12 de septiembre de 2008

Madrid. Tarde de otoño. 2008.


Antigua publicidad de la desaparecida Ortopedia Alonso de la calle Fuencarral


Hacía casi tres meses que no paseaba por el centro de Madrid. Cuando te acostumbras a pasear monotemáticamente por los mismos sitios con cierta continuidad te pasan desapercibidos muchos aspectos de la vida urbana. Todo te parece igual y el ojo apenas capta las pequeñas diferencias. Necesitas un distanciamiento.
Mi paseo preferido, tomen nota los amigos que tanto visitan mis consejos para turistas en Madrid, comienza por la Glorieta de Bilbao, sigue por Fuencarral y la Corredera, desemboca en su primer tramo en Callao y prosigue por Carmen o Preciados hasta Sol. Desde allí mis pasos suben por Alcalá, cruzan Gran Vía y se encaminan por la calle Barquillo hasta Fernando VI y Mejía Lequerica o según los días por Recoletos hasta Colón y Génova. De allí cruzando Sagasta y atravesando Francisco de Rojas y Trafalgar mi deambular peripatético termina en Olavide. Es un tour que me permite, en poco mas de una hora, compensar tantas horas de inactividad física como las que dedicas al trabajo. Pero también te ofrece la posibilidad de despejarte la mente gracias a los impactos que recibes de ese entorno urbano tan rico y variado.
Hoy, la primera sorpresa la recibes cuando ves cerrado con el cartel de venta un establecimiento tan tradicional como la Ortopedia Alonso en la calle Fuencarral. En esa tienda se realizó parte del rodaje de la película El Cochecito, con el genial Pepe Isbert interpretando a un jubilado cuyo único deseo es hacerse con un carrito motorizado de inválido. Es en la ortopedia Alonso donde Isbert consigue comprar a crédito el cochecito. De esa operación comercial surgirán todos los problemas para nuestro protagonista.
No es que fuese la tienda ahora amortizada objeto de mi devoción particular. Tenía la tienda la sordidez propia del negocio de las ortopedias y apenas contenía elementos decorativos que la hiciesen atractiva especialmente. Me llegaba mas al alma un negocio muy próximo, en la finca colindante, la taberna Corripio que desaparecía no hace mas de tres o cuatro años. Para los amantes de los recuerdos de la ciudad que fué solo decirles, por si no tienen identificada esta región de tiendas de antaño, que estoy hablando de la acera de los pares de Fuencarral, cerca de Bilbao, enfrente justo de un Vips que fue en su día el famoso drugstore de la movida madrileña de los 70, primer refugio de noctámbulos en el Madrid de los estertores finales del franquismo. En aquel drugstore dictaban sus lecciones alternativas personajes como Haro Ibars o Leopoldo Panero. Y muy cerca del Comercial, todavía refugio de los viejos bohemios. Puede que el mayor valor de la tienda Alonso fuese su propia historia y la memoria de su vieja publicidad, ver foto de arriba. Si acaso su fachada, apenas sin cambio en tantos años. En cualquier caso su desaparición es también nuestra propia desaparición. Y perdonen que me ponga estupendo.
Pero hay que seguir en marcha, no va a ser cosa de retornar rápidamente a casa para refugiarnos del daño de los tiempos. Paso por la plaza de San Ildefonso y en el solar que tantos años ha fue mercado observo un remolino de gente excitada formando cola para recibir unas bolsas que contienen una fiambrera de plástico con comida. Las está repartiendo un hombre sombrío con una seriedad enfermiza en sus ojos. Los agraciados son gentes de todas las edades. Parejas jóvenes y vecinos ancianos. Pregunto quien organiza esta nueva versión del rancho para pobres y me dicen que son unos particulares. Buenas gentes. Todas los días a las seis en punto de la tarde. Ves en las aceras, atravesando Pez, colas de hombres, esperando algo, algún viático de las parroquias próximas.
Pasas por delante del teatro Lara y empiezas a ver un paisaje humano que llama la atención. En estos tiempos toda esa zona estaba ocupada por prostitutas jóvenes de todas las nacionalidades haciendo la calle. Hoy, parece como si las chicas rumanas o africanas que poblaban las aceras de Loreto y Chicote, de Santa María Soledad o de Concepción Arenal hubiesen desaparecido. Su lugar lo ves ocupado por mujeres con pinta de amas de casa que indudablemente no tienen el oficio de las profesionales y que parecen esperar la suerte de que algún transeúnte se ofrezca al tráfico carnal. Cosas de mi imaginación calenturienta, puede ser. Pero se me hace difícil entender el fenómeno y no tengo mas remedio que, apresuradamente, sacar alguna que otra conclusión de sociología de calle y escribir en mi mente guiones de dramas domésticos de tantas familias. Nada que no hayamos visto por Madrid hace ya muchos años. Una novedad con sabor a pasado, a triste pasado.
Soledad Torres Acosta, la plaza me refiero, parece haber cambiado en positivo su apariencia urbana. Se ven niños, de familias emigrantes, jugando libremente en las aceras. Las escenas lóbregas de borrachos y drogadictos parecen haber desaparecido. Pero todo sigue ese aire de patio trasero, de almacén de desperdicios, de desechos procedentes de la Gran Vía.
Callao, Preciados, Carmen y Sol siguen teniendo esa atmósfera canalla y cosmopolita de siempre. Pero ya son mas propias las ráfagas mentales que te las asemejan al Cairo o a Estambul que al París de los bulevares o al Londres de Picadilly. Tienes que entrar en Alcalá por la acera del museo de Bellas Artes y del Casino para que las gentes y el ambiente recuperen el aire burgués europeo.
Las obras del metro parece que no se van a acabar nunca. Madrid está siempre en obras. En eso las cosas no cambian.
Ves por Alcalá los preparativos de la Noche en Blanco, último invento de los amigos del presupuesto público. Hasta una especie de marquee a lo colonial en la adusta arboleda del palacio de Buenavista. Hasta los militares españoles se suman a la movida gallardonita. Por cierto que nuestro querido alcalde ha erigido una gran asta- con esta palabra siempre me asaltan las dudas de género y hasta de ortografía- y la correspondiente enseña patria en el torreón central de la nueve sede municipal, antiguo palacio de Telecomunicaciones y catedral civil de la arquitectura madrileña de los años 20, que los turistas retratan como si fuese el palacio de Versalles.
Subes por Recoletos. Es una tarde fría de otoño. En la terraza del Gijón un pianista algo decrépito que viste como los señores depravados de los felices años 20 interpreta clásicos ligeros para una escasa clientela atenta a sus propios asuntos. Por alguna razón viene a mi cabeza la música de Malher y las escenas últimas de Muerte en Venecia. Debe ser la imaginación, la loca de la casa.
Saludo a Valle y, cansado, me subo al 37.
ACTUALIZACIÓN

Posteriormente a la publicación de esta entrada me encuentro en flickr una colección de fotos de la Ortopedia Alonso. Fueron tomadas practicamente el último dia de apertura de la tienda y constituyen un testimonio de muchisismo interés

Aqui está el enlace con la colección

Y aquí el texto con el que el fotógrafo explica la serie.
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