24 de diciembre de 2006

Desescombrando el alma

Poema de Fernando Lamata. Ver en grande

Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo. Así empezaban y terminaban los “crismas” que de pequeño me mandaba escribir mi madre. Tan pronto como empezaba Diciembre, llegaba a casa un señor que nos entregaba unas postales con pinturas de bosques nevados, figuritas de nieve y decoraciones navideñas varias. Eran postales pintadas con los pies y con la boca. No se si todavía siguen existiendo tan extravagantes productos. A mi me daban grima y no llegaba a comprender donde estaba lo extraordinario del asunto. Pero era una tradición y debía ser respetada. El caso es que había que mandar tan delicados diseños a familiares y amigos y debíamos ser los niños los escribanos postales. Hoy la costumbre del “crisma” se ha evaporado como tantas otras tradiciones de adviento. Solo las empresas, y cada vez menos, practican el tradicional envío de la postal navideña. Es curioso, sin embargo, como los políticos mantienen la tradición, eso si, renovada. Alfonso Guerra hizo famosos sus mensajes navideños en los que recogía, con excelente instinto político, citas de filósofos y escritores. Parece que lo mismo hace hoy el ínclito, por cierto, que significará ínclito, alcalde de Madrid Don Alberto Ruiz Faraón. A mi me llegan los estupendos poemas del vicepresidente de Castilla La Mancha, Fernando Lamata. El de este año encabeza este comentario. Me imagino que con el tiempo el mensaje personal de las Navidades irá adaptándose. Veo que entre los blogueros cunde el ejemplo de crear una pieza navideña de felicitación. Algunos emplean el registro sentimental. Otros prefieren la clave de la crítica social. Algunos, descreídos y sociofóbicos, prefieren reírse del enternecido, sensiblero y comercial clima que rodea a tan “entrañables”- como odio esta palabra- fiestas navideñas.

Recuerdo también otras tradiciones como las de aguantar los conciertos de villancicos. Particular recuerdo tengo del que perpetraba, pandereta en mano, el señor Angel. Un vecino nuestro, empleado del Metro, que tenía a gala recordar todos los años por esas fechas el completo folclore navideño de su tierra de origen: Sanabria. El señor Angel, el señor Segundo y el farolero, que no recuerdo como se llamaba, completaban una estampa navideña mítica para los niños de la casa. Recuerdo la Nochebuena como fiesta colectiva que agrupaba no solo a la familia si no a toda la vecindad. Cantos y alegría por las escalaras, los pasillos y los patios de un enorme edificio en el que vivian, y siguen viviendo, mas de 200 vecinos. Hoy me dice mi madre que apenas se escuchan ruidos familiares en la Nochebuena. No se si es bueno éste cambio de fiesta social a fiesta estrictamente familiar. Creo que es malo.

Muchos más recuerdos afloran al rememorar aquellos días. El regalo de la zambomba o la pandereta, a elegir. El paseo por los mercadillos navideños. A mi me llevaban por el de la calle Torrijos, hoy Conde de Peñalver. Especial recuerdo tengo de un comerciante de perfumes que portaba un turbante indio y un tono atezado de piel. Era lo más exótico que uno podía encontrar en términos de diversidad racial en aquellos tiempos. Hasta el Rey negro de El Corte Inglés era blanco. La costumbre de escribir la carta a los reyes también la recuerdo con confusa nostalgia.

Hoy la fiesta para los niños consiste en ir por las calles petardeando. Entonces íbamos pidiendo el aguinaldo con nuestras canciones y compitiendo con una enorme cantidad de solicitantes de tan tradicional estipendio. Hoy esto del aguinaldo no lo recuerdan ni los barrenderos. Las tarjetas del barrendero o el cartero le felicita las pascuas no lo recuerdan ni los mas viejos del lugar. Bienvenida sea la desaparición de tan vieja costumbre pedigüeña. Cuando pasan por la televisión la película de Berlanga “Plácido” uno se da cuenta del cambio de este país. En general para mejor.

Y, finalement, finalement, que os llegue a todos el verdadero espíritu de la Navidad. El de la unión de las familias, de los amigos, de los vecinos para hacer frente a la noche mas larga. Y como dice el poema de Fernando, puede que hoy sea un buen momento para desescombrar el alma y construir…..una sonrisa.

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