Lary, por el túnel de Bielsa y por tantas localidades de montaña admirando sin solución de continuidad- por cierto que cosa será esta solución- el variado paisaje pirenaico que va desde lo bucólico de las praderias con ovejitas y vaquitas a lo agreste de las cumbres alpinas y con los colores del primer otoño como decorado de fondo. Uno que no se emociona ni embelesa precisamente con los paisajes naturales, soy urbanita por naturaleza- perdonen el chiste- tengo que reconocer que los Pirineos me fascinan.

Al final llegamos a Plan-perdonen por la rima, hoy mi escritura no da la talla- y aquí empieza lo bueno. Preguntamos a los viandantes por la localización de la escultura. ¿Sabe usted donde han colocado la estatua de Kirkeby? ¿Kirkeque? Ni idea. No se de que me habla. Si, es una especie de casa de ladrillo. Pues no tengo ni idea. Así una y otra persona. Al final alguien nos dice que por que no probamos en un pueblo cercano que se llama San Juan de Plan. No nos cuesta nada pues San Juan está lo que se dice a un paso. Allí las respuestas son todavía más descorazonadoras. Una señora nos mira como si fuésemos lunáticos. ¿Una estatua en San Juan? Otra joven nos dice que es solo veraneante pero que no se habla mucho con la gente del pueblo pero que le extraña que “aquí, precisamente aquí, vaya a poner el gobierno de Aragón una obra de arte”.

No se desanimen. Hay que insistir. Volvemos sobre nuestros pasos y al final unos ciudadanos que departen tranquilamente a la puerta de una nave industrial nos indican el camino. “Vayan ustedes hasta tal cruce, atraviesen un puente y a la izquierda en un parque encontrarán ustedes la casa”.

Dicho y hecho. Al final de un parque urbano de árboles algo escuálidos y raquíticos que contrastan con la magnificencia del paisaje pirenaico que rodea a la población, nos encontramos con la obra del artista danés instalada por el CDAN, organismo perteneciente al gobierno de Aragón. Disfrutamos con el juego de volúmenes. Con los paisajes recortados tras los huecos de la obra. Con las sensaciones de ver esta pequeña “casa de muñecas” en medio de un valle rodeado de enormes montañas. El sol del mediodía ofrecía un juego de sombras y de luces que reforzaban la mirada sobre el objeto. Al final sesión de fotos en búsqueda de la imagen adecuada.

Terminada la visita decidimos comer en un restaurante del pueblo. Por cierto que muy bien. Lo voy a recomendar en 11870.com. Ceps-boletus edulis-, níscalos, carne de buena calidad y vino del somontano. Pegamos la hebra charlando con algunas personas. Que bien que hayan puesto la escultura de Kirkeby en el pueblo. Respuesta: “yo no entiendo de arte pero a mi me parece una tontería”. ¿Y eso? “Mire usted aquí es obligado construir en piedra. No podemos construir en ladrillo”. Pero, bueno, es solo una obra de arte. “Será todo el arte que usted quiera pero es una casa en la que no pueden vivir las personas, de lo pequeña que es”. “No podría servir ni de establo para las vacas”. “Nadie del pueblo entiende para que sirve”. Es que el arte no tiene por que servir para nada en particular. Puede que solo sirva para jugar. “Pues entonces que inviertan en juegos para los niños”. “Los políticos tienen ideas absurdas y tiran el dinero”. “Seguro que el Teruel que conocen el ladrillo les ponen casitas de piedra y aquí ya ve, ladrillos”. “Además ¿sabe que para construirlo trajeron una cuadrilla de rumanos?” “Podrían haber dado trabajo al pueblo”. Al final cuando les decimos que hemos dado una vuelta de muchos kilómetros solo para ver esa obra nos miran con guasa. Estos madrileños que cosas más raras hacen.

Nos vamos del pueblo ciertamente confundidos. Nos hacemos preguntas. La primera es ¿tiene sentido invertir en estos montajes y no sumar a la inversión una pequeña partida en señalización? La segunda es sobre el significado de llevar el arte a los pueblos. ¿Dejar caer una obra como del cielo sin dialogar con los vecinos sobre el sentido de la misma? La tercera sobre la programación de arte y la experimentación en nuevos escenarios. Realmente uno piensa en derroches, en aventuras estériles. Siguen las preguntas.

Nos lleva a un debate en el coche sobre las comunidades autónomas. El debate termina en Medinaceli, en el kilómetro 150 de la A2. Una caravana de coches de vuelta del puente del Pilar. Tres horas más para llegar a casa.

Y yo que venía aquí a hablar sobre el Valle de Arán…..

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