17 de julio de 2012

Con Franco no teníamos políticos viviendo del cuento.

congreso de los diputados 10.9.08 - 81


 
La crisis, los recortes y la precariedad de millones de personas tienen su peor derivada en el descreimiento y la deslegitimación de nuestras instituciones democráticas. Prueba de ello es que se está instalando en el ánimo de millones de españoles sin apenas diferencia de clase, de renta e incluso de formación, la especie mental de que la democracia es cara y que el alto número de políticos viviendo del presupuesto público son la causa del déficit público que padecemos.

En este clima no es raro que la gente se crea a pies juntillas enormes patrañas  como el de la cifra de 445.568 políticos viviendo del dinero de todos y que esta barbaridad se haya instalado en nuestro vivir cotidiano como un hecho cierto y verídico. Ya la simple aritmética del dato debería contribuir a ponernos en guardia ante esa afirmación. Pero ni por esas. Por mucho que inmediatamente se hayan dado a conocer otras cifras que ponen en cuestión, en tremenda cuestión, la cifra mágica del medio millón de personas- en redondeo- sigue siendo material ampliamente difundido en las redes sociales y acreditado incluso por periodistas y literatos que cuentan con amplio respaldo social. Algunos investigadores han procedido a analizar la locura contable con mayor o menor éxito.

Parece que la nómina de políticos en España no debe ser superior a las 80.000 personas entre los que estarían incluidos posiblemente unos 68.000 concejales y alcaldes, de los cuales mas del 90% trabajan ad honorem, es decir sin emolumentos salariales. No parece esta una cifra desproporcionada para un país dotado de un sistema de poder altamente descentralizado y con fuertes tradiciones localistas y vocación de autogobierno.

Este clima conduce a que se cuelen supuestas reformas vistas en positivo por la opinión pública que van a suponer un recorte en el número de concejales y que irán en detrimento de la representación popular pues en amplia medida servirán para refrendar y profundizar el sistema bipartidista que disfrutamos- o sufrimos.

El caso es que cuando un artefacto ideológico como el del derroche en sueldos de políticos se cuela en el imaginario popular ya no hay manera de conducir el debate de una forma racional. Terminaremos por ver a los políticos, incluso a los más modestos concejales que ponen su tiempo y su dedicación voluntaria al servicio de sus conciudadanos, como una especie de chupasangres. Con ello conseguiremos algo seguro: que solo se dediquen a la política los más cínicos, los menos afectados por ese clima de escarnio popular.

Quiero que se me entienda. No digo que las instituciones políticas de este país no merezcan cambios y reformas en profundidad. Al contrario. Tampoco pienso que haya que relajar el control de la actividad de nuestros representantes. Al contrario también. Tenemos una arquitectura institucional necesitada de un cambio notable y tenemos unas élites políticas manifiestamente mejorables. Puede que para lo primero necesitemos una reforma constitucional que exija el mayor respaldo y compromiso social que podamos imaginar. Y que para lo segundo necesitemos revitalizar y desarrollar un nuevo marco regulador de la actividad política en línea con la democratización de los partidos y con la apertura a formas de participación en la gestión pública más directas y vinculantes.

Pero claro, esas son palabras mayores. No es nada eso de ir hacia una nueva constitución y hacia partidos políticos abiertos. Eso es muy difícil. Es mucho más fácil creerse esas tonterías del medio millón de políticos viviendo del presupuesto. Con la demonización de los políticos y de la política sumada a la ola antifuncionarial que nos sirven los medios de comunicación y los mismos políticos que nos gobiernan resolveremos la crisis. De eso no hay duda. Y si no que vuelva Franco, Franco, Franco. Con ese no había políticos que compartiesen el poder. La solución final. Y mucho mas barata.
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