13 de noviembre de 2007

El hombre fino o manual de urbanidad, cortesía y buen tono



¿Necesitan los políticos manuales de autoayuda que les permitan resolver sus puntos negros y mejorar sus actitudes?

O ¿acaso la bronca, el insulto y los trazos gruesos son consustanciales a la actividad política?

Manuales de buena educación política son los de Maquiavelo y los de Gracián. Ambos, trabajando para príncipes inteligentes recomendaban las formas del combate político mas suaves y corteses. No pretendían con ello restar eficacia a su actividad. Antes al contrario, enseñaban cortesía para el mejor engaño de los adversarios. “Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres”, decía el genio florentino. Gracian incluso llegó a decir aquello de que "la cortesía es la principal muestra de cultura".

Que decir de los brillantes políticos del siglo de los congresos divertidos. Llenaríamos páginas enteras sobre las distintas formas de amargar la vida al enemigo político sin faltarle al respeto, cortésmente, con un par.

Debe ser que en la actualidad la vida política está falta de guías de comportamiento y de estrategas bien dotados en el arte de la diplomacia.

Claro que viene esto a cuento de las escenas de Santiago de Chile. Solo Zapatero parece que cumple a carta cabal con el mandato de la cortesía diplomática. El rey, con su castizo y borbónico gesto, no recordó seguramente los sabios consejos de los tratadistas españoles sobre diplomacia y derecho de gentes. Y de Chavez, que vamos a decir de este caballero. Golpista en el 92 y genio de la lámpara en el 2007 y según Castro, en uno de sus mas descacharrantes e histriónicos artículos, la gran esperanza blanca de la revolución pendiente. Lo suyo es la gracia, la chulería y la facundia cuartelera. Poco se puede esperar de él en materia de cortesía y formas diplomáticas.

A falta de otras referencias, acudo a mis libros y me encuentro con una pequeña joya de 1837. “El hombre fino al gusto del día o manual completo de Urbanidad, Cortesía y Buen Tono”. Es un pequeño libro en octavo. El autor es Mariano de Rementería, el traductor mejor dicho, ya que se trata de una especie de selección de textos de distintos libros franceses. En ningún momento se nombra a los autores originales aunque se dice de uno de ellos que fue el creador del Manual del Gastrónomo y de la Guía del Casado y a otro como autor del Código de los Golosos. Existe un estupendo y divertido comentario de Russell P. Sebold sobre la influencia de este librito en Larra que recomiendo leer a mis esforzados lectores, si es que acaso han llegado hasta aquí.

Dice Rementería “no seáis jamás acres ni cáusticos; y si por desgracia habéis incurrido en ese defecto, soportad animosamente una respuesta por viva que sea. Pensad que el que os contesta ejerce un derecho cruel del que vosotros le habéis dado ejemplo”. Hablando de las personas ofensivas dice de ellos “abandonadles: pues como solo el disputar es su felicidad, ellos mismos pondrán fin a una conversación que no les ofrece permuta alguna de este gusto”.

Otras joyas de Rementería encontradas aquí y allá en el librito: “mal empleo es el de un hombre que se hace temible: se le mira al principio con desconfianza y se acaba regularmente por huir de él”. “el hombre amable…jamás se vale sino de armas legales, nuca hiere, solamente sabe rechazar los tiros que se le dirigen, teniendo la suerte de hacerlo con tanta prudencia e ingenio, que consigue que los mismos que le asaltan se avergüencen”.

Y por último, no sin amenazar con volver a traer citas de este divertido libro, cuya primera edición es del 1829, la mía es la tercera, reproduzco una cita particularmente venida a cuento “no se pretende aquí enseñar a tener talento: eso jamás se aprende: un don de naturaleza ni se compra ni se vende”. Que personaje este Rementería…

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