24 de abril de 2009

La Naval de Sestao. Sindicalismo de clase y xenofobia.

Foto del diario Público 24 abril 2009


Nicolás Redondo, el padre del que va a ser lendakari (corrección: por alguna razón se me fue el santo al cielo y confundí a Nicolas Redondo Terreros con Patxi Lopez, hijo de Lalo Lopez, compañero de partido y candidato que fue en las anteriores elecciones vascas; a su vez sus padres fueron compañeros de lucha socialista), fue trabajador de La Naval de Sestao. En numerosas ocasiones fue detenido y encarcelado por encabezar las luchas obreras del legendario astillero. Le acompañaban en el combate sindical cientos de trabajadores de todas las tendencias políticas: comunistas, católicos, libertarios, etc.

Hoy, en el año 2009, los trabajadores españoles de La Naval han decidido manifestarse e ir a la huelga para impedir que otros trabajadores, en este caso extranjeros, puedan ser contratados por el astillero.

Si este acontecimiento hubiera ocurrido en, pongamos por caso, una empresa de servicios con trabajadores sin tradición sindical y de lucha uno hubiera pensado “normal”. Cosas de la globalización. Pero que esto ocurra precisamente en La Naval puede ponerte los pelos de punta.

No se la trastienda del asunto. Tenemos los antecedentes ingleses de hace pocos meses. Puede ser que los empresarios se aprovechen de la libertad de movimientos del trabajo en el interior de la UE para conseguir realizar contratos precarios de trabajadores extranjeros, con sueldos correspondientes a sus países de origen, en detrimento de los trabajadores locales. Por supuesto que en estos casos cabe la movilización y la negociación aunque solo sea para defender los intereses de esos trabajadores extranjeros.. Para eso en la Naval, precisamente en La Naval, cuentan con poderosas instituciones sindicales. Pero parar una fábrica con ese motivo pone bien a las claras la deriva del sindicalismo español.

Pienso que cuando lean esta noticia personas como Redondo, el padre, Camacho y otros de esa generación se les pondrán los pelos de punta y pensaran si ha merecido la pena tantos desvelos durante tantos años.

Hoy pasan por TV2 un documental premiado con un Goya. Es la historia de Jordi Solé Tura. Dirigida por su hijo Albert contiene una serie de entrevistas con personas que trataron a su padre. Uno de ellos es Jorge Semprún. Se interroga Semprún sobre si mereció la pena el sufrimiento de tantas gentes para alcanzar la democracia en España. Cuenta que para aquellas personas que tanto dieron por el cambio político puede que la respuesta sea negativa.

Yo en estos momentos recuerdo a esa generación. Recuerdo a Nati Camacho, a Dulce Caballero, a Rubén, a Uceda, a Paco de Leganés. A tantos y tantos jóvenes como los que conocí que entregaron la totalidad de su juventud a la lucha sindical. A los que fundaron las Comisiones Obreras Juveniles. Seguro que piensan que su lucha mereció la pena. Pero también seguro que al contemplar las escenas de La Naval que hoy nos traen las televisiones alguna que otra lágrima les caerá de dentro a fuera. O cuanto menos un apretón de labios signará algo así como “que pena”, que “tristeza”.

Hace tiempo que sé que hoy los sindicatos de clase solo defienden los intereses de los trabajadores de las grandes empresas o de los trabajadores públicos. Pero pensaba que alguna utilidad tendrían como “agentes sociales”. Utilidad en el sentido positivo, progresista. Hoy me temo, que ni eso.

Un día triste.

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