8 de octubre de 2007

Los chirimbolos y otros muebles urbanos de Madrid


Ice Age 2, originally uploaded by Fer...

¿Cómo se llama en España a estos cilindros donde se pegan los afiches de publicidad? ¿Cómo y cuándo llegaron hasta España?, me pregunta Sergio desde Montevideo y se contesta a si mismo como es usual en él:

He aquí un interesante caso para la serie de "Las espantosas investigaciones de Landrú".

Mis preguntas obedecen a que los mencionados adminículos fueron inventados en Alemania y llevan el fácil e inolvidable nombre de Litfaßsäule (Columnas de Litfaß, siendo éste el apellido de su creador). Dicho señor, era dueño de una imprenta y dueño de un carácter típicamente alemán, de ahí que le enojara muchísimo ver que los afiches publicitarios quedaban pegados de un modo desprolijo en los muros y paredes desparejos.

Fue así que se le ocurrió fabricar cilindros de cemento que fueron inaugurados en Berlín, el 1º de julio de 1855. Rápidamente se desperdigaron por toda Alemania, donde hasta el día de hoy se conservan o se reponen con el diseño y materiales originales, aunque en las peatonales de las principales ciudades pueden verse algunas versiones "de luxe".

Por extensión, en los colegios alemanes se suele llamar con el mismo nombre a la cartelera donde se cuelgan los avisos, pero evidentemente que ésta no tiene forma cilíndrica.

Aguardo vuestros comentarios y autorizo a Ángel a que suba esta inquietante intriga a su blog. Al fin y al cabo, en cierta forma es un complemento del hombrecito del semáforo.

Sin otros temas que tratar le contesto así:

Recién llegado de Sigüenza, medieval villa famosa por la estatua yacente ( o yaciente?) del Doncel, maravilla del renacimiento español , me encuentro con la encuesta montevideana sobre los "chirimbolos". popular y castizo nombre que el siempre ocurrente pueblo de Madrid prestó a la idea del alcalde Manzano, creo que hace unos 10 años mas o menos, de importar esta especie de supositorio urbano que solo servía para colocar publicidad y para partirle los morros a los viandantes que se los encontraron de repente por todo tipo de aceras. La revuelta de los madrileños escandalizados por la "erección" de tales adefesios no se hizo esperar. Para calmar los ánimos se retiraron muchos de ellos y a otros se les trató de otorgar ciertas funcionalidades que les hicieran más provechosos. Así surgió el chirimbolo fuente, como el que todavía tengo debajo de casa. Nunca ha servido agua pero una boca de león a la romana y un botón supuestamente automático intentan dar el pego. Otros fueron dotados de una especie de chepa contenedor para la introducción de vidrios o plásticos desechables. Lo más curioso fue un invento que convirtió alguno de los chirimbolos en una especie de wc a monedas cuya gracia consistía en que después de servirse el ciudadano prostático recibía una lluvia desinfectante que lo preparaba para nuevos usos. El caso es que fallaba más que las escopetas de feria y no era raro ver a ciudadanos ensopados en los líquidos limpiadores. La cuestión era que Madrid debía ser modernizado a toda costa. A beneficio por cierto de empresas multinacionales que pretendían inundar España, de hecho lo han conseguido, de un horrísono mobiliario urbano. Cierto es que nuestra ciudad nunca ha sido muy hospitalaria para el viandante ni muy moderna en el uso de "decoraciones urbanas" si exceptuamos los bonitos forjados de las estaciones de metro, obra del prolífico Palacios, y las muy famosas farolas fernandinas también de forja. Algunos diseños de bancos públicos también tuvieron su momento. Pero, en general, Madrid no dispone de las hermosas tradiciones de mobiliario urbano de un Paris o Berlín por poner dos ejemplos magníficos o Londres y sus bancos de madera donados que adornan sus parques y squares financiados y firmados por benefactores y filantrópicos ciudadanos. Pero bueno, ya sabes, aquí las tertulias y la vida ciudadana se organizan en los cafés y en la puta calle si es necesario. Además ahora para que queremos bancos? para que en ellos se acomoden nuestros indigentes? No, no, que se busquen la vida y viva el chirimbolo.

Sergio da por terminada la ponencia con este mensaje

La verdad es que el nombrete de chirimbolos y la historia tan mercantilista que les precede, no anima a seguir indagando. Los Litfass alemanes auténticos resultan feos y aparatosos para los ojos de quienes los vemos por primera vez, pero para los lugareños e incluso para uno mismo -cuando se acostumbra- es algo de lo más normal transitar escoltado por esos gigantes de cemento empapelados con las noticias del mundo del espectáculo. Y si uno piensa que la mayoría data del siglo XIX, hasta les toma un cierto cariño, por feos, por viejos y por anticuados, en este mundo de anuncios por Internet y deliveries por teléfono. Es un poco como el hombrecito del semáforo que ilustra tu iconograma, que a pesar de las cambiantes modas, permanece estoico cruzando las calles una y otra vez con su sombrerito desmedido y sus pantalones bombilla.


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