4 de diciembre de 2012

Decrecimiento. A la fuerza ahorcan

Entrevista con Garret Hardin, uno de los grandes "profetas" de las teorías favorables al cambio de sistema económico mundial por razones ecológicas y civilizatorias.



La idea de que este mundo tal como está planteado no es viable es tan vieja como la misma civilización. De siempre han existido apóstoles y profetas a favor del cambio radical de las pautas de comportamiento social. Los primeros cristianos. Los cátaros en la edad medieval europea. Los utopistas en las edades modernas. Los comunistas utópicos creadores de falansterios en la era del primer capitalismo. Los hippies de nuestra juventud. Hay una línea del tiempo a lo largo de la historia y de las civilizaciones partidaria de la vida sencilla y virtuosa y es muy posible que esa corriente filosófica eterna alcance sorprendentes cotas de popularidad en nuestro tiempo. A veces puede que venga cargada de espíritu milenarista y a veces adoptará una simple formulación práctica y alejada de cualquier perfil combativo.

Hoy si algo podemos tener claro es que el decrecimiento vendrá pero forzado por los acontecimientos y las circunstancias. Y que afectará a una parte de la sociedad, la mas vulnerable: las clases pobres y medias de las sociedades occidentales. Esas poblaciones, junto con aquellas marginadas por la globalización en inmensas áreas del mundo- África, América Latina y regiones asiáticas- tendrán que buscarse la vida en territorios fuera de los mercados oficiales a través de movimientos solidarios-la vieja solidaridad-,cooperativos, informalidad fiscal, autoconsumo, etc.

Los afortunados detentadores de renta seguirán observando pautas de consumo cercanas a las actuales sin detrimento que en su seno se vayan instalando corrientes filosóficas partidarias de una vida más sencilla, de unos modos de consumo más sostenibles, etc. Los nuevos ricos, fracción creciente del poder financiero, se comportarán como eso, como nuevos ricos, y harán del consumo suntuario una de sus señas de identidad. Nada nuevo, por cierto. Recuperen ustedes el gusto por los escritos de Thorstein Veblen y verán.

La idea de las tres revoluciones industriales, motivo de reflexión que nos invitó a escribir estas líneas, no deja de ser una construcción ideológica para facilitarnos la comprensión y la simplificación de fenómenos muy complejos. Por ejemplo, sería oportuno destacar como la segunda y la tercera revolución se imbrican entre ellas a través de las tecnologías robóticas. O como las tecnologías de la información han permitido desarrollar programas de formación y de capacitación para técnicos y trabajadores de las industrias típicas del segundo ciclo desarrollista en países como china o India. De alguna manera la tercera revolución ha permitido que la segunda alcance su máxima expresión.

Son muchos los científicos que mantienen que el ciclo de explotación de la tierra no ha tocado techo y resuelven la teoría de los “recursos limitados” de forma radical. Apuestan porque nuestro planeta está por descubrir en una gran parte como objeto de explotación. De forma literaria algunos hablan de que nuestro planeta debería llamarse Mar y no Tierra. En el mar, según los portavoces de estas teorías neodesarrollistas, tendremos la respuesta a la precariedad energética mediante el descubrimiento de nuevos yacimientos submarinos de petróleo y otras fuentes de energía. Que en el mar está la respuesta a muchas preguntas nacidas de las industrias biotecnológicas, etc. Si añadimos a esto el dogma de la teoría de la sustitución- ese fenómeno por el cual a partir de un coste determinado existirían incentivos para el cambio de materias primas o de tecnologías de producción y consumo- no deberíamos tener dudas sobre lo lejano, para esas mentes, de un mundo obsesionado por el decrecimiento. Con esa fe tecnológica resuelven de una tacada los problemas medioambientales y las crisis sociales derivadas del mal gobierno. Felices ellos.

Algunos, más románticos o alucinados, entre los partidarios del crecimiento eterno, llegan a contarnos historias de ciencia ficción sobre nuevas fronteras planetarias y aventuras en los cielos que nos permitirán seguir manteniendo el modelo depredador de la naturaleza a escala estelar. Deben haber visto muchas películas de guerras de las galaxias pero ¿y si tuvieran razón? Puede que nuestra generación de abueletes no lo veamos. ¿Pero podemos afirmar lo mismo para las generaciones del próximo futuro?

