17 de agosto de 2010

Desconcierto en Melilla

Melilla desde los tejados


Hablan las crónicas periodísticas y rebosan de comentarios las lánguidas y veraniegas tertulias radiofónicas sobre el desconcierto del gobierno español ante las maniobras marroquies de provocación fronteriza en Melilla- dentro de unos días habrá que incluir a Ceuta en la misma agenda.

Todo el mundo da por hecho que el impulso de esas acciones es soberano, aunque el matador sea Bellido o un tal Chaouki. Nada en Marruecos surge de casualidad. No es extraño que la diplomacia española ande algo desconcertada. La mayor prueba del desconcierto es haber utilizado el fusible real antes de que la crisis haya presentado rasgos mas maduros. Gastar polvora real, nunca mejor dicho, no suele ser la mejor estrategia. Y menos si nuestros servicios de ¿inteligencia? no acaban de encontrar el secreto de la pirámide.

Interpretaciones posibles muchas. Desde aquellas que recuerdan el inteligente y diabólico aprovechamiento que hizo Hassan de la crisis final del franquismo hasta aquellos que interpretan que el conflicto debe situarse en coordenadas muy locales y puntuales ligadas a los intereses comerciales de determinados sectores rifeños y portuarios.

Esperemos que la habilidad demostrada de Rubalcaba ayude a sofocar el incendio en su próxima visita a la corte rabatí. Y que el PP reciba un mensaje de donde corresponda para evitar meterse en fuegos artificiales y tracas valencianas tan propios de su actual portavoz, un tal Pons.

Que los diplomáticos de una y otra banda del espectro político español empezando por el amortizado Moratinos se pongan a los mandos de las operaciones sin necesidad de recibir el manual de instrucciones del organismo que tiene su sede en la carretera de La Coruña y que está dirigido por un viejo conocedor de las trapacerías marroquies.

Se que hay mucha gente que quiere cobrarse venganza de acontecimientos del año 1975 pero les diré que no es este el momento. Que tengan un poquito de paciencia. La crisis Perejil ya nos proporcionó información muy rica sobre los límites de nuestra política norteafricana. No podemos enfrentar situaciones del siglo XXI con tácticas de época del protectorado.

En última instancia quien tiene mas que perder en estos incidentes es la economía marroquí.

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