10 de febrero de 2010

Paseo de Recoletos. Madrid. Reformas, chapuzas y arte en la calle


Después de unos cuantos meses de tener el Paseo de Recoletos levantado en una infernal obra el resultado es decepcionante. La parte ajardinada ha quedado como embutida en una especie de contenedores que los separan mucho de los peatones. Y todo da una sensación de pobreza y de estar manga por hombro en cuanto a acabados. Unos bancos de piedra que parecen creados para disuadir a los pacíficos paseantes de hacer un alto en el camino. Aunque, en este caso, y en comparación con los cuatro bancos individuales, contados de uno en uno, que han instalado en Callao, monumento al adefesio, del cual me permito no opinar en defensa de mis alterados nervios, pueden resultar hasta agradables. Por lo menos dan para compartir la charla de varios viandantes al mismo tiempo.

No entiendo, por ejemplo, que tipo de firme han colocado en las aceras del paseo central. Durante unos dias me imaginé que el suelo era provisional. Parecía una especie de cemento cubierto con una capa de arena apelmazada. Pensé que esa arena cubría un enlosado de piedra natural o un tipo de pavimento firme y que se retiraría después de unos días.

La cosa es que ese "mejunje solar" parece tener signos de permanencia. De verdad que no lo entiendo. A ver si mis amigos arquitectos y urbanistas me sacan de mi perplejidad.

Mientras me aclaro diré que todo el paseo está ocupado por una serie de instalaciones de arte promovidas por algo llamado "Madrid Abierto", promovido por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento y una serie de organismos como el círculo de Bellas Artes a mayor gloria del famoso "urban art".

En la parte mas cercana a Alcalá, que por cierto sigue pendiente de restauración con lo cual parece haberse perdido la unidad urbana del conjunto del paseo, tenemos la instalación de una especie de armazones oxidados, obra de Xavier Mascaró. A modo de soldados de una civilización perdida las esculturas parecen el hallazgo subterraneo de tantos meses de excavaciones municipales. Como los famosos soldados de terracota de reinado de Qin Shi Huang que fueron encontrados en una obra de abastecimiento de aguas en la región china de Shaanxi, estos nuevos soldados de Madrid son el hallazgo casual provocado por las obras de nuestro emperador: Ga Llar Don.

Un poco mas arriba de la calle dos alegres jóvenes instalados en una especie de carrito del helado muy propio de estas fechas carnavalescas preguntan a los viandantes por los tiempos perdidos y a cambio de la información reparten unos billetitos como del Palé por el valor temporal que corresponda a la confesión peatonal. La verdad es que la cosa tiene gracia y despierta el entusiasmo de los admiradores del arte conceptual. Parece que la inspiración artística y el diseño del puesto- lo teneis en la foto que he colocado en portada del post- son obra del artista argentino Gustavo Romano. Incluso me dicen que en la Casa de América reparten unos bonos virtuales que te compensarán por los tiempos que dediques a la perdición en el futuro. Todo este artefacto "comunicacional" tiene el lucido nombre de Oficina de Reintegro del Tiempo Perdido. Y dispone hasta de sello de goma para certificar los billetitos que te dan. Para mi gusto una monería. Espero que mi amigo Daniel Lobo, verdadero experto en estas cosas me de las claves, siempre que el pobre logre escapar de la gran nevada de Washington D.C., de este tipo de prácticas artísticas tan modernas.

Por último mas arriba todavía, a la altura del pabellón del Espejo, otro joven, va realizando con tizas una serie de pintadas en el suelo con lemas y reclamos que van desde lo poético reivindicativo a lo absurdo vitalista. No me paré a copiar ninguno de los mensajes pero sirva de explicación que el proyecto que ampara esa "instalación" recibe el bonito e infantil nombre de Hucha de Deseos o por lo menos así consta en el flyer- fíjense que moderno soy- que me ha dado el de la tiza. Recuerdo que tiempos ha, en uno de los tejados del Paseo, justo el colindante con el palacio de Buenavista, había un neón gigantesco representando una hucha en la que caian sin solución de continuidad una cascada de monedas. Yo de chico me quedaba embobado viendo ese pequeño milagro de la tecnología lumínica. Hoy de mayor mi embobamiento es si cabe mayor al ver esta cumbre del arte madrileño.

De verdad que me lo he pasado chachi piruli. Gracias a estos hallazgos de nuestros dirigentes uno se olvida de la crisis y de la tregedia de Haití.

Por cierto que si ustedes no tienen alma infantil y no son capaces de disfrutar con estas creatividades de vanguardia, tienen la oportunidad, por poco tiempo, de disfrutar en la sala Mapfre, de una bonita exposición de pintura impresionista procedente del museo de Orsay. Luego comparen por favor y ya me dicen....
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