7 de septiembre de 2006

La plaga urbana de las palomas


palomas03, originally uploaded by pphdez2000.

Mi amigo Pepe Hernández es el autor de la foto que ilustra este comentario. Buen observador me decía: “lo que me sorprendió de esta señora es que no mostraba ningún afecto, únicamente daba de comer a las palomas”.

Empecemos por los datos: las palomas urbanas- columba livia domestica – constituyen posiblemente una de las plagas más dañinas para la salud y la calidad ambiental que se pueden dar en el interior de las ciudades. La mayoría de las personas sin embargo y no principalmente por razones ecologistas las consideran un bien público hermoso y digno de ser preservado No en vano nuestro Picasso las erigió en símbolo de la paz. Los excrementos de las palomas se depositan en monumentos, fuentes, edificios y aceras de nuestras ciudades. Esos excrementos están cargados de plomo y de otros contaminantes que producen daños estructurales y oxidaciones difícilmente soportables por los presupuestos de limpieza municipales y por los particulares afectados. Sus hábitos nidificadores muy estables les convierten en los más indeseables huéspedes de huecos de azotea, casas y apartamentos abandonados y otros muchos habitats urbanos en los que causan daños estructurales en las bajantes de agua, canalizaciones e instalaciones colectivas. Pero desde el punto de vista sanitario las palomas son vectores de fiebre paratifoidea, ornitosis y otras enfermedades. Directamente son huéspedes de parásitos tales como los chinches, piojos, garrapatas y ácaros.
Ya he citado el daño económico producido por la necesidad de combatir sus destrozos; hoy mismo en España contratar a empresas especializadas en limpiezas y puesta en marcha de sistemas repelentes es muy caro y son muchas las comunidades de vecinos que se ven obligadas a costosas instalaciones defensivas para protegerse. Los presupuestos municipales para su control se multiplican mucho mas ante la psicosis de gripe aviaria que tendría en esos animales el perfecto sujeto de transmisión de la enfermedad.

El problema se ajustaría a sus proporciones debidas simplemente dejando de dar de comer a las palomas. Habría un equilibrio de las poblaciones compatible con su disfrute urbano. Dejando aparte el típico atractivo de las palomas de San Marcos de Venecia o de las palomas blancas del parque Maria Luisa de Sevilla, perfectamente controladas desde siempre el caso hoy día es que se están extendiendo por todos los perímetros urbanos del mundo entero y se están creando unos ejércitos de bondadosas señoras que se dedican a su alimentación y engorde. Digamos aquí que las ordenanzas municipales de muchas ciudades, entre otras muchas Madrid, prohíben esa práctica. Pero nada hay que conmueva a tan dulces ancianitas. Ni las advertencias amables de los vecinos, ni las más serias de las autoridades son capaces de hacerlas llegar al convencimiento de que su contribución en forma de semillas, arroces y panes húmedos solo hace que convertir a las palomas en una plaga incontrolable. El espectáculo de ver aparecer a miembros de esta red urbana con sacos y bolsas enteras de alimentos para estos animales debería causar pavor a toda persona informada y no solamente la sonrisa y el comentario de que buena persona es Doña Fulanita. Pues bien doña Fulanita suele ser una persona solitaria que almacena por las noches el pan que le sobra y el que se encuentra, lo mantiene en agua y sale por las mañanas a hacer esa barata obra de caridad de alimentar a las palomas. Como doñas Fulanitas hay muchas en las ciudades y no se comunican entre si unas y otras sobrealimentan a tan voraces criaturas. Hablas con ellas y tratas de razonar y no te escuchan, en el mejor de los casos te llaman asesino que quieres matar a las pobres palomas. En el peor de los casos se aseguran de que sea precisamente en el lugar donde las recriminas que al día siguiente doblen la ración. Más de una persona me ha comentado “no se meta usted con ella que no sabe la mala leche que tiene la señora”.
Se que con este comentario no me voy a granjear la amistad de muchos amigos de los animales. Les diré que mi pequeño combate se dirige en exclusiva contra esta rata de los aires que tiene el hermoso nombre de paloma. Pido perdón por adelantado a mi amiga Paloma de Canals. Esto no va por ti, reina.

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