15 de junio de 2006

Pueblos abandonados en España



Sacando los colores a las piedras, originally uploaded by angel14.


Viajando por muchas zonas de España- especialmente en provincias como Soria, Guadalajara y otras muchas - tenemos a veces la sensación de ser los únicos seres sobre el planeta. Enormes extensiones de campos, bosques, montes se ofrecen a nuestro paso invitándonos a la contemplación de la naturaleza casi en su estado primigenio. El vuelo circular de las aves cazadoras y carroñeras, la aparición fugaz de un conejo por delante de nosotros, del paso procesional de las codornices y sus crías y el silencio solo turbado por el ronroneo de avispas y abejas nos llevan a pensar en siglos en los que estas regiones solo eran lugar de frontera deshabitadas. El proceso de colonización iniciado por las órdenes militares, los nuevos señores y los obispados permitieron que durante unos siglos estas tierras tuviesen cierto atractivo para familias, sobre todo del Norte, que vinieron a instalarse y a poblar los campos. Crearon pueblos, dieron vida a las viejas ciudades medievales, completaron la economía de los señores de la Mesta. Desarrollaron pequeñas industrias y artesanías y dieron vida a los páramos de Castilla, las alcarrias de Guadalajara y los pequeños y fértiles valles de las montañas asturianas y cántabras.

En los últimos 40 años asistimos al revés del proceso: las gentes abandonan los pueblos camino de las ciudades grandes. Las razones del éxodo están plenamente documentadas: el bajo rendimiento de las explotaciones agrarias, la pobreza asociada a la falta de trabajo industrial, la escasez de dotaciones públicas y sobre todo el atractivo laboral de ciudades como Madrid, Zaragoza, Valencia o Barcelona cuando no de ciudades francesas, alemanas, belgas o suizas.

Quedaban los abuelos, algunos pocos labradores con capacidad para modernizar sus instrumentos de trabajo y beneficiados por las políticas de reparcelación y escasos funcionarios como maestros y médicos obligados a permanecer por el servicio público que todavía debía ser prestado. Incluso muchos de estos funcionarios fueron desapareciendo con la caída de la natalidad y el cierre de las escuelas de pueblo.

En esas circunstancias los pueblos se iban deshabitando. Los edificios públicos abandonados a su suerte. El patrimonio artístico: iglesias, capillas, ermitas, casas de calidad deteriorándose de año en año. Y el caserío perdiendo tejas y entrando en ruina. Casi tres mil pueblos están inscritos en el nomenclátor del INE como deshabitados. Y algunos miles más apenas habitados por pocas personas.

Gracias al afán de muchos antiguos habitantes de los pueblos que restauraban sus casas para pasar las vacaciones hemos empezado a asitir a un cierto renacimiento de las esperanzas en la repoblación de estos espacios. También ciertos proyectos de desarrollo rural iniciados por las comunidades autónomas, sobre todo en las áreas relacionadas con el turismo rural empiezan a dar sus frutos. También iniciativas de las autoridades locales de atraer a nuevos pobladores con ayudas financieras están produciendo un pequeño y cierto renacimiento. Pero no llegan a alterar las condiciones previas. Levantar y reacondicionar casas abandonas por muchos años exigen la presencia de contingentes de trabajadores y técnicos que hoy están muy solicitados en las ciudades y en las zonas costeras. Prácticamente la artesanía local: los carpinteros, albañiles, etc. ha dejado de existir y a los trabajadores extranjeros es difícil atraerlos por lo menos en esta fase actual. Ni siquiera existe en el corto plazo el incentivo de la creación de plusvalías inmobiliarias y por otra parte ese incentivo puede resultar contraproducente.

Sin embargo si que es cierto que asistimos a un cierto revival de lo que yo llamaría un nuevo hipismo civil en ciertos sectores de nuestra juventud. Estos jóvenes se interesan por los pueblos abandonados. Los visitan, lanzan proyectos ilusionantes, se preocupan de conocer el entramado institucional de los préstamos para iniciativas de turismo rural. Deberíamos de poder encontrar la forma de aprovechar esta ola, bien que pequeña pero significativa, para relanzar los programas y proyectos de repoblación de los pueblos abandonados o medio abandonados de nuestro país.

Desde aquí lanzo algunas ideas y pido a mis amigos que las completen mediante los comentarios:

-desarrollo del movimiento cooperativo y de pequeñas empresas del sector constructor
-instalación de unidades administrativas, tipo ventanilla única, capaces de integrar todos los recursos financieros y subvencionables a favor del desarrollo de iniciativas
-planes de sostenibilidad y de recursos: hidráulicos, energías renovables, saneamiento, etc.
-desarrollo de las capacidades de los municipios y las entidades locales, especialmente de las mancomunidades de servicios
-portales e iniciativas web, incluyendo el desarrollo de una blogoesfera rural, para la comunicación entre los distintos agentes del cambio y los públicos interesados

Y sobre todo: consultar a las gentes de cada comarca, escuchar la voz de aquellos que se han mantenido a viento y marea en sus pueblos. Sobre todo a la gente mayor.


ACTUALIZACIÓN 15 FEBRERO 2009

Con fecha de hoy mismo publica el diario español "El País" un reportaje sobre el fenómeno de las ecoaldeas. Por su interés lo recomiendo. Lo puedes leer aquí.

ACTUALIZACIÓN MARZO 2012

Pasan los años y veo que las cosas siguen estando mas o menos igual, posiblemente peor por la crisis. Hoy veo un artículo bien documentado en 20 Minutos cuya lectura recomiendo:

Volver al pueblo para huir de la crisis: un recurso que aumenta pero no termina de cuajar - 20minutos.es
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