13 de mayo de 2012

EL 15M. DE LAS COSAS DE LA POLÍTICA A LA POLÍTICA DE LAS COSAS.

#12M en Madrid



Foto de la colección de Brocco Lee en Flickr. Tomada en Atocha, Madrid. 12 de Mayo 2012


Parece que el banquete de la democracia española no puede incluir a unos comensales inesperados como las gentes del 15M. Inesperados hace un año e incómodos en su primer aniversario. Todo ese extremado despliegue policial pretendía inducir el miedo en la población. El plan no ha resultado eficaz y los gorrones del banquete se han presentado hasta en la cocina. Las baladronadas de la “gobernadora” de Madrid, una mujer que promete convertir a la misma Esperanza Aguirre en una templada y moderada conservadora, han tenido que guardarse para mejor ocasión. Llegados a los postres los incomodos comensales seguían en el salón de la Puerta del Sol y no fue hasta el resopón de las cinco de la mañana que la policía se sintió animada a montar el número del desalojo. Muy pobre y muy demostrativo del error. Hoy la prensa de derechas se divide entre el tremendismo de La Razón y el ninguneo del ABC. Prueba del nueve de la falta de entendimiento del significado del 12-15M por parte del nuevo gobierno y su clac.

El año pasado el 15M era visto como un fenómeno ocasional, como un monstruo de feria. El PP lo contemplaba incluso con disimulado agrado pues suponía que aquella movida socavaba las posibilidades electorales del PSOE. Hoy, desaparecido del escenario el partido socialista, los gritos de “PSOE, PP, la misma mierda es” han dejado de tener sentido y el movimiento social de descontento que encarnan los indignados se expresa contundentemente contra las políticas del gobierno de Rajoy.  La simpatía interesada del PP y de sus seguidores desaparece para convertirse en odio e inquina. Nada nuevo bajo el sol.

El problema es que el 15M ya no es ese movimiento ingenuo de hace un año. Se ha transformado gracias a la sorda y emocionante presencia y acción cotidiana de cientos de asambleas de barrio, de pueblo y sectoriales que superando inconvenientes de todo tipo han prestado a la protesta un esqueleto orgánico y un músculo militante absolutamente inédito desde la transición española. Uno que ha seguido con interés todo este devenir encuentra en ello la razón del innegable éxito de las manifestaciones del aniversario. Por supuesto que al éxito ha contribuido notablemente el deterioro del clima social expresado principalmente en los recortes presupuestarios y en la reforma laboral. Pero tanto o mas que ello la movilización se ha visto favorecida por la constante exhibición de la corrupción del régimen de la transición. Instituciones como la monarquía, el propio Tribunal Supremo, el Banco de España han perdido reputación a chorro libre. El sistema de partidos y el mismo orden territorial formado por las CCAA han entrado en una deriva que anticipa problemas serios que pueden afectar al equilibrio constitucional nacido en 1976.

El mérito del movimiento que algunos daban por muerto y ahora como renacido es haber incluido en los términos del juego político algo mas que reivindicaciones. El 15M se ha transformado en un carril de adhesión a una nueva forma de entender la política. Ha pasado de las cosas de la política a la política de las cosas. Los manifestantes, acompañando al cuerpo de la militancia asamblearia, han expresado con firmeza la intuición que hace falta algo más que cambios políticos para encarar la crisis. Las asambleas de barrio ya no se expresan en torno a categorías y programas reformistas. Han adivinado que las cosas tienen que cambiar de base. Que los problemas del paro, de la vivienda y de los derechos sociales tienen mucho que ver con la forma de vida y de civilización que el capitalismo financiero global impone a las naciones y a los pueblos. Es evidente que este planteamiento de máximos no puede tener los niveles de adhesión popular que el movimiento de los indignados se ganó el año pasado. Pero hoy las encuestas nos hablan de una simpatía que cuando menos supera la recibida mediante el voto por el partido ganador de las últimas elecciones. No es bueno olvidar que hoy el PP gobierna nuestras vidas de una manera absoluta sin haber superado la adhesión en las urnas ni siquiera del tercio de la población. El 15M puede significar la parte visible de un iceberg de descontento civil que si en otros paises se expresa a través de formaciones populistas en España puede adoptar un perfil libertario que los partidos de izquierda españoles, especialmente IU, harían bien en valorar.

Si la solución es civilizatoria el movimiento del 15M está en su derecho de no complicarse la vida ofreciendo “alternativas” al sistema. Hace bien en no subordinarse al marco de referencia partidario e institucional. La apuesta va más allá de unas leyes, de unos votos o de la propia presencia en el día a día. Para el 15M no cuentan los días, cuentan los años. El viejo topo de la historia ha dado la cara de nuevo. Felicidades.

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