5 de noviembre de 2008

Los negros españoles nos alegramos del triunfo de Obama

Retrato de Juan de Pareja de Velázquez. Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Juan de Pareja, aunque recordado en la historia como "morisco" tiene rasgos africanos negros inconfundibles. Era esclavo de Velázquez aunque le fue otorgada carta de libertad. Nacido en Antequera- Málaga- fue pintor como su amo y un singular retratista cuya obra mas importante, Vocación de San Mateo, puede contemplarse en el Museo del Prado de Madrid



No, no voy a hablar de los españoles cabreados que son legión. Alguien, no sé quien, dijo que el español es un ser bajito y cabreado.
Hablo de los primeros y auténticos negros españoles de nuestra historia, cuya huella genética puede correr por la sangre de usted, de mi o de aquel señor que mira disimuladamente.
Érase que se era allá por el siglo XIV. En el sur de España existía una verdadera sociedad multirracial. Cristianos blancos de Castilla y de León, moriscos, judíos, negros, mulatos y hasta los primeros gitanos. Han tenido que pasar seis siglos para que en España volvamos a tener un paisaje humano y racial tan diverso como aquel del reinado de Enrique III Trastamara.
Aquellos negros eran en su origen esclavos arrancados de África, sobre todo del golfo de Guinea, por mercaderes de todo tipo, especialmente portugueses. Eran comprados por familias de las clases poderosas pero también de las clases medias para ser empleados como sirvientes. No todos marchaban a América, a las colonias, como solemos creer.
Con el tiempo, y con las crisis financieras castellanas muchos fueron manumitidos. Ya no podían ser alimentados y el régimen esclavista, por lo menos en la metrópoli tocaba a su fin. Muchos de ellos pasaron a vivir en unas penosas condiciones. La corona y la iglesia que entonces actuaban de consuno idearon para ellos ciertas instituciones benéficas. Hermandades como la de los Negritos que todavía pervive en Sevilla.
Gracias a la caridad pública y a ciertas iniciativas políticas como las de nombrar mayorales- una especie de concejales- a determinados negros, aquella población tuvo la ocasión de ir mejorando su estatus social y con el tiempo integrarse en la corriente racial mayoritaria. Todavía a finales del XV un negro de nombre Juan de Castilla ejercía el cargo de mayoral y se hacía llamar “rey de los negros”.
Los negros mantuvieron su identidad cultural, sus costumbres y sus bailes durante muchas generaciones- dicen los expertos que en el flamenco puede seguirse su rastro musical- y su integración social les permitió irse relacionando con la población blanca e ir aclarando su piel a lo largo de los siglos. Muchos de ellos marcharon a América. Sobre todo a Cuba. Un estudioso cubano, Fernando Ortiz, les dedicó un libro “Los negros curros” que sigue siendo todavía un clásico de los estudios antropológicos latinoamericanos.
Seguro que los genes africanos de aquellos hombres y mujeres negros corren por la sangre de muchos de nosotros. Y el que diga, yo no, que se acuerde de aquello de “este cura no es mi padre”.
Por lo tanto hasta en lo racial nos alegramos del triunfo de uno de los nuestros.
Perdonen esta originalidad mía de presentar estas cosas de una manera tan rara. Pero es que se lee cada panegírico sobre Obama que en vez del Rey Negro parece el mismísimo Niño Jesús. Y yo a eso no juego.


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