24 de junio de 2007

El fin del caso Leganés.


Con el cierre judicial del caso Leganés se da, tarde y mal, una solución al grupo de profesionales del Hospital Severo Ochoa que habían sido denigrados y maltratados en los planos personales y profesionales por el simple hecho de haber hecho un ejercicio humanista y responsable de la práctica médica en cuidados paliativos para enfermos moribundos y desahuciados.

Confundiendo interesadamente los debates sobre la eutanasia con el tratamiento final a las personas con padecimientos terminales, una coalición de abogados y vividores del cuento de la lucha contra los errores médicos unidos con las cavernas ideológicas de la ultraderecha cristiana española han conseguido inducir el miedo en los profesionales hospitalarios de Madrid y posiblemente de toda España. Hoy es muy común que a pacientes terminales se les niegue su derecho a tener una muerte digna y libre de dolores y de agitaciones agónicas. El argumento es Leganés y el peligro en el que incurren los profesionales de ser denunciados por sus mismos compañeros e incluso por las propias autoridades que les dirigen. El doctor Montes, verdadero santo laico de una práctica médica legal pero que cuesta ser reconocida como normal en España, explica muy bien en esta entrevista lo que los madrileños y los españoles en definitiva nos estamos jugando.

Pero no nos creamos que solo sean esas las razones para impedir el acceso a tratamientos paliativos a enfermos terminales. Hay una cultura de fondo bien instalada en la mente de los españoles de que morir, como parir, es algo asociado al dolor. Dolor como tributo necesario a nuestro paso por este valle de lágrimas. Nos tragamos esa ideología desde pequeñitos y al final de la vida de los nuestros y de nosotros mismos tenemos un cacao mental de cuidado. Tenemos un cierto sentido masoquista de la existencia y la crueldad forma parte de nuestros genes culturales. Pongamos que hablo de la famosa Fiesta Nacional o del maltrato generalizado a los animales para entender que el dolor, sobre todo si es ajeno, es asumido como factor de vida.

Es solo cuando nos encontramos ante la realidad de un ser cercano padeciendo estos inconvenientes cuando realmente percibimos la profundidad de la ideología del dolor y como nos afecta en lo personal. Desde médicos que utilizan argumentos que terminan por culpabilizarte por pedir para tus mayores un trato paliativo hasta enfermeros y personal no sanitario que son capaces de contarte todo tipo de leyendas urbanas en contra de la sedación. Y caravanas de santurronas y congregantes que se pasean por las habitaciones de los hospitales públicos con sus mensajes de ultraderecha. Hasta capellanes, pagados por el propio sistema público que se erigen en controladores de los profesionales. Y administraciones que imponen sobre los fármacos controles que implican para los médicos y la enfermería extraordinarios trabajos administrativos.

Me alegro mucho por el doctor Montes y sus compañeros de Leganés y me sumo a todos aquellos que exigen su rehabilitación en todos los planos en los que se han visto afectados pero tengo la sensación de que las cosas no están ni estarán medianamente bien durante algunos años. Se necesita un cambio cultural que arranque el problema de los cuidados paliativos de las manos de moralistas de tres al cuarto. Y yo no veo a esta sociedad realmente sensibilizada con el problema.

POSDATA

Unas horas después de escribir este post muere mi padre debidamente atendido por profesionales del Hospital de la Princesa de Madrid. En todo momento los médicos y las enfermeras le han aplicado los cuidados precisos y en sus precarios y duros últimos dias no han dudado en proporcionarle los mejores alivios que le evitasen sufrimientos innecesarios. Tenía 98 años.


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