22 de octubre de 2006

Paseo por Madrid. El Oeste. Capitulo II



Palacio Real, originally uploaded by Sanadan.
Seguimos de paseo por Madrid. Hoy vamos a recorrer parte de la fachada oeste de la ciudad y algunos de sus barrios. A lo largo del recorrido conoceremos barrios burgueses como Argüelles, populares como los de la Paloma y hasta regios como los de la Plaza de Oriente.

El recorrido empieza en la glorieta de Quevedo. La estatua de tan insigne escritor “imperturbable y quieto”, según Valente, señala con el dedo hacia el sur, hacia las puertas del viejo Madrid. No es por el sur por donde encaminaremos nuestros pasos, aunque el destino final sea el mismo. Nuestro rumbo nos conduce por las calles de Argüelles hacia Moncloa. Podemos elegir Donoso Cortés, Fernando el Católico, Fernández de los Ríos o Rodríguez San Pedro. Mi recomendación es ir zigzagueando a través de sus perpendiculares como Vallehermoso, Galileo, Blasco de Garay o Gaztambide. Recorrer el barrio de Argüelles de Este a Oeste es hacerlo por una geografía urbana pensada por urbanistas y arquitectos bajo criterios de calidad ambiental que diríamos ahora; casas que ofrecen siempre una cara a la luz y al sol en cualquier estación del año; alineaciones y tramas pensadas para aprovechar al máxima la entrada de aire sano procedente de las sierras del norte y de la Casa de Campo, pulmón de la gran ciudad. Una casa característica de este rico periodo urbano de Madrid, primer tercio del siglo XX, es la famosa Casa de las Flores en la que vivió Pablo Neruda y que con estos versos rememoraba
Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas
con relojes, con árboles.
Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
En esta casa, de Secundino Zuazo se expresa lo mejor de la arquitectura civil del periodo. Argüelles es un barrio de pequeños comercios, de tiendas de toda la vida, de bares y tabernas. Es un barrio en el que se hace cómoda la vida diaria, en el que la palabra vecino todavía tiene sentido. Pensiones de clases medias, pisos compartidos por estudiantes de la cercana Ciudad Universitaria, colegios mayores y residencias de todo tipo crean la sensación de barrio abierto, cosmopolita y amable. Al final del recorrido por Argüelles nos encontraremos con la calle de la Princesa y en su rincón norte toparemos con la mole escurialense del Ministerio del Aire, ahora llamado Cuartel General del Ejercito del Aire. Estamos en Moncloa, cerca del palacio del mismo nombre residencia de los presidentes de gobierno de España. Palacio incomodo para vivir según Ana Botella, esposa de José María Aznar y actual concejala del ayuntamiento de esta capital.

Aquí iniciamos una nueva fase del recorrido. Entraremos en el Parque del Oeste. Aprovecho para decir lo que siempre digo y me dicen: el Parque del Oeste es uno de los pocos jardines a la inglesa de los que podemos disfrutar en Madrid diseñado por un ingeniero agrónomo- cosa que no he podido constatar en ningún sitio, debe ser una leyenda urbana lanzada por algún otro ingeniero agrónomo algo corporativo. Algunos le llaman el Central Park de la ciudad. Desde las alturas de Moncloa y hasta prácticamente el cauce del río Manzanares se desliza una importante masa forestal llena de atractivos para el visitante. Desde monumentos como los dedicados al héroe uruguayo Artigas o al Maestro hasta cementerios históricos como el de la Florida. Espacios de terrazas urbanas como las de Rosales y escuelas de cerámica tradicional. Rosaledas y antiguos campos de batalla como los del cuartel de la Montaña. Menos conocido que el famoso Retiro es sin embargo un lugar de visita muy bello con la ventaja que a su través conocemos el límite de la ciudad, observamos la Casa de Campo y logramos pasear por una pequeña reserva de la biosfera local madrileña, con sus observatorios de aves y estanques incluidos. Uno de los atractivos del parque del Oeste es el Templo de Debod, importante resto arqueológico del antiguo Egipto regalado por el gobierno de dicho país al pueblo madrileño para evitar su desaparición por la construcción de la presa de Asuan. Es un hallazgo curioso encontrarse con esta joya del siglo II antes de Cristo en este altozano de Madrid, tan cercano a la céntrica Plaza de España. Desde este mismo lugar se divisa una de las más espectaculares vistas del Madrid. A la izquierda, hacia el sur las fachadas del Palacio Real, hacia el Oeste los barrios populares del otro lado del río y los bosques de la Casa de Campo, hacia el Norte el macizo de la sierra de Guadarrama y hacia el este el caserío del viejo Madrid con sus tejados y sus torres.

Con un poco mas de esfuerzo bordeamos la Plaza de España, vemos a derecha una bonita iglesia franciscana y en el camino una estatua pequeñita, como de juguete, de la poetisa mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, sentada majestuosamente en un sillón frailuno y algo escondida del tráfico de la calle Bailén. En esa calle entramos por arriba, por la zona peatonal y enseguida vemos a la izquierda un edificio característico: la Real Compañía Asturiana de Minas mezcla de modernismo y neomudéjar y un poquito mas adelante la ampliación del edificio del Senado, con forma de abanico. No hemos entrado en la Plaza de España, verdadera puerta moderna de Madrid y hemos dejado de saludar a don Quijote y a Sancho, lo haremos otro día. A la derecha enseguida nos encontramos con los jardines de Sabatini, romántico rincón neoclásico perteneciente al conjunto palaciego. Merece la pena entrar y pasear bajo los gigantescos magnolios, florecientes y perfumados desde la primavera. Y ya entramos justo en la zona del Palacio Real y la Plaza de Oriente. Estamos pisando el origen de la ciudad, aquí fue construida la primera fortaleza o alcázar musulmán a finales del siglo IX. En torno al alcázar se fue erigiendo la medina de Madrid. La historia sigue. Puedes ilustrarte en muchos sitios sobre la historia de la ciudad. Desde el punto de vista urbanístico recomiendo la visita al museo municipal de Madrid, especialmente para conocer la maqueta que el brigadier liberal León Gil de Palacio, por cierto que natural de Barcelona, construyó de la ciudad de Madrid en el año 1830. La maqueta es, aparte de una joya artesanal de primer orden, un notable documento sobre el paisaje y el urbanismo del Madrid de aquellos tiempos.

Todo el entorno del Palacio Real, especialmente el Teatro de la Ópera y la misma plaza de Oriente es un buen lugar para perderse. Yo recomiendo seguir, siempre hacia el Sur, hacia las Vistillas, ignorando la catedral de la Almudena por fea e innecesaria, cruzando el viaducto de la calle de Segovia, lugar mítico si los hay en Madrid y entrar después de divisar la cúpula de la basílica de San Francisco el Grande, en el viejo Madrid de los barrios populares de la Paloma, Cabestreros y el Rastro. Pero eso ya es otra visita.
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