1 de mayo de 2010

De sombreros, gorras y tocados.



Parece que es mas importante lo que llevamos los seres humanos sobre la cabeza que dentro de la cabeza. Me prometí hace tiempo dejar de escribir de cosas cansinas. Debe ser el síndrome del articulista. El miedo a repetirse. Hace tiempo que escribí sobre el famoso hiyab y el no menos popular, en Afganistán por lo menos, burka. De lo que escribí entonces no me arrepiento lo mas mínimo.

Hace unos meses estuve en la exposición dedicada a recuperar la memoria de una artista española: Maruja Mallo. La historia y la obra de Maruja es apasionante. Fue una adelantada a su tiempo. De alguna forma se la puede emparentar con el arte conceptual. Su propia vida era una constante performance. Fue la creadora de un movimiento llamado el sinsombrerismo. En la España de los años 20, tan creativa y brillante, un grupo de mujeres deciden manifestar su contrariedad con los usos y costumbres que las clases medias les asignaban. Una de sus provocaciones, inocente tenderíamos a pensar desde nuestra actual perspectiva, era la de renunciar al sombrero.

Cómo me gustaría que las niñas musulmanas decidiesen expresar también su rebeldía de esa manera, renunciando al empleo de una prenda como el pañuelo sobre la cabeza y no reinvindicando su uso. Pero por lo que se ve, y a la vista de los tremendos debates que nuestra aburrida sociedad dedica al tema, tal cosa resulta muy dificil. Mas bien al contrario, entiendo que una adolescente rebelde exprese su disconformidad con esa sociedad tan restrictiva, tan pacata, colocándose el pañuelo a guisa de identidad.

Veo constantemente a chicos y chicas que adornan sus cueros cabelludos con todo tipo de prendas. Pañuelos piratas, pañuelitos triangulares de campesina holandesa o cantante folklórica de los balcanes, gorras de todas las procedencias étnicas, lanudas y muticolores pañoletas rastas, forros polares, gorros de quirófano de serie USA y un largo ecétera. Interpreto que los jóvenes expresan así su disconformidad sobre el sinsombrerismo dominante de los mayores. Interpreto tambíen que los mayores vamos poco a poco recuperando el uso de los sombreros, nunca he visto a tantas personas con sus borsalinos en la cabeza. Puede que sea por los rigores climáticos, protegernos de tanto frio y tanto sol. O puede que la ola conservadora que nos invade sea la causante de ese fenómeno cultural. Ya se sabe que los rojos no usaban sombrero. Y ahora por lo que se ve toca ser de derechas. Y exigir la reforma laboral. Nunca he visto a tanto demócrata asentir con tanta unción a esa demanda de liberalismo económico.

Bueno, que es primero de Mayo. Hoy me pondré mi proletaria gorra de propaganda de Pinturas López. Y que les den. Hace un sol que revienta los cascos. Hay que protegerse.


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