21 de febrero de 2009

Carnaval electoral: Galicia, Pais Vasco y Madrid

José Gutiérrez Solana, El carnaval (1917-1919). Buenos Aires, Museo Nacional de Bellas Artes


Entretenidos y risueños con la crisis interna del PP, los socialistas se enfrentan a las campañas electorales en el País Vasco y Galicia con una excesiva complacencia, desgana y hasta un ligero triunfalismo anticipado. No es buena esa complacencia. Pero no solo por razones de fondo: todo deterioro del clima democrático afecta al sistema en su conjunto. También pasa que las cosas no están tan claras como algunos se creen.

Parecen estar contentos con sus encuestas electorales y los famosos tracks de campaña y se les ve relajados. La crisis no parece restar apoyos a sus candidaturas o por lo menos no lo hace en la proporción esperada con anterioridad.

Parece que José Blanco, que de ingenuo no tiene nada, se está percatando de los riesgos de tal estado de ánimo y tratando de meter la cuarta y la quinta marcha en la última semana de la campaña.

Efetivamente, sin la ce, tal como pronuncia nuestro Pepiño, las cosas no están tan claras. Primero porque de los resultados de estas elecciones se desprenderá una u otra salida al futuro del gobierno Zapatero y a su estabilidad parlamentaria y segundo porque, sea cual sea el resultado de ambas elecciones, las cosas ya no serán igual a partir del 1 de Marzo, día del Ángel de la Guarda.

Expliquémonos. Y empecemos por Galicia que hoy celebra el Antroido.

Sigo, por obligaciones profesionales y querencias personales, el curso de la política gallega y me parece que el saldo del primer gobierno de izquierdas, permítaseme la licencia situacional, no ha sido todo lo bueno que hubiera resultado deseable.

Tenemos un gobierno gallego que son dos gobiernos. Cada área de competencia apuesta por sus propios valores y no se ha producido la debida concordancia entre las acciones de cada conselleria con respecto a las fronterizas y de todos ellas entre sí, transversalmente. Hoy, por ejemplo, no se concibe una separación nítida entre las competencias sanitarias y las de asistencia social. En Galicia, ambas competencias apenas están coordinadas y eso resta eficacia en la construcción de políticas coherentes en geriatría, cuidados domiciliarios y servicios sociales de valor añadido.

Otro ejemplo llamativo. La pelea entre las aéreas económicas y las industriales a la hora de enfrentar determinadas políticas de promoción empresarial. En ninguna comunidad autónoma de España se produce el caso de tener doblados los presupuestos dedicados a la internacionalización de las empresas. En Galicia sí. De tal forma que existen programas de financiación de ciertas actividades de similar alcance y naturaleza gestionados desde dos consellerias distintas. Por no hablar de las recientes peleas de gallos provocadas por el famoso concurso eólico.

Observando incluso los comportamientos del presidente y del vicepresidente se observan como cada uno parece defender las parcelas ocupadas desde cada partido. No digo yo que un gobierno de coalición no permita que afloren los matices diferenciales de cada uno de sus miembros. Pero en Galicia la obscenidad en las diferencias se ha adueñado del escenario. Pasa lo mismo que pasó en Catalunya con el primer gobierno de coalición. Aquello ya sabemos el coste que provocó. En Galicia la gente sabe que las cosas tienen que cambiar pero no se imaginan como pueden cambiar. Ven a un Touriño algo mansurrón y jesuítico y a un Quintana crecido y algo chulesco y no se imaginan como de esa mezcla pueda salir un combinado mejor que el que han tenido que sufrir durante esta última legislatura. Seguro que hay soluciones políticas mediante el agrupamiento de competencias en manos de cada coaligado. En Catalunya se ha demostrado que es viable. Pero no estoy viendo que los campeones de esas políticas de coherencia coalicional, perdón por el palabro, tengan presencia en la campaña electoral gallega, aunque solo sea para demostrar implícitamentemente que un gobierno de coalición no tiene que ser incoherente por principio.

No está de más recordar que, en términos de campaña, el PP está haciendo bien sus deberes y que el riesgo de que la derecha recupere el poder no es baladí. Ojo con despreciar al adversario. La derecha tiene, sigue teniendo, mucha fuerza en Galicia. El pensamiento moderado, las ideas conservadoras forman parte del acervo popular gallego. Las clases medias gallegas de las pequeñas y medianas ciudades son el alma del PP de Galicia. No solo son los caciques rurales los inspiradores de sus programas y de sus líneas de acción. Además, aunque a más de uno le resulte difícil creérselo, esas clases medias suelen tener cierto nivel intelectual y una influencia decisiva a la hora de determinar o influir en el sentir general de los vecinos. Lo hemos visto en el caso de las movilizaciones a favor de la enseñanza en castellano. Sin embargo, y en sentido contrario, se está viendo un desistimiento en la calidad y la fuerza de los apoyos hacia los partidos de gobierno procedentes de los sectores ilustrados y de la juventud universitaria. Por lo tanto ojo, mucho ojo.

