8 de febrero de 2013

Los papeles de Bárcenas: el expediente Picasso de la Constitución de 1978.

Prisioneros españoles, tras ser liberados por las tropas rifeñas. Foto tomada del diario El Comercio




Aquellos acontecimientos tuvieron como escenario una España en crisis económica profunda, con centenares de miles de españoles en paro. Una España que no había aprovechado las oportunidades de la neutralidad militar en la primera guerra mundial y que convirtió aquella circunstancia en un boom especulativo. ¿A que les suena de algo?


La que será recordada en el futuro como “la crisis de los sobres”, tiene un peculiar y familiar aroma. La intervención del embajador de Estados Unidos, la alarma despertada en los cuarteles generales financieros, empresariales e institucionales y la constante generación de teorías conspiratorias que corren por las redacciones y los mentideros nos recuerdan episodios históricos como el del expediente Picasso, preludio del golpe de estado primoriverista, asó como el de la crisis posterior al atentado contra Carrero Blanco y los tiempos previos y ulteriores al 23F.

Las alarmas se disparan constantemente y el fragor del helicóptero sobrevolando el barrio de Chamberí de Madrid, mi barrio, durante estos días pasados, indican que el miedo-pánico se ha instalado en las mentes de nuestros gobernantes y no solo de los gobernantes. A la gente se la ve ansiosa y lo que hace unos meses, solo unos meses, era indignación, cuando no cachondeo, por la constante aparición de episodios de corrupción, hoy se ha convertido en desazón. En preocupación por el futuro, por el qué va a pasar, por la duda, y hasta la seguridad en que esto no tiene salida.

Parece como si en algún despacho poderoso se hubiera dado autorización para levantar las compuertas del depósito de mierda y de iniquidad en el que parece haberse convertido nuestro país para que se produzca un desbordamiento que nos paralice a todos por miedo e inseguridad. ¿No queríais caldo? Pues tres, cuatro tazas. Hasta el vómito si fuera necesario. En estas circunstancias la respuesta no consiste simplemente en  levantar el velo de la corrupción sino en encontrar una salida liberadora mediante la propuesta de un borrón y cuenta nueva que nos coloque otra vez en un renovado punto de partida. ¿Revolución, reforma, más de lo mismo?

Me resulta muy difícil entender toda la secuencia de hechos pero tengo la sensación de que alguien ha decidido reventar el enorme grano de la corrupción y el descrédito del sistema para producir un cambio de escenario. Aquello del golpe de timón de los tiempos previos al 23 F de 1981. Descartada, por lo menos en apariencia, la alternativa militar, parece que conmover a la opinión pública para que acepte, con agradecimiento, cualquier salida por traumática que sea, que nos libere del espectáculo, fuese una estrategia adecuada

Y sin con ello tienen que llevarse por delante al PP y a CiU, por ejemplo, y por la vía de procesar a sus cúpulas dirigentes sería un precio aceptable a pagar. Todo para imponer un modelo de gobierno tecnocrático a la italiana o cualquier variable que coloque a los partidos bajo la dependencia de otros poderes. Puestas así las cosas el entramado de unos partidos debilitados estaría dispuesto a tragar con una salida tan acomodaticia la que se produjo el 23 F que destruyó la organización política de la derecha reformista de Adolfo Suárez y redujo al mínimo el vigor progresista del PSOE.

En un país tan antipartidista, tan antipolítico, el que los partidos sean los paganos de la crisis no resulta una mala receta.

¿Cómo convencemos a Rajoy para que anuncie que no se volverá a presentar a unas nuevas elecciones y con ello de paso a una necesaria renovación de la dirigencia del PP? Un empujón como el que le han metido estos días se hubiera llevado por delante ya al más bregado de los políticos europeos. En su caso el problema consiste en que resulta difícil encontrar un sustituto pues los papeles de Bárcenas han dejado en evidencia a toda una casta dirigente y algunos de los que aparentemente se han librado de la quema como Esperanza Aguirre no aguantan ni un telediario si el ventilador sigue funcionando a tope. Es lo del chiste del paciente y el dentista ¿verdad que no nos vamos a hacer daño? Por otra parte el PP se encuentra a gusto en la charca del “y tú más” y colabora dócilmente en el desarrollo de ese clima de hartazgo.

Pensemos bien el asunto. ¿Acaso es una novedad que el PP, como antes el PSOE, haya tenido y siga teniendo líneas de financiación al margen de la ley? o ¿que los intermediarios en esas prácticas se lo lleven crudo? Lo nuevo consiste en que en el caso del PP las cosas parecen haber llegado a un grado de desparpajo tal que eleva la temperatura de los gases de la caldera por encima de la propia resistencia de los materiales.

Alguien está jugando al aprendiz de brujo levantando la veda y el velo que tapa las miserias de toda una estructura de poder. Las menguadas redacciones de los grandes medios de comunicación no dan abasto para tratar de confirmar los cientos de rumores que les llegan en tropel. Los juzgados se llenan de causas de difícil procesamiento y los jueces y fiscales se sienten obligados a demostrar que son la última frontera que sostiene el sistema, mucho más en momentos en los que el poder ejecutivo tiene tendencia, por razones presupuestarias y políticas, a querer atarles en corto. Los medios públicos de comunicación, especialmente las televisiones, son una bomba a punto de explotar debido a las presiones que llegan a las redacciones. Esperanza Aguirre ensaya nuevas formas de tortura malaya para desconcertar a sus compañeros de partido y Rajoy vigila sus espaldas calculando quien pueda ser el Bruto de ocasión y por donde le vendrá la puñalada. Ante ese panorama las cosas de Ana Mato son minucias y la vieja técnica de entregar víctimas propiciatorias de una en una para calmar la marea del descontento no sirven de nada pues el maestro pontevedrés sabe que van a por él y que cualquier vieja historia encontrada en su largo pasado de actor político puede derivar en crisis final.

El caso es que sin Rajoy ¿qué? nos devuelve a lo que escribía pocos días antes de aparecer los papeles de Bárcenas. Desde entonces a hoy poco nuevo que comentar. Si acaso y por lo que tiene de novedad la decisión del PSOE de pedir la dimisión del gallego. Ese movimiento tiene un significado especial: puede suponer el primer paso para el desembarco del partido socialista del buque constitucional. O cuando menos de su desvinculación de un modelo de gestión de la crisis basado en el continuismo puro y duro.

Lo que nos espera a partir de ahora es un áspero periodo de idas y venidas. Un estado de confusión generalizado en el que difícilmente los verdaderos problemas de España tengan una correcta lectura. Dividida la opinión pública en dos bloques antagónicos; el de los que pretenden cargarse las instituciones públicas a cuenta de las carencias de sus gobernantes para sustituirlas por un entramado de negocios privados y los que quieren renovar de pies a cabeza el sistema político y constitucional para democratizarlo  e inmunizarlo de la influencia de los intereses privados aunque para ello corra riesgo de desaparición el mismo sistema de partidos, institucional y territorial que conforma el Estado surgido en la transición.

Ante ese panorama los estados mayores del poder reflexionan. Esperemos acontecimientos.
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