El capitalismo ha avanzado siempre a costa de procesos de innovación tales como
-innovación expansiva. Por ejemplo el Ford T o, ahora, la economía en la nube. Se transforma todo un tejido económico gracias a la emergencia de un nuevo sector productivo que crea empleo y nuevos negocios. A veces estas innovaciones pueden ser disruptivas, pueden alterar el equilibrio de sectores enteros. Por ejemplo el diseño gráfico por ordenador supuso la desaparición de sectores enteros de la economía.
-innovación de mantenimiento. Se trata de hacer lo de siempre pero con procesos mejorados. Por ejemplo, el Toyota Prius. Se defienden empleos, no se crean empleos nuevos pero suponen una forma de mantener estructuras.
-innovaciones de eficiencia. El caso de las miniacerías. Reducen el coste de fabricación y su distribución. Reducen los empleos pues los racionalizan pero evitan destrucción de sectores enteros al tiempo que liberan capitales que ahora se pueden dedicar a otros procesos innovadores.

Del equilibrio entre estos formatos de innovación surgen procesos virtuosos o enfermizos en materia de empleo y de paz social. Y hoy los técnicos, los economistas y los sociólogos, no se ponen de acuerdo en cómo incentivar un proceso de innovación sobre otro. Hay seguridad, sin embargo, en que el orden fiscal y económico actual no favorece la puesta en marcha de innovaciones expansivas.

El capital abunda y es barato pero ya no podemos medir su eficiencia en términos particulares. Hay que buscar objetivos de cambio social positivo y ello es incompatible con el capitalismo que conocemos orientado en exclusiva al beneficio particular. Hasta ahora hemos hecho frente a esta situación mediante el control por el Estado  de eso llamado el “bien común” y por la práctica “humanística y responsable” de algunos sectores del capitalismo comprometidos con la sociedad. Eso se ha acabado pues el Estado ha dimitido de su vocación y las empresas se han desvinculado, debido a la crisis, del gobierno de la política. Incluso sectores enteros del pensamiento liberal se han adelantado a las circunstancias y han construido toda una ideología ácrata capitalista partidaria de la destrucción del Estado o cuanto menos de su reducción a su mínima esencia.

Todo ello nos lleva a pensar en cuales sean las estrategias de fortalecimiento del Estado si es que acaso existen fuerzas políticas y movimientos sociales que apuesten por esa conducta, por el control de la globalización y por nuevas políticas fiscales que obliguen al empresariado y a los poseedores del gran capital a plantearse una nueva ética a cambio que se le facilitan recursos para invertir en innovaciones socialmente útiles. Este será el terreno posible de emergencia de un nuevo pacto social. Y a escala global, pues al final tendrá razón don Carlos Marx en aquello de que la única revolución será mundial o no será.

Pero todo seguirá pendiente durante un largo trecho de factores políticos de muy difícil manejo para conseguir renovar ese viejo pacto social construido a lo largo del siglo xx y especialmente a partir de los años 30 y 40 entre el liberalismo y el socialismo. El pacto por el cual los socialistas aceptaron el mercado y los liberales el estado del bienestar. Gracias a ese pacto pudo construirse la democracia moderna de masas. Vivimos todavía, formalmente, en ese pacto pero desgraciadamente hay fuerzas empeñadas en anularlo e imponer por la fuerza un retorno a viejas fórmulas capitalistas lo que tendrá como consecuencia también el retorno de viejas retóricas anticapitalistas. Pero ya no serán las cosas igual. El capitalismo difícilmente tendrá una salida dickensiana y el comunismo y el fascismo no serán aceptables para la gran mayoría como respuesta. No digo yo que las respuestas sean mejores, probablemente sean peores, por lo que puede que el miedo al vacío genere esos movimientos alternativos y la búsqueda de un nuevo consenso social.

¿Saben que les digo? Que de esto del nuevo pacto social tendremos que seguir hablando. Lo que tiene uno que inventarse para mantener el blog….
 
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