8 de diciembre de 2008

JANUCÁ EN LA PLAZA DE OLAVIDE


Por su interés cultural e histórico reproduzco la convocatoria de la primera fiesta de las luces, Janucá, a celebrar en Madrid. Nada mas y nada menos que en la Plaza de Olavide, el día 22 de Diciembre, al anochecer.

Por primera vez las calles de Madrid van a convertirse en escenario de una de las festividades más entrañables del calendario judío: Janucá, fiesta de las luces en la que se conmemora la consagración del Templo de Jerusalén por Judas Macabeo hace casi 2.200 años.

Ayuntamiento de Madrid, Federa­ción de Comunidades Judías de Espa­ña, Comunidad Judía de Madrid y Casa Sefarad invitan a todos los madrileños a una celebración que tendrá lugar en la Plaza de Olavide. Una Januquía pre­sidirá un espacio lúdico en el que se repartirán las tradicionales peonzas o ‘sebibón’, se comerán los buñuelos conocidos como ‘sufganiot’, se escu­charán canciones típicas y se bailarán las danzas israelíes conocidas como ‘rikudim’ a cargo de la asociación de­portiva Maccabi, que recupera así el espíritu de los Macabeos.

Madrid se une así a otras ciuda­des universales como Nueva York, Berlín, París o Buenos Aires, que celebran cada año en sus calles esta festividad alegre y abierta a todas las culturas.

Una tradición bimilenaria. Cuen­ta la tradición que, durante años, los sirios helenizados no permitieron que los judíos de Israel cumplieran los preceptos de la Torá y dificultaban su manera de vida y sus costumbres para aniquilar su identidad. Para luchar contra el autoritarismo de las prácti­cas impuestas, los Macabeos organi­zaron una revuelta contra Antíoco, el rey de los sirios, que supuso la recupe­ración del templo profanado.

Para que el templo volviera a con­vertirse en un lugar sin ídolos, apto para el culto judío, se decidió encender el candelabro y, aunque se encontró en éste provisión de aceite puro sólo para un día, milagrosamente la luz se mantuvo duró ocho días, el tiempo suficiente para que llegara mas provi­sión de aceite, reflejando optimismo y esperanza.

La fiesta de Janucá recuerda este milagro y se celebra con el encendido de velas: una la primera noche, dos la segunda, y así hasta que al final la última jornada arden todas en un candelabro especial de ocho brazos que adopta el nombre de Januquía. El Shamash es la novena vela, que en­ciende el resto cada noche.



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