Pasemos a Euskadi por carretera. Por cierto todavía no se ha completado la construcción de la famosa Autovía del Cantábrico. Se han dado pasos muy importantes en ello pero todavía llegar de A Coruña a Bilbao, pongamos por ejemplo, consume muchas horas de viaje. No digamos nada de los tráficos ferroviarios. El AVE del cantábrico ni está ni se le espera como al gallego Armada en la Moncloa el día 23 de Febrero de 1981.

En el País Vasco asistimos al fin de un ciclo. Ya no va a ser posible, por lo menos aparentemente, la construcción de gobiernos polarizados hacia cualquiera de los dos ejes tradicionales: el nacionalista o el españolista, si quieren a este último llámenle constitucionalista. El primero por estar fraccionado estratégicamente y en espera de la desaparición, no se sabe cuándo ni cómo, de sus componentes armados y milenaristas. El segundo por no tener la fuerza suficiente, desde un plano ideológico y social, para desplazar y reformar los ejes básicos de las políticas públicas, entre otras cosas porque en general esas políticas han tenido éxito y cuentan con la estima de la población en su conjunto.

Lo que se sustancia es la mayor o menor diferencia relativa entre los resultados del PNV y del PSE-PSOE que les otorgue el derecho a mantener gobiernos monocolores con apoyos o desistimientos parlamentarios de diverso pelaje. En el caso de un reparto de escaños que favorezca al PNV mediante la entrada en Ajuria Enea de un lendakari distinto de Ibarretxe que concite la votación en blanco de la bancada socialista, la mejor de las opciones para Zapatero, o, si el resultado favorece a López, mediante la votación de su candidatura por el PP sin entrada en el gobierno, opción esta que a más de uno en Madrid le pone los pelos de punta.

Y ahora vengamos a Madrid desde Bilbao por autopista con tramos de peaje o en trenes de los antiguos.

A la espera de argumentos para montar una crisis de gobierno puede que las elecciones de Galicia y Euskadi obliguen a ZP a dar un paso adelante para hacer de una puñ.. vez sus deberes. Para librar a su gobierno de técnicos escasamente dotados para la política como Sebastián o de facedores de entuertos como Bermejo. Para dar entrada a pesos fuertes del partido como Blanco, el mismo Caldera o, incluso, de venir mal dadas, de intentar promover la entrada de CIU en el gobierno en el marco de una política de lucha contra la crisis de eminente sabor industrialista a la catalana. A mi la entrada de Durán como ministro de industria no me produce sarpullidos, Me parecería muy inteligente. No veo a los de CIU lanzando arengas neoliberales al estilo de algún que otro socialista como el señor gobernador del Banco de España. En estos momentos la preocupación por el futuro de las pequeñas y medianas empresas es mucho mas visible y creible en Cataluña que en Madrid. Y Ciu representa muy bien esos intereses.

En cualquiera de los casos se anticipan cambios. Si en Galicia, que el dios de los autobuses de los creyentes no lo quiera, el PP recupera el gobierno, se acabó la crisis del PP. Si además eso coincide con un resultado malo para el PNV que le haga salir del gobierno la única salida será el gambito de dama. Dar por el saco a los amigos del tripartito catalán y volver a las escenas de sofá con CIU será la mejor respuesta. Se pierde la dama pero el rey fortalece su posición en el tablero, que es lo que importa. Este sería el peor de los escenarios para el actual gobierno.

El mejor. Pues el refrendo del gobierno actual gallego pero con un fortalecimiento del eje socialista que les permita dar un toque de atención a sus socios y una reconducción sensata de las formas de gobernar de la coalición; si el eje que se fortalece es el del BNG no le arriendo las ganacias a Touriño. Y en paralelo un empate entre el PNV y el PSE que provoque un acuerdo de gobierno transversal en el País Vasco. Nada fácil la tarea por cierto.

Mi pronóstico. Ni idea. En cualquier caso, pase lo que pase, en Madrid Zapatero tendrá que mover el culo. Ya es hora.

Finálmente. Perdones ustedes por el rrollo. Ya saben que no me gusta la política. Prometo no volver en una temporada a perpretar mas rollos de este tipo. Volveré a los tangos y otras músicas. Les contaré sobre Spotify, mi último amor tecnológico musical por ejemplo.

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