17 de marzo de 2007

ANOCHE TUVE UN SUEÑO




Soñaba con una ciudad repleta de gentes de todas las edades circulando con sus bicicletas. Bicicletas de todos los tamaños y colores, viejas y fuertes, con carritos y cubiertas de todas las formas. Tenían reservados carriles por todos los barrios de la ciudad. Carriles respetados por los coches.

Soñaba con una ciudad de tráfico de coches sin estridencias. Donde solo tocaban las bocinas acompasadamente las caravanas de bodas. Donde las personas compraban coches sencillos, baratos. En las que se consideran de mal gusto los coches prepotentes, las grandes berlinas y los 4x4.

Soñaba con un país capaz de hacer una reforma administrativa para reducir a una tercera parte el número de concejales y de alcaldes y disponer de unas estructuras de servicios dimensionadas debidamente. Soñaba con unos ayuntamientos que ofrecen a sus vecinos residencias asistidas para la tercera edad sin listas de espera. Con servicios públicos capaces de mantener guarderías para todos los niños y niñas de la localidad.

Soñaba con un país que a pesar de disponer de recursos suficientes en hidrocarburos invierte en energías alternativas para luchar contra el cambio climático.

Soñaba con un país de costas sin edificios a la vista, sin cemento sobre la arena de las playas.

Soñaba con un país donde la palabra democracia tiene un sentido profundo basado en el respeto al conciudadano y en la discusión abierta sin tabúes.

Soñaba con un país en el que la gente paga el 50% de impuestos y no existe el fraude fiscal y solo hacen chistes sobre la Hacienda Pública. Donde esas personas se muestran orgullosas del Estado del Bienestar del que disfrutan.

Me desperté en Dinamarca y lloré un rato por el futuro de España.

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