11 de junio de 2007

Las bodas de antes

Imagen extraida de la colección del periódico 20Minutos



Esta foto procedente del Museo Virtual de Viejas Fotos, del que ya he hablado en este blog, me permite recuperar algun recuerdo de los años sesenta. Hablando de bodas.....

Si un robot con un programa de inteligencia artificial analizase las ceremonias de boda que se celebran en estos días llegaría a la conclusión de que son todas iguales. Dejando aparte las bodas gitanas que siguen instaladas en patrones antiguos y posiblemente las bodas gays, aunque en este caso ya se ven alarmantes símbolos de conformación a la norma común, parece como si todo el mundo se casase de la misma manera. Se ven chaqués a tutiplen en las bodas de los trabajadores. Hace unos años era imposible imaginarse a un obrero de la Pegaso o al hijo de un taxista casándose vistiendo de pingüino. Ni a la hija de la portera luciendo un último modelo principesco digno del Hola. Parece como si los gustos de las clases altas permeasen hacia abajo en el ceremonial nupcial. Las creativas pamelas de las bodas de alto copete se exportan hacia todos los territorios sociales. No seré yo quien me oponga al aparente deseo de quedar bien que hoy embarga a las clases medias y trabajadoras de España. De siempre las bodas han sido un ejercicio de dispendio. Hasta en los peores tiempos del hambre se procuraba tirar la casa por la ventana.

Antiguamente, pongamos hasta los años ochenta, cada clase social adoptaba un perfil de celebración propio y particular. Las clases altas se casaban en los jerónimos y celebraban en el club de campo. Las clases medias en la concepción o en la iglesia de covadonga, pongamos que hablo de Madrid, y daban los banquetes en hoteles urbanos. Y las clases mas humildes en iglesias de barrio de pobre arquitectura e interiorismo, celebrando las “comidas” o “cenas” de boda en algún restaurante de barrio o incluso en las propias casas de la familia. La decoración floral pasaba del barroquismo servido por las mejores floristerías hasta la sencillez mas provinciana de un único ramos de novia. El “catering”, genial palabra inexistente entonces, podía variar desde el mas extraordinario y florido menú repleto de exquisiteces con nombré francés hasta los mas ordinarios entremeses de chorizo y ensaladilla rusa y el cordero asado o la ternera de reglamento. De los champán franceses mas sofisticados a la mas humilde sidra asturiana el gaitero. De los vinos de reserva, regalo del tío de la novia cosechero de la rioja, al valdepeñas de la bodega de al lado. De las copas de sobremesa de malta y coñac al tradicional solysombra.

En cuanto a los rituales podíamos asistir a bodas muy protocolizadas hasta explosiones de desorden vital. Desde el ringorrango de los discursos a la francesa, piezas muy trabajadas por familiares inclinados al ejercicio de la retórica nupcial hasta los gritos mas desaforados de vivan los novios, los padres de los novios, las familias y hasta la madre que les parió.

Musicalmente las variaciones iban desde estudiados repertorios trabajados duramente por el tío melómano de la novia y ejecutados por grupos de cámara hasta el pickup manejado por una especie de DJ de la época que solía ser amigo del novio y que tenía experiencia de organizar guateques. Desde el vals mas ceremonial al pasodoble cañí mas rumboso.

Entonces las hoy famosas fiestas de despedidas de soltero o no existían o desde luego no pasaban de ser simples invitaciones de ronda en el bar de cerca del trabajo.

Si vamos mas allá, es decir mas abajo temporalmente hablando, y recordamos bodas de los cincuenta y los cuarenta con el procedimiento de sacar fotos viejas de las cajas de cartón de casa del abuelo, veremos como era común casarse las novias de oscuro. Había que ahorrar o se acababa de morir algún pariente. En aquellos años la gente se moría con mas frecuencia. Hoy no se muere nadie.

Concluyendo. Las bodas de hoy tienden a parecerse como gotas de agua unas a otras. Se ha perdido riqueza antropológica y variedad ceremonial. Es una pena pero así son las cosas. Por mucho que la institución matrimonial se abra a nuevas figuras como las bodas entre personas del mismo sexo parece que estamos condenados a la pamela y al chaqué y que la reserva racial de la vieja boda popular a la española con cencerrada y corte de corbata está condenada a la extinción. Pues que Vivan los novios.

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