7 de mayo de 2010

De arquitecturas parlamentarias y el overbooking inglés



El parlamento británico- Houses of Parliament- es una de las estampas mas turísticas de Londres. Aloja tanto a la cámara de los comunes como a la de los lores- de ahí el plural houses.

Su estilo gótico y el convencimiento que tiene la gente de que el Reino Unido es la democracia parlamentaria mas antigua del mundo provoca que algunas personas piensen que se trata de un edificio medieval. Pues no señores. Es mas o menos de la misma época, unos pocos años menos, que nuestro Congreso de los Diputados de la Carrera de San Jerónimo.

Resulta que el viejo palacio de Westminster se quemó en un pavoroso incendio- lo de pavoroso es un adjetivo que me encanta y que solo tiene utilidad para ilustrar a los sustativos flamígeros- y la Corona decidió dar al nuevo edificio parlamentario el toque imperial que solamente el gótico es capaz de representar. Es curioso, ahora me viene a la memoria, que lo mismo pensaron los húngaros a la hora de construir su parlamento nacional en Budapest. No se que tiene el gótico para inspirar fortaleza, poder e imperio.

Bueno, que no se me vaya la olla. La cosa es que a la hora de resolver la sala del plenario de los comunes el rey ofreció un gran terreno cercano al palacio de Buckingham. Pero alguien pensó, el Primer Ministro, que mejor que no fuese así. Mejor un salón estrecho, con dificultades incluso para alojar a los 650 miembros actuales de la cámara, que impidiese la presencia del público. No fuera a ser que en una de esas la gente les tocase los cataplines a los honorables miembros. Para justificar tamaño despropósito se sirvieron, como siempre hacen los hijos de la GB, del expediente de rendir homenaje a sus viejas tradiciones. En este caso la tradicion parlamentaria de haber celebrado siempre sus sesiones en la iglesia recien desaparecida de Westminster.

Hoy parece que el parlamento del Reino va a tener que contar hasta con el último voto para definir nuevo gobierno. Estarán los señores parlamentarios del común como sardinas en lata. No sería de extrañar que hasta la famosa torre del Big Ben y su reloj con carillón que reproduce el Mesiah de Hendel tuviesen que adaptarse como extensión de la sala de plenos. Sería un gran placer ver a algún diputado colgado de las manillas del reloj emulando a Harold Lloyd en el Hombre Mosca.

Mientras llega ese momento lo que nos vamos a divertir los continentales viendo como los ingleses, los galeses, los escoceses y en general todos los pueblos británicos resuelven su gobernabilidad a la vieja usanza de las coaliciones. Se admiten apuestas.

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