18 de julio de 2009

Los pisos patera y colchones con derecho a cocina



“Se alquila colchón inflable para chica que libre y habitación para chica sola 250 euros y el colchón 80 euros Moncloa”

Así reza el cartel que fotografié el otro día en una parada del 61. Sorprende la falta de la h del “inflable” dado que la persona que escribe coloca los acentos debidamente.

La realidad que se oculta tras el cartel es mucho menos confusa que su redacción. Viene a decirnos como la gente pobre, inmigrantes en su mayor parte, viven en nuestra ciudad.

Nos habla de los famosos pisos patera. Nos habla del alquiler de un colchón de quita y pón para personas que libren. No acabo de entender muy bien si solo para fines de semana o días de libranza o para turnos no nocturnos.

Desde siempre ha sido típico en España el famoso alquiler de habitación con derecho a cocina. Por supuesto que hemos compartido por varias familias una sola vivienda. Yo mismo de niño he vivido en una casa de 50 metros cuadrados en la que convivíamos tres parejas, dos solteros y tres niños. De la misma familia pero qué condiciones…Hay una película española de los años 50 que se llama El Pisito y que es una joya cinematográfica, en la que, en clave de tragicomedia, se relata la historia de nuestras penalidades habitacionales.

También tenemos memoria de las pensiones pobretonas, de los cuartos miserables regentados por viudas y familias venidas a menos y que eran el depósito nocturno de miles de estudiantes, de gentes desplazadas en busca de trabajo en la gran ciudad.

Por supuesto que hemos conocido la época de las chabolas. Recientemente pude ver en la Televisión una película sobre el famoso Pozo del tío Raimundo que me encantó. La historia de unos hombres y mujeres que supieron convertir las chabolas en un barrio digno.

Pero yo nunca había visto esto del alquiler del colchón. Tampoco nunca habíamos visto el concepto de piso patera. Aquel en el que se van alternando por turno de dormir distintas personas en la misma habitación.

Algo muy grave debe estar pasando para que los problemas sigan siendo los de siempre y las soluciones peores que nunca. Detrás de esta creatividad colchonera debe haber algo más que creatividad latina.

Pero no quiero terminar sin dedicar un homenaje a una vieja profesión. La de colchonero.

Saben ustedes, y si no lo saben se lo cuento, que hace muchos años no existían los colchones modernos de látex, ni de muelles ni espuma. Puede que existiesen ya pero los que la gente normal gastaba eran los de lana, o borra en su versión más humilde.

Aquellos colchones de vez en cuando exigían una limpieza o bien de la funda o bien de la propia lana que les daba forma. Y en esas ocasiones se presentaban en casa los colchoneros. Unos profesionales que cargaban con el colchón, lo sacaban a cualquier solar cercano y allí iniciaban sus actividades. Lo primero era descoser la funda por un lado que era entregada a la señora de la casa para que le diese un lavado lo más rápido posible. A continuación vareaban la lana con una especie de palos largos de una madera muy flexible y ligera acabados en curva, una especie de báculos. Recuerdo, mi memoria de los sonidos siempre es más nítida que la de las imágenes, una especie de silbido seguido de un golpe seco y el vuelo del polvo de la lana. Una y otra vez la lana recibía ese duro castigo. Luego venía el trabajo de organizar la lana dentro de la funda ya lavada y coser los vivos. Un trabajo esforzado. Posteriormente este oficio fue saliendo de las calles. Venían a casa a recogerte el colchón y lo llevaban a talleres donde seguramente tenían algún tipo de máquina cardadora para aligerar el trabajo. Supongo que todavía existe algún artesano haciendo ese trabajo. En las calles y con aquellas varas seguro que no. Luego ya en los años 70 la gente se fue haciendo a la compra de colchones de muelles. Pero era muy frecuente escuchar aquello de que “como los colchones de lana nada de nada”. Me extraña a veces que con el revival de lo antiguo y la moda de los consumos de fibras y productos naturales no vuelvan los colchones de lana. A lo mejor es una idea. Pero la modernización es la modernización. Tampoco han vuelto, y bien que me alegro, las cocinas de carbón y leña o los braseros de cisco. Algún dia hablaré de ello pues resulta que en la encuesta sobre el blog parece que mis lectores valoran por encima de todo mis memorias de los tiempos de mari castaña.

Ahora llamamos colchoneros a los seguidores del Atlético. Mañana a lo mejor reciben el nombre una generación de niños nacidos de las mujeres “que libran” y que se ven obligadas a alquilar un colchón en cualquiera de los pisos pateras de nuestros barrios.


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