25 de octubre de 2009

Cajas de Ahorro y Política

A cuenta de la polémica por el nombramiento del próximo presidente de Caja Madrid parece que el único tema de interés sea si el PP nombra a un político o a otro o si el PSOE e IU a cambia de taparse la cara logran más o menos prebendas representativas para los suyos. Parece que existe el consenso generalizado entre las fuerzas políticas para que las cabeceras ejecutivas de estas instituciones sean ocupadas por políticos designados por las fuerzas parlamentarias mayoritarias en cada respectiva comunidad autónoma.

¿De quién son las Cajas? El modelo no lo dice claramente. Sabemos que no son sociedades anónimas y que no existen unos titulares privados o particulares que puedan alegar su propiedad. Se definen a sí mismas como “instituciones sociales” que operan en los mercados financieros bajo el marco de las leyes civiles y mercantiles, que dependen de unos “patronatos” y son supervisadas por los gobiernos de las Comunidades Autónomas en las que tengan ubicados sus órganos de gobierno así como por la autoridad del Estado en cuestiones monetarias, crediticias que no es otro que el Banco de España.

Tienen unos órganos de gobierno cuyo vértice es la llamada Asamblea General que en principio define las líneas de trabajo de la institución, aprueba las cuentas y nombra a los Consejos de Administración y otros órganos de gobierno como los de auditoría, etc.

En teoría esa asamblea general- organismos multitudinarios por cierto pues pueden llegar a tener cientos de miembros- tiene un carácter representativo de los poderes locales y territoriales, de los “impositores”- titulares de cuentas corrientes- , del personal y de otros organismos como los sindicatos y la patronal. Algo así como el famoso lema de la democracia orgánica franquista: municipios, sindicatos y familias.

A la hora de la verdad ni siquiera los impositores son elegidos democráticamente- ¿usted ha votado alguna vez como titular de una cuenta a favor de alguna candidatura?- pues existen una serie de mecanismos como los llamados “compromisarios” y sorteos previos. Después de tener cuenta durante muchos años en distintas Cajas de Ahorro yo no conozco a ninguna persona de mi entorno que sea miembro de esos órganos por tal condición, ni nunca he tenido la suerte de formar parte por sorteo de esa lista de compromisarios. Por supuesto que me alegro de no pertenecer a ese club.

Las cajas de ahorro tienen un viejo origen filantrópico y con los siglos se han ido acomodando de una forma u otra a la modernidad. Hoy parece que se están quedando algo obsoletas y que en su seno surgen muchas voces que hablan de reformas. Despolitización, entrada de capitales privados-le llaman cuotas participativas- y modernización- nunca concretan en qué consiste-. Los políticos sin embargo reclaman la dirección de las instituciones basados en su carácter social.

El caso es que ya se han convertido en unas máquinas tremendas de hacer dinero, o de perderlo, y a la sazón dominan más del 50% del negocio financiero en España. Y además parece que el control político no las ha dispensado de cometer errores monumentales en sus políticas de gestión. Los entendidos dicen incluso que son más frágiles que los propios bancos ante la crisis que estamos viviendo y que su modelo de negocio muy ligado a las operaciones inmobiliarias corre serios riesgos. Hay quien dice que la tradicional seguridad que durante muchos años ha hecho posible que las cajas tengan una alta credibilidad entre los públicos más populares puede estar a punto de perderse debido al comportamiento de los titulares de algunas cajas. Incluso en términos políticos escuchar a su máximo representante, un señor llamado Quintas, pedir el adelanto de las elecciones generales puede ponerte los pelos de punta. Uno piensa que a lo peor hemos creado un Frankenstein bancario, una criatura ingobernable. Esa criatura tiene además nombres propios. Toda una casta de supuestos profesionales, no solo son los políticos de partido, se han acomodado a los órganos de dirección de muchas cajas de ahorro y desde allí ejercen un verdadero poder caciquil. Son poderes fácticos que otorgan créditos en función de mantener una estructura clientelar de poder y se arrogan a veces hasta la posesión de mandatos divinos. No voy a dar nombres pero miren ustedes a los presidentes de algunas cajas de ahorro gallegas o al que fue hasta hace poco tiempo plenipotenciario representante del cabildo catedralico de una ciudad del Sur. Por lo menos el señor Botín tiene su patrimonio colocado en su banco y tiene que dar cuentas a unos accionistas. En las Cajas de Ahorro solo se da cuentas a Dios, si es el caso. La mayoria de las veces ni eso.

Si todo el sector financiero tiene que acomodarse a la crisis y cambiar su modelo nos preguntamos de qué forma las Cajas de Ahorro en España están preparadas. Está costando Dios y ayuda proceder a fusiones en el ámbito de las cajas de ahorro de la misma comunidad. Recordamos el caso de las Cajas sevillanas o en estos momentos las dificultades de la fusión entre las cajas gallegas o las catalanas. Hablar de fusiones, si es que ese es el modelo de salida que, oiga, yo no lo sé, entre cajas de distintas CCAA parece misión imposible.

Las obras sociales, por cierto dirigidas a veces por señores y señoras que son analfabetos funcionales- de esto hablaré en otro momento-, están sufriendo recortes en sus presupuestos de dos dígitos. Si es verdad que el verdadero sentido de las Cajas son sus Obras Sociales por qué esos recortes. Seguramente que antes habría que proceder a saneamientos que no pusieran en cuestión los presupuestos de gasto social. Digo yo que recortar los honorarios de los ejecutivos, las dietas de los órganos de gobierno, incluso, los sueldos o el nivel de empleo serían fórmulas más adecuadas. Mucho me temo que las obras sociales serán el pagano de las crisis y de la caída de beneficios.

Ahora en Madrid la duda es si el próximo presidente será el señor Rato o el amigo de la Doña, un tal Ignacio. A mí que quieren que les diga: me da absolutamente lo mismo. Creo que el problema es otro. Se trata de encontrar un sistema para que las Cajas sean gobernadas lo más democráticamente posible. Creo que los parlamentos regionales deben tener su voz. Pero mucho más importante que eso es que los clientes, los deudores, las empresas y particulares tengan su asiento en los órganos de control de una manera más directa, más clara y mas legítima. Y que el Banco de España y el gobierno de la nación se pongan las pilas y acomoden las leyes de regulación de estas instituciones a los tiempos que vivimos. ¿Qué es eso de decir que en Madrid los partidos que forman la Asamblea se lo comen y lo guisan? Zapatero tiene que entrar a saco para conseguir, al margen de quien sea el señorito que ocupe la presidencia de la Caja de Madrid, que Cajamadrid y el resto de las cajas se democraticen y se gestionen no solo de forma profesional, odio esa palabra, sino sobre todo de manera social. A fin de cuentas esa es la palabra que las caracteriza y que las define. ¿Qué significa ser “social” en el siglo XXI?

Esa es la pregunta. Lo demás ganas de aburrir al personal.

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