26 de febrero de 2013

La solución política para España llega de Italia

"... E QUINDI USCIMMO A RIVEDER LE STELLE"
El mago Bepo Grillo. Un héroe a la italiana.




Las elecciones italianas me han abierto los ojos. Tenía un bulle-bulle en mi cabeza que no me dejaba dormir- hablando en metáfora claro. Me preguntaba a mí mismo sobre cuales puedan ser las demandas más sentidas por la ciudadanía española y como expresarlas en clave electoral. Como en otras muchas ocasiones, lo que viene de Italia marca tendencia en nuestro país. El imperio, el cristianismo, el renacimiento, el cine realista y la pizza.

Me explico. La mayoría de la gente normal en España protesta por la corrupción. Está en contra de los sindicatos. Se queja de los funcionarios. Desconfía de los partidos, de la casa real, de la iglesia, de la justicia y hasta de los clubes de futbol. Piensan que el estado derrocha y que necesitamos un gobierno fuerte pero en general nos manifestamos contra los recortes. Al  tiempo creemos  que nos falta democracia, que las prestaciones del estado social y las pensiones son bajas o que el derecho laboral favorece a los patronos. Decimos que las calles están sucias y que las nuevas generaciones no tienen educación y urbanidad. Pero sin solución de continuidad y al rato de así manifestarnos, afirmamos que la juventud actual es la mejor preparada de nuestra historia y que los ayuntamientos están mal administrados y recaudan mucho dinero.

Nos cabrea la burbuja inmobiliaria pero bien que disfrutábamos contando a los amiguetes como se había revalorizado la casa en la playa que compramos en los 80. Si nos reunimos en casa con los amigos es para arreglar el mundo y para llevarnos las manos a la cabeza por la torpeza de nuestros dirigentes. Pensamos que todos los políticos son unos corruptos, incluso aquellos por los que votamos. Y además bobos o tontos de capirote, torpes, prepotentes y vanidosos. Vamos, que nos caen mal en general.

Más o menos sentimos indignación por todo y vemos como las cosas se pueden resolver con menos impuestos y más gastos. O más refinadamente: con más impuestos para los otros y menos para mí y más gastos a mi favor pero menos en contra. Como urbanitas disfrutamos con nuestras líneas del AVE y los aeropuertos al lado de casa pero simultáneamente protestamos con energía por el derroche en obras públicas.

O sea que somos unos cachondos aunque como españoles tristes y medievales todavía no lo sabemos. Sin embargo los italianos ya han superado esa fase de la tristeza. Llevan tantos siglos curándose del desastre de la pérdida del imperio romano que ya se han acostumbrado. A nosotros todavía nos queda un hervor. Los italianos han superado la fase de la indignación llenando los mítines de las plazas protagonizados por personajes de la comedia del arte. No han tenido que pasar por la dureza de las Asambleas Populares, tan serias, metodológicas y ordenadas. Ellos se ríen. Nosotros lloramos.

He aquí la gran diferencia. Ha llegado la hora de votar y los italianos se han librado del peso de sus conciencias y han votado por lo que les ha salido de los cojones o directamente no han ido a votar pues tiene mucho mérito que en un país de voto obligatorio se haya llegado a tasas de abstención superiores al 25%. Que los grandes triunfadores de las jornadas italianas hayan sido los dos políticos más populistas de la historia de la península itálica nos indica el camino a seguir. Han diseñado programas absolutamente absurdos en los que se combinan las promesas más peregrinas al tiempo que se ofrecen los ajustes de gasto más increíbles. Se promete el oro y el moro de una forma descarnada. Populismo elevado a la enésima potencia.

Nosotros, es nuestro sino, tenemos otro carácter. Somos amigos de las ceremonias fúnebres y de los autos sacramentales. Aquí votamos a aquel que parece más triste. Al que nos reconviene más. Al más oscuro, tronante y tremulante. Nos van los líderes fuertes. Aquellos que nos ofrecen: sangre, sudor y lágrimas.

Y ya no los hay con esa capacidad de lanzarnos a la conquista de nuevos mundos, ya no nos resultan creíbles. Había alguno en la izquierda como Anguita o en la derecha como Aznar, pero ahora están jubilados. Llegados a este punto los españoles miramos al frente y nos encontramos con reyes inestables, con príncipes sosos y con gobernantes ineptos. Con oposiciones que no se atreven a salir a la calle porque les da la risa o les dan para el pelo. Con sindicatos que celebran sus congresos invitando a los dirigentes de la patronal y a los ministros de trabajo. La casta del político castigador a la española ha desaparecido

Las elecciones de Italia, sin embargo, van a marcar tendencia, trendig topic se dice ahora. Nos estamos empezando a dar cuenta que las elecciones no sirven para nada más que para embromar a los políticos. El modo italiano se irá imponiendo y dejaremos de llorar.

Votaremos a nuestros propios Berlusconis y Grillos. Perdimos al mejor de todos ellos, a Jesús Gil, pero todavía estamos a tiempo. En nuestras listas de políticos populistas tenemos a una tal Rosa. Una señora muy pizpireta a quien lo único que le falta todavía es algún que otro escándalo sensual. Tenemos a actores de segunda tan capaces como el propio Grillo. Por ejemplo ese que acaba de decir que los hombres estamos muy maltratados por las leyes que castigan los delitos de sexismo. Creo que es del mismo partido que la señora Rosa.

Ya sé quién va a ganar las próximas elecciones. Siempre que aprendamos las lecciones italianas. De allí nos llega la luz. Solo nos hace falta encontrar un Grillo. Para emular a Berlusconi tenemos ya muchos candidatos.

Esto ya no lo salva ni el papa.
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