14 de septiembre de 2007

Kioscos de prensa: especie en vías de extinción


Kiosko, originally uploaded by Daquella manera.

La otra mañana me volví loco para encontrar un kiosco de prensa en el centro de Alcalá de Henares. Al fin, en una especie de patio interior encontré una tienda con prensa y revistas. El kiosquero me contó que en los últimos años han desaparecido decenas de puestos de venta de prensa en la villa complutense, creo recordar que me dijo que en el casco histórico ya solo quedaban él y una señora, cuando no hace muchos años eran 30 los vendedores en esa zona. Ni en la plaza Cervantes, ni en la calle Libreros ni, casi, en la calle Mayor puedes encontrar el periódico del día o la revista de tu preferencia. Le pregunté por las razones de tal “desastre ecológico” y me dio tres por este orden de importancia: los diarios gratuitos, los impuestos municipales e Internet.

Desde que tengo uso de razón el kiosco ha formado parte de mi vida diaria. Recuerdo cada uno de los que he sido cliente. El kiosco de Clara del Rey, casi esquina a Cartagena que regentaban unos despedidos de la Pegaso- hablo de los años 70. Angel, el kiosquero de la plaza de Pradillo, una bellísima persona. Mariano, uno de los muchos Marianos que he conocido en ese oficio, en el kiosco de Príncipe de Vergara cercano a López de Hoyos. Y Mariano y toda su familia en el kiosco de Eloy Gonzalo. No he conocido a nadie del oficio al que no se le hubiese pegado de alguna forma la dignidad del hermoso oficio de dar las noticias. Todos ellos por otra parte deben mantener una cierta discreción política al tener clientes de diversas ideologías. Aunque al final ellos terminan por saber muy bien de que pie cojea cada cual y con que clientes tomarse mas libertades. El oficio de kiosquero se va heredando de generación en generación. Son gentes humildes y sacrificadas que se levantan a las seis de la mañana para que los dormidos transeúntes puedan acceder al periódico del día o comprar el metro bus. Los kiosqueros de prensa se han adaptado a todo tipo de entornos. Recuerdo a alguno de ellos surtido de unas pocas cajas de cartón como mostrador, siempre al aire libre, protegiendo las pilas de diarios con plásticos de las lluvias y los elementos atmosféricos. Hoy se les ve mejor dotados pero aceptando a regañadientes la explotación de redes de difusión que se han empeñado en convertir a los kioscos en bazares.

Si es verdad, y parece que si, que el negocio de los kioscos está en declive deberíamos organizar inmediatamente una asociación de amigos de los kioscos de prensa para conseguir evitar tamaño desastre. Un kiosquero es un distribuidor de cultura, un heraldo de la verdad. Un difusor del conocimiento. Si el oficio desaparece, como tantos otros oficios artesanos, nuestra civilización tiene los días contados. Con la desaparición del kiosquero, igual que con la del librero del barrio, se evapora parte del tejido social de los barrios. En torno al kiosco de prensa se establecen complicidades, se organizan funerales populares, se comentan los resultados del fútbol y de las elecciones. El kiosco de prensa es el eje de la plaza pública, del ágora.

Luchemos a favor del kiosco de prensa. Resistámonos a la suscripción. Rechacemos el gratuito cutre. Hagámoslo así antes que tener que llorar por la desaparición de una de las señas de identidad más significativa de la ciudad moderna. No concibo Barcelona sin los kioscos de prensa abiertos en la madrugada de las Ramblas. No me imagino a mi querida Ribadeo sin el kiosco de prensa de San Francisco compitiendo gallardamente con la arquitectura del otro kiosco cercano, el de la música. El otro día, en Alcalá, ciudad universitaria, noté una sensación de desamparo tremenda al no encontrar un kiosco de prensa. Si Azaña levantara la cabeza……


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