9 de junio de 2006

Una sociología cutre hospitalaria o bolsas para los drenajes

Pasar horas y horas en las plantas de hospitalización y los pasillos de muchos hospitales españoles agudiza tu sentido de la interpretación sociológica. Las diferencias de clase de los enfermos no se pueden expresar fácilmente por la apariencia exterior. La mayoría de los pacientes portan las horribles vestimentas hospitalarias: desde los famosos camisones unisex con apertura trasera hasta los mas formales pijamas azules con ribetes mas oscuros. En esas trazas calcular el origen social de los internos resulta algo difícil. Tienes que recurrir necesariamente a la fisiognomía, arte algo esquinada y de poca base científica- ya se ocupó el eximio antropólogo Caro Baroja de interrogarse sobre ella. Pero con tan precaria técnica a veces confundes las sombrías y tristes caras de la mayoría de las personas y les adjudicas oficios o procedencias con un altísimo porcentaje de error.

Soliviantado por esa dificultad llevo años intentando crear nuevas líneas interpretativas y hoy puedo avanzar que he desarrollado una nueva técnica de identificación visual que espero ayude a todos los sociólogos hospitalarios y a los atentos observadores de la realidad sanitaria del país. No descarto que existan líneas de investigación basadas en la observación directa de la vida de los pacientes en sus habitaciones: sus periódicos, sus libros, sus instrumentos musicales pero estos espacios están reservados por su privacidad. El experimento debe poder ser validado por cualquier observador sin obstáculo alguno, desde las salas de estar o visita o en los mismos pasillos del hospital.

Debo decir que solo es aplicable de momento a los pacientes de las zonas quirúrgicas pero espero que en un futuro próximo desarrolle nuevas metodologías para otras estancias hospitalarias. No creo que sea conveniente esperar al desarrollo de todo el discurso holistico para proceder a anticipar la técnica.

POR SUS BOLSAS PORTA DRENAJES LES CONOCERÉIS.

Por los pasillos pasean, la mayoría de las veces acompañados de sus parientes o cuidadores, los internos portando con mayor o menor gallardía o estilo bolsas comerciales que contienen los tubos y redones de drenaje. Algunos pacientes expertos los cuelgan elegantemente de los cordones y cinturillas de sus camisones o pijamas pero los mas consideran mas oportuno proteger sus preciados líquidos de la vista ajena por el susodicho procedimiento de meterlos en bolsas de plástico o cartoncillo.

Los abuelos y abuelas de clases humildes suelen llevarlos en bolsas anónimas procedentes de los establecimientos regentados por ciudadanos chinos y vulgarmente conocidos, los establecimientos no los chinos, por tiendas de “todo a cien”. Suele ser también frecuente en este colectivo el empleo de bolsas de tiendas tipo DIA- Díaz como dicen algunas abuelas algo dixlésicas. Las bolsas con el uso y el arrastre llegan a alcanzar un cierto toque grisáceo que conmueve el ánimo de los parientes que se sienten obligados a cederles bolsas nuevas normalmente expresivas de un cierto nivel de consumo superior como las de Mercadona o Carrefour pongamos por ejemplo. He observado que en el hospital de Móstoles abundan las bolsas de Mercadona debido a la existencia de un centro comercial de dicha enseña justo enfrente de la entrada. También son frecuentes las bolsas de Rodilla, tradicional tienda de bocadillos y llama mucho la atención las de de la multinacional MacDonalds en La Paz.

Pasando a las clases medias no cabe duda que la palma se la llevan las bolsas del Corte Inglés. En dos versiones, las de los supermercados de inferior calidad y las de tienda con una textura y resistencia adecuadas para estos honestos fines. No existe en España una acuerdo general mas amplio como el de identificar al Corte Inglés con lo mejor del país. Si la gente pudiese votaría por el Partido del Corte Inglés. Ingresaría su sueldo y sus caudales en el Banco del Corte Inglés. Y al final de su vida utilizaría los servicios funerarios del Corte Ingles. Los valores del Corte Inglés son por definición los valores de la honesta clase media española. Que lo haya conseguido con el patronímico de una de las tierras hijas de la Gran Bretaña demuestra hasta que punto la clase media española ha dejado de tener complejos. Hasta los hospitales llega el eco de esa gran victoria de una marca y de un marketing. Después del Corte Ingles y a gran distancia se ven bolsas de establecimientos como Media Mark, Zara, Massimo Duti y algunos mas representativos de los dominios comerciales de las clases medias españolas.

Y en la punta de la pirámide social bolsas que expresan la elegancia o el significado de las clases altas. Se ven bolsas de cartoncillo elegantes de Gucci; las muy elegantes de color rosita de Loewe. Y pocas mas expresivas de los ámbitos de consumo de los ilustrados de España: las de la Fnac por ejemplo.

Esta variedad y riqueza cromática es expresiva de los pasillos de los grandes hospitales públicos españoles. Las habitaciones de dos, tres y mas pacientes obligan a las familias a practicar la bienaventuranza de visitar a los enfermos en cierta promiscuidad de ambientes. La mezcla social, racial y cultural de los visitantes es un hallazgo feliz que se traslada procesionalmente a los pasillos y las estancias comunes hospitalarias. Al lado de tanta riqueza y variación los pasillos de los pequeños hospitales privados brillan por su pobreza plástica y su aburrimiento. Allí los pacientes cultivan su soledad en el interior de sus habitaciones y apenas practican el intercambio ritual con sus vecinos de las habitaciones cercanas.

He pedido a mis corresponsales en América y Europa que me informen sobre la posibilidad de extender la metodología a diferentes países. Mantendremos actualizada la información.